En múltiples ocasiones de nuestra vida es necesario saber “qué se quiere conseguir” o, al menos, tener una idea sobre ello.

Pongamos que alguien va a una tienda a comprar unas cortinas. Antes de ir, tiene una idea más o menos clara sobre “qué es lo que quiere” (medidas, colores, presupuesto...). Luego, ya en la tienda, se la expone al dependiente, el cual le orienta para que lo que finalmente obtenga sea lo más parecido a lo que desea el cliente. Éste se deja ayudar, aconsejar y orientar, pero no pone en manos del dependiente la decisión sobre qué es lo que quiere, ni deja que éste sea quien lo elija.


Salvando las distancias que suponen las dificultades en el contexto que ahora paso a describir, pongamos que una persona tiene problemas de salud mental y acude a la consulta del médico de familia, psiquiatra o psicólogo. Resultará quizás, más común, que el paciente se plantee que al profesional le basta con tener una idea más o menos clara sobre “qué es lo que le pasa” para que sepa ayudarle para que se le pase lo que tiene. Y, por lo tanto, llevará a la consulta bien preparada la información sobre su queja en lugar de la información sobre “qué es lo que quiere conseguir” para ese malestar que le ocurre.

La Psicoterapia Familiar Breve entiende que el paciente es experto en su vida y, por lo tanto,  siempre sabe qué es lo que quiere conseguir. Otra cosa es que se le ocurra cómo plasmarlo en palabras y contárselo al profesional sanitario que le atiende.

Si usted tiene problemas de salud mental o problemas en las relaciones con otras personas importantes para usted, le será de utilidad buscar antes de la consulta la respuesta a las siguientes preguntas:

- ¿Qué quiero conseguir?
- Suponga que su problema ya se ha resuelto. Ya sé que a usted ahora no se le ocurre cómo esto puede ser. No es necesario que se le ocurra ahora. Simplemente delo por hecho, incluso aunque tuviera que ocurrir un milagro. Una vez solucionado...

    ¿qué cosas usted podrá volver a hacer?
    ¿qué cosas usted hará de forma diferente?
    ¿en qué notarán los demás que el problema se ha resuelto? ¿Qué le verán hacer? ¿Quién será el primero que se dé cuenta de que usted está mejor?

Si ha conseguido respuestas claras, que se refieran a acciones que usted puede y está dispuesto a hacer, usted ya tiene una buena parte del camino recorrido.

En cualquier caso, le sugiero que revise sus respuestas atendiendo a lo siguiente, para que usted pueda concretar más:

1.- Quizá su respuesta pueda ser más clara: ello será así si lo que ha obtenido son respuestas del tipo “querernos más”, “llevarnos mejor”, “me sentiré bien”, “tener más autoestima”... O si lo que ha logrado son contestaciones del tipo “que NO me pase esto”, como “no tener tristeza”, “no tener ansiedad”, “dejar de sentirme mal”...

En este caso, le recomiendo que vuelva a hacerse las preguntas que le planteé más arriba, pero cambiando el encabezado. Por ejemplo: “como voy a estar bien... ¿qué cosas voy a poder hacer de nuevo? ¿qué cosas distintas a las que hago a ahora voy a poder hacer? ¿qué me verán los demás que vuelvo a poder hacer?”. O, por ejemplo, “como nos vamos a llevar mejor... ¿qué cosas vamos a poder volver a hacer juntos? ¿cuáles serán diferentes?”. O, por ejemplo, “como no voy a sentirme mal, en su lugar, y como voy a tener más tiempo para gastarlo en lo que yo quiera... ¿qué cosas voy a poder hacer?”. Etcétera.

2.- Quizá la respuesta que ha dado no dependa completamente de usted, sino de otro: ello será así si lo que ha obtenido son respuestas del tipo “quiero que mi hijo estudie”, “quiero que mi marido haga cosas en casa”, “quiero que mi mujer se dé cuenta de que...”

En este caso, le recomiendo que se haga la siguiente pregunta: ¿qué estoy dispuesto yo a hacer para que... mi hijo estudie, mi marido haga cosas en casa, mi mujer se dé cuenta de que...? Si su respuesta es que sí que está dispuesto a hacer algo, usted ya tiene un objetivo más claro y, por tanto, más parte del camino recorrido. Su objetivo se podría formular como: “lo que quiero es saber qué hacer yo para que... mi hijo estudie, mi marido haga cosas en casa, mi mujer se dé cuenta de que...” Si su respuesta es que no está dispuesto a hacer algo, plantéese si no está ante un objetivo imposible, como sería (y perdóneme el ejemplo): “quiero que me toque la lotería, pero para ello no estoy dispuesto a comprar un décimo”.

3.- Quizá su respuesta pueda ser contraria a la salud: tal es así cuando, por ejemplo, una persona con bajo peso en relación a su estatura quiere continuar bajando de peso.

En este caso, también le recomiendo que vuelva a hacerse las preguntas que le planteé más arriba. Obtendrá respuestas a qué cosas va a poder volver a hacer y a qué cosas hará de forma diferente. Ahora a usted atribuye que sólo lo podrá lograr pasando por una situación que es contraria a la salud. El profesional sanitario que le atienda le ayudará a conseguir hacer esas cosas que quiere por caminos alternativos más sanos.

4.- Por último, quizá la respuesta que ha dado sea imposible de conseguir: ello será así si lo que ha obtenido son respuestas del tipo “quiero que no me afecte en absoluto esta situación tan dolorosa por la que paso”.

Lo imposible está cerca de lo menos imposible, que sí se puede conseguir. No deje de volver a hacerse las preguntas que le planteé más arriba bajo este nuevo prisma. Obtendrá enunciados del tipo: “como conseguiré que me afecte lo menos posible, podré volver a hacer...”

Recuerde: piense con detalle en qué es lo que quiere. Le resultará muy útil. Desde luego, más que sólo pensar en lo que le pasa.