La posibilidad de un embarazo puede ser aceptada o rechazada; pero lo ideal es que un niño sea concebido con amor y que sus padres lo esperen con alegría.

La mujer se realiza con su embarazo, su cuerpo se transforma y se desarrolla plenamente con la oportunidad de dar a luz.

Las motivaciones para decidirse a afrontar la responsabilidad de tener un hijo pueden ser diferentes y casi siempre las más interesadas son las mujeres, aunque para ellas signifique un mayor compromiso.

Decidirse es difícil en un momento de la evolución en que las mujeres desarrollan sus carreras laborales, ocupan puestos jerárquicos, emprenden sus propios negocios o se involucran en distintos proyectos.


Lo cierto es que la idea de tener un hijo atrae a la gran mayoría de las mujeres pero también le infunde el secreto temor de perder su independencia.[/i]

¿Quiero o no quiero tener un hijo, ser madre y estar dispuesta a hacerlo feliz?

La presión externa es mucha, sus amigas ya tienen hijos o están embarazadas, pero también internamente existe una especie de mandato adquirido o heredado que es difícil de desoír y que se actualiza a medida que el reloj biológico comienza a señalar que el tiempo de concebir un hijo se está agotando.

Mi experiencia como mujer y como psicóloga me ha enseñado que los hijos tienen que tener padres jóvenes y la posibilidad de conocer a sus abuelos cuando todavía no han llegado a ser muy mayores.


Los jóvenes tienen una mayor capacidad para ponerse a la altura de los niños, comprenderlos mejor y hasta les resulta más fácil jugar con ellos, además de contar con la energía óptima para llevar a cabo con éxito su crianza.

La juventud facilita los embarazos, los órganos reproductores están en su mejor momento y la calidad de óvulos y espermatozoides es normal.

También se puede concebir un hijo siendo mayor, aún después de haberse agotado el ciclo reproductivo, pero esa eventual posibilidad requiere el desarrollo de un embrión in vitro, un tratamiento hormonal adecuado y contar con los suficientes medios económicos; o alquilar un vientre con el riesgo de tener que enfrentar posteriormente problemas legales.


Una madre de más de 36 años es considerada desde el punto de vista médico, añosa, requiriendo cuidados y estudios especiales cuando está embarazada, para evitar riesgos de abortos espontáneos o irregularidades.

Sin embargo, en la actualidad es común que las mujeres conciban hijos cuando ya cumplieron los cuarenta años, motivadas a veces por el deseo de mantenerse jóvenes y rejuvenecer.

Algunos pueden creer que tener un hijo puede llegar a salvar a una pareja en crisis y usan al niño para resolver sus problemas.


Tener un hijo es la oportunidad de fundar una familia y comenzar una historia, porque las relaciones que no tienen historia no duran por falta de fundamente, de bases firmes que es donde se arraigan los sentimientos verdaderos.

Cuando los hijos son deseados y aceptados, su crianza se facilita, porque lo más importante para ellos es sentirse amados y valorados.

Es importante que un bebé se incorpore a un ambiente donde en general reine la calma, donde no haya gritos ni agresiones, porque es como una esponja que absorbe la violencia que luego le produce un consecuente desequilibrio.

Si la madre es tranquila tendrá hijos tranquilos, porque los vicios y berrinches de un bebé son la burda imitación de lo que hacen los mayores. Por eso, hay que estar preparado para dar el ejemplo, ya que los niños tienen un alto sentido de justicia aún siendo muy pequeños.


Los padres tienen que respetar a sus hijos para poder exigir que los respeten a ellos y la calma y la firmeza en su crianza son las palabras claves que harán de un niño un adulto sano y responsable. Bien poco, considerando que ambas conductas son gratis.

Dar a luz no es doloroso, al contrario, se siente un gran alivio al expulsar por fin al niño; porque el dolor que se siente es debido a las contracciones del útero.


Salvo que sufra una violación, la mujer es la que tiene la capacidad para elegir traer un hijo al mundo o evitarlo, mediante el uso consciente de protección cuando decide tener una relación sexual.