Dentro del denominado Trastorno General del Desarrollo, las distintas formas de autismo son los cuadros que predominan.

Las características de este síndrome, son de distinto grado y pueden ser:

Dificultades de atención
Hiperactividad
Problemas de aprendizaje
Atraso en la adquisición del lenguaje
Conductas repetitivas
Dificultad para expresar la afectividad
Mirada perdida

Según la descripción que hizo Leo Kanner en 1943, el autismo infantil inicial es un proceso instalado desde los primeros meses de vida.


El autismo regresivo es otra forma que se presenta en niños de más de un año a ocho meses que evolucionan normalmente hasta esa edad pero que comienzan a involucionar perdiendo la mirada y el lenguaje que habían aprendido.


Las características sobresalientes del autismo, de acuerdo al Manual de Psiquiatría americano son:
1) lenguaje primitivo o ausente
2) limitación en la comunicación que se evidencia con la mirada perdida
3) poca expresión afectiva
4) conductas repetitivas

Esta es una alteración del desarrollo que uno de cada cincuenta a cien chicos padece actualmente en el mundo.

Curiosamente la OMS (Organización Mundial de la Salud) no ha prestado la suficiente atención a este problema, porque se sospecha que puede ser ocasionado por medicamentos que se les administran a los niños, principalmente las vacunas.

Sin duda, las vacunas han hecho posible la desaparición de enfermedades que asolaron a la humanidad como la viruela y la poliomielitis. Sin embargo, los efectos adversos que podrían provocar parecen ser aún más letales.

También hay que reconocer que el autismo tiene un origen psicológico relacionado con un conflicto temprano en la relación madre-hijo.

Pero no se puede negar la relación cronológica entre la aplicación de las vacunas (principalmente la triple viral y la de la tos convulsa) y la aparición del TGD.

El aumento de la cantidad de vacunas que actualmente se le administran a los niños se relaciona estrictamente con el aumento de problemas de aprendizaje, dificultades de atención, asma, diabetes infanto- juvenil y con más de 600% de incremento de casos de autismo.

Además de contener mercurio, las vacunas tienen otros elementos tóxicos como el hidróxido de aluminio y otros factores biológicos que producen reacciones inmunológicas e inflamatorias, principalmente en el sistema nervioso central y en el intestino.

En comunidades donde no se administran vacunas a los niños, por cuestiones religiosas, casi ningún niño padece autismo.

Dentro de los factores causales existe una mayor incidencia de esta enfermedad en varones y hermanos por lo que podría existir también un condicionamiento genético.

Otro factor causal es la intoxicación por metales pesados u otros, por insecticidas, herbicidas, fertilizantes, etc.[/i]

Además, otras causas pueden ser el denominado intestino poroso, que permite el pasaje de tóxicos y proteínas de acción sobre el sistema nervioso central; por déficit de metalotioneína, que es lo que favorece la desintoxicación, y el desarrollo neurológico; por la autoinmunidad, o sea anticuerpos contra el sistema nervioso central.

El tratamiento del autismo es multidisciplinario y requiere:
1) Desintoxicación
2) Atención psicológica, mediante técnicas cognitivas, psicoanalíticas y otras
3) Homeopatía
4) Evitar el consumo de gluten y caseína
5) Aporte de vitaminas del grupo B y C y minerales como zinc y magnesio.
6) Reducir el exceso de estímulos como televisión, computadora, juguetes etc.; y la ingesta de alimentos industrializados.

Concluyendo, el TGD es un trastorno que puede producirse como resultado de una predisposición genética, factores ambientales y médicos, considerándose que las vacunas son el factor etiológico principal para desencadenar esta enfermedad.