Investigaciones recientes en el campo de la Psicología Social, han comprobado que las ideas que se saben que existen sobre ciertos grupos sociales, pueden interferir en el rendimiento de las personas que pertenecen a esos grupos, independientemente de las aptitudes o capacidades que tengan.

Por ejemplo, si una mujer sabe que la sociedad en que vive cree que las mujeres no tienen habilidad para conducir vehículos, esa creencia puede bajar su rendimiento en su examen de manejo e impedirle aprobar varias veces, aunque disponga de la habilidad y la capacidad para hacerlo.


Las expectativas de la sociedad sobre algunos grupos, dan forma a imágenes sociales de las personas que comparten las mismas características de ese grupo, como el sexo, la edad, la condición social, la raza, la nacionalidad, etc., e influyen negativamente en el rendimiento en los deportes, en matemáticas y otras disciplinas, de los que conocen esa creencia.


Este fenómeno ocurre a cualquier persona que sabe que pertenece a un grupo sobre el que la sociedad en que vive tiene expectativas de supuestas inferiores aptitudes o capacidades para determinados estudios u ocupaciones.

Los estudios psicosociales sobre identidad social se iniciaron en la década de los años setenta, con el objetivo de investigar y analizar los estereotipos sobre distintos grupos que existen en la sociedad, que provocan una disminución del rendimiento individual de los que conocen esos estereotipos y que pertenecen a esos grupos.

Esta investigación también se dedica a buscar la forma en que podría solucionarse este problema.

Es una forma de discriminación hacia sectores de la población que se tienden a segregar para algunas tareas o encasillar para determinadas ocupaciones, que entorpece la oportunidad de movilidad social y desaprovecha el posible potencial de las capacidades individuales humanas.[/u]

Las expectativas sociales son condiciones para el fracaso que impiden el progreso en la sociedad y limita a las personas a determinadas tareas que se espera ellas realicen.

Aunque también esta condición puede transformarse para algunos en el incentivo para el cambio y la oportunidad para demostrar a la sociedad que los miembros de esos grupos también son capaces de hacer lo que desean y modificar esas expectativas.

Frente a este dilema las personas pueden actuar de dos maneras, respondiendo a las expectativas sociales y apostando al fracaso o bien expresando de la mejor manera lo que saben, e intentar desmitificar estas ideas y atreverse como cualquier otro ser humano a tener éxito.

Este fenómeno es denominado por los psicólogos la “amenaza del estereotipo”.

Estudios realizados en la Universidad de Chicago indican que el rendimiento de las mujeres que conocen el estereotipo del que forman parte, sobre su supuesta inhabilidad para las matemáticas en relación con los hombres, disminuía considerablemente si se las comparaba con las que no lo conocían.

El mismo resultado se obtuvo con ancianos en pruebas de memoria. Los que conocían el estereotipo que relaciona la edad avanzada con la pérdida de la memoria, tenían un menor rendimiento que los que no lo conocían.

Un equipo que viene perdiendo varias fechas, puede estar más predispuesto a continuar fracasando influenciado por el estereotipo de equipo perdedor, que presumen que tienen los aficionados al deporte que practican.

Los prejuicios que los demás tienen de algunos grupos humanos desalientan a las personas, pero el hecho de pertenecer a un grupo también las puede ayudar a lograr sus objetivos.

Las personas que pertenecen a un grupo amenazado con un estereotipo pueden convencerse de que no son aptos para determinadas tareas y sufrir de mayor ansiedad y estrés cuando se animan a hacerlas.

A veces, los grupos aceptan ese grado de inferioridad y buscan destacarse en otras áreas.


El conflicto aparece cuando esas características no coinciden con la motivación individual.

Hay personas que logran trascender ese condicionamiento social poniendo todos sus esfuerzos para destacarse del resto y salir del estereotipo; porque afortunadamente éstos cambian con bastante facilidad y además varían según los distintos sectores de la sociedad.
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Fuente: “Estereotipos del Éxito”, Revista de Psicología y Neurociencias, Mente y Cerebro, Ediciones Prensa Científica, Barcelona, noviembre-diciembre, 2009