Las ventajas de vivir en un mundo moderno rodeado de tecnología, nos obliga a ser cada día más responsables de nuestra conducta con respecto a los demás y al medio ambiente.

El desarrollo sustentable es el esfuerzo que hacen las empresas para que la fabricación de sus productos no afecte el medio ambiente; y el consumo sustentable es la oportunidad que tienen los consumidores para sumarse a este objetivo.


De cada uno de nosotros depende que aumente o disminuya la polución y la contaminación, porque es el ser humano individual el que tiene en sus manos el poder de compra y es su decisión si restringe el consumo y elige lo menos contaminante.

Esa actitud atenta y consciente será la que definitivamente desalentará la producción y la importación de productos descartables no bio degradables y no reciclables.

Para los gobiernos es difícil implementar medidas políticas que eviten la producción de productos basura, porque atentan contra las fuentes de trabajo y puede haber grandes sectores que se perjudiquen; y aunque tienen el poder de controlar y de mejorar las cosas que se fabrican, la responsabilidad última recae en el consumidor que es en definitiva el que puede discriminar qué es lo que produce basura difícil de degradar y qué es lo que no afecta el ambiente.

Si el consumidor no compra habrá cada vez más empresas preocupadas por el medio ambiente.

Todos sabemos que el plástico es un material que necesita mucho tiempo para degradarse, por lo tanto, evitemos comprar objetos de plástico que no sean sustentables o mercadería que tenga varios envoltorios de este material; y elijamos los que hagan menos basura no degradable.

Cada conducta individual relacionada con el consumo puede retardar o acelerar el deterioro del planeta hasta tanto exista la tecnología adecuada para deshacerse de los residuos no reciclables sin dejar restos que contaminen.

Los sistemas constructivos actuales están utilizando material reciclado en varios rubros con óptimos resultados.

La basura orgánica de origen vegetal se puede eliminar del circuito de la recolección domiciliaria si uno vive en una casa y lo utiliza para fabricar en su propio jardín, abono para fertilizar sus plantas.

Los bolígrafos descartables necesitan siglos para degradarse, por eso, lo mejor es utilizar aquellos que admiten un repuesto, elemento que resulta mucho menos contaminante.

Aunque quizás mejor que eso todavía puede ser acostumbrarse a utilizar un lápiz para escribir, ya que es fácil de borrar y está fabricado de madera y grafito, ambos materiales naturales.

Los insecticidas para las cucarachas se pueden reemplazar por hojas de laurel y el cloro para las piletas de natación por sal gruesa.

Es útil premiar a las industrias que se esfuerzan en cambiar el material de sus envoltorios por otros reciclables comprando sus productos, porque es otra manera de alentar a quienes se preocupan por el medio ambiente.

Viajar en transporte público, andar en bicicleta o caminar en lugar de sacar el auto todos los días engrosando la fila de vehículos que se dirigen a los lugares de trabajo, incrementando el tráfico y generando contaminación ambiental con la combustión, es colaborar para mejorar el aire que respiramos y para ahorrar energía.

Tomar una ducha breve para evitar el derroche de agua potable, es ser consciente de que el agua es un recurso no renovable.


Hacer reparar los artefactos eléctricos antes de comprar nuevos y no dejarse tentar con las ofertas para renovarlos, por lo menos hasta haber agotado racionalmente su vida útil, es desalentar la proliferación de máquinas prescindibles.

Es necesario tomar conciencia de que somos responsables de cada residuo no reciclable que arrojamos a la basura, ya que muchas veces es algo que se puede evitar utilizándolos para otros fines o dejando que otros que los necesiten los utilicen.

Evitar el consumo de bebidas que se expenden en envases descartables de plástico que no se destina al reciclado y preferir los que vienen en envases de vidrio, lata o cartón, que es más probable que se reciclen.

La conducta responsable es la no automática y plenamente consciente; o sea cuando la persona tiene conciencia de las consecuencias de sus actos.

Tener en cuenta que cada acto individual irresponsable repercute en la totalidad y termina siendo perjudicial también para cada individuo.