La tecnología, mediante la sistematización de tareas, ha modificado la dinámica laboral en las empresas. La rutina, que ahora realizan las máquinas, ha dejado espacio para una mayor libertad de acción y permite tener tiempo para hacer mayor cantidad de negocios, conseguir más clientes, proyectarse y expandirse, innovar, emprender nuevos desafíos e intercambiar conocimientos.

El futuro escapará de la rutina y todo será más ágil, veloz y espontáneo; el trabajo en grupos homogéneos reemplazará la tarea individual y la estabilidad laboral será cosa del pasado.

Se necesitará ser más versátil para poder pasar de un tema a otro en menos tiempo, sin sentirse incómodo sino útil, viéndole sentido al trabajo y teniendo la oportunidad de ser más creativo, desarrollar ideas nuevas, solucionar problemas o ganar nuevos clientes.


El trabajo será más específico y dinámico y la base de datos será la que tendrá toda la información disponible, dejando un mayor margen para la productividad.

Según proyecciones realizadas por el Nacional Intelligence Council (NIC) empresa que se ocupa del estudio de la situación global, países asiáticos como China e India sumarán mayor protagonismo a nivel mundial.

La intervención de estas dos grandes potencias en el comercio mundial cambiará las reglas de juego y en los próximos años se intensificará la globalización, el crecimiento económico será sostenido, lo que dará lugar a una mejor calidad de vida general.

Esta interdependencia global disminuirá las características occidentales con la participación de millones de trabajadores no occidentales que se incorporarán al proceso.

El mundo crecerá y también la demanda de bienes y servicios; y consecuentemente aumentará también el empleo para satisfacer estas necesidades.

Según afirma Fernando Fragueiro, director del Centro de Investigación Enova del IAE Business School, las oportunidades serán mayores para los que se capaciten adecuadamente y cada país se especializará distinguiéndose por alguna habilidad específica; que es lo que le brindará la oportunidad de ubicarse y poder competir en el mercado mundial, con ventajas.

Sin embargo, Ernesto Kritz, Jefe de SEL Consultores, afirma que aún existirán cuestiones difíciles de resolver, ya que es probable que los problemas estructurales del empleo se incrementen; porque el trabajo informal continuará en los países en vías de desarrollo, donde los salarios aumentan pero el empleo es de menor calidad que en los países desarrollados.

Según el consultor de SEL, las mejoras no alcanzarán la protección social y se ahondará más el abismo entre la mano de obra calificada y la demás fuerza de trabajo, ya que el avance tecnológico, profundizará la desigualdad.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que la crisis económica de los últimos años dejará huellas y que los países desarrollados sólo podrán recuperarse dentro de cinco años.

El director de Evade Business School Campus Buenos Aires, augura que dentro de diez años habrá menos trabajo de la forma en que tradicionalmente se concibe y que las próximas generaciones estarán destinadas más a buscar clientes que a ingresar a trabajar en una empresa.[/i]

Los clientes serán sus empleadores y se extenderán las tareas free-lance y la modalidad de contratar trabajadores tercerizados.

El trabajo a distancia se incrementará y las compañías tendrán vidas más cortas, llevando a que los aportes individuales y estatales se conviertan en la regla.

La mayor perspectiva de vida de las personas aumentará la clase pasiva que se convertirá en la más numerosa, poniendo en situación de crisis el sistema provisional actual.

Mientras tanto, el talento se cotizará, y no estará dispuesto a guardar lealtad eterna a un trabajo si se presenta otra oportunidad mejor remunerada y con mayores posibilidades de progreso.

Los empleados no se comprometerán con un trabajo y siempre podrán resolver cambiarlo en cualquier momento, sin miedo a perder el sentido de pertenencia y a abandonar la fidelidad a una empresa.


Fuente: “La Nación”, Empleos, Sofía Corral, Noviembre 2010.