El éxito es lo que todos deseamos en nuestras vidas personales y en nuestro trabajo. Nos gustaría ser felices, cumplir con nuestros objetivos laborales, estar conformes con nuestro rendimiento y recibir un merecido reconocimiento.

Para hacer de la vida un éxito y tener éxito en la vida hay que aprender a conocerse bien, saber lo que uno quiere, ser coherente y estar dispuesto a aceptar los compromisos.

Hay técnicas que llevan al éxito económico, por ejemplo cuando se tiene una buena idea que masivamente a la gente le agrade; y cuando se está dispuesto a cumplir determinadas reglas.


Hacer de la propia vida un éxito es el desafío que nadie debería negarse y que realmente vale la pena, para darle sentido a la existencia y poder disfrutar de la vida.

Tener éxito en la vida, aunque no garantice la plenitud, también puede hacernos ganar dinero, medio que tiene sus ventajas, como por ejemplo permitirnos luego, a hacer lo que realmente queremos.

El éxito objetivo, que es tener éxito en la vida, que tiene en cuenta a los otros más que a uno mismo, exige una determinación férrea, seguir los pasos necesarios, conocer cómo se hacen las cosas y estar dispuesto a todo.

Este éxito, hecho para la mayoría, no expresa la individualidad total, sino la satisfacción de los caprichos del mercado.

El éxito subjetivo, que es hacer de la propia vida un éxito, es poder conseguir lo que realmente se anhela, que nos hace sentir realizados y libres, y que tiene en cuenta nuestros valores y nuestra forma de ver el mundo.

El éxito objetivo exige disciplina, aceptar las reglas de juego, arriesgarse, estar dispuesto a ganar o perder y dar para recibir.

El éxito subjetivo exige conocerse bien, saber qué es lo más importante y ser uno mismo, porque los deseos genuinos tienen que ver con los propios valores.

El éxito objetivo exige una fuerte motivación, la mente se torna sensible a ese aspecto de la realidad y percibe precisamente las señales que indican el camino a seguir. Se está en condiciones de ver lo que antes no se veía y uno se convierte en un imán que atrae los mismos intereses que pueden favorecer sus propios proyectos.

Investigaciones realizadas en el campo de las ciencias sociales han contribuido a formar un perfil de la persona exitosa, tanto en el aspecto personal como laboral.

En primer lugar es importante tener el objetivo bien claro, saber lo que uno quiere y evitar sabotearse a si mismo con pensamientos contradictorios o con la duda.

Una persona motivada obtiene lo que quiere aunque tenga que pasar por muchos obstáculos para alcanzar su meta. Se pueden incrementar las posibilidades de éxito si adoptamos la actitud de los hombres exitosos y estamos dispuestos a seguir sus reglas.

Los elementos claves son el compromiso con el objetivo, la confianza en uno mismo y la tenacidad; y las condiciones que no se pueden eludir es no desanimarse, no abandonar la intención o cambiar de rumbo a la mitad del camino.

A veces hay que aprender a delegar funciones que no son para uno, porque todos tenemos puntos débiles y podemos fallar en algunas cosas; y una determinada actividad exige destrezas diferentes para desarrollarla.


El que sabe hacer bien su trabajo puede no manejarse bien en otras tareas que también son necesarias, tener dificultades para relacionarse o no tener suficiente ambición y no ser capaz de desenvolverse a nivel financiero. Necesitará entrenarse mejor en esas áreas o buscar sustitutos que tengan el perfil adecuado para que los ayuden.

En el mundo de los negocios está comprobado que tienen más éxito los que tienen capacidad empresarial y una inteligencia normal, que los que se destacan por su alto nivel de inteligencia pero que no tienen ninguna habilidad para los negocios.

Lo que si es necesario es ampliar las expectativas y no detenerse en el proceso de crecimiento aunque se hayan cumplido las metas propuestas, porque luego del éxito está la responsabilidad social de asegurar la continuidad para seguir generando recursos y fuentes de trabajo.