Según Freud existe una relación entre la elaboración onírica y las ideas latentes reprimidas; impresiones que dejaron las experiencias sexuales infantiles que aparecen deformadas durante el sueño por efecto de la censura, y que intentan la realización de los deseos.

El autor se refiere particularmente a los sueños de personas que están en tratamiento psicoanalítico.

Freud describe en su obra el análisis de los fragmentos de algunos sueños, para tratar de confirmar algunas de sus hipótesis.

El primero de ellos son apenas dos imágenes: en una, el tío del soñante que es judío, está fumando un cigarrillo en día sábado, y en la otra, una mujer lo está besando y acariciando como si fuera su madre.



Los judíos no tienen permitido fumar en día sábado, sin embargo su tío, que es incapaz de transgredir esa ley en la vida real, lo está haciendo en su sueño sin ningún reparo; mientras que la mujer de la segunda imagen le recuerda a su madre.

Para interpretar este sueño, Freud relaciona ambas imágenes y concluye analizando que si el tío es capaz de fumar en día sábado él podría acariciar a su madre; probable deseo reprimido inconsciente de la infancia, ya que esas señales de afecto entre una madre y su hijo son tan poco permitidas para un judío piadoso, como fumar en día sábado.

Es frecuente que frente a la pérdida de seres queridos, las personas tengan durante mucho tiempo sueños relacionados con ellos, que adoptan las formas más sorprendentes para conciliar lo inevitable de su muerte con la necesidad de que siga viviendo.


A veces las vemos en sueños muertas pero al mismo tiempo vivas pero que no saben que han fallecido y sólo podrían morir definitivamente si lo supieran.

Estos sueños no son tan absurdos como parecen ya que la resurrección forma parte de muchas creencias religiosas y abunda también en la literatura como un acontecimiento corriente.

Freud nos dice que estos sueños tienen además una explicación racional y que son para satisfacer el deseo de hacer revivir a los muertos por cualquier medio.

Cita el sueño de un hombre cuyo padre había fallecido algunos años atrás.

En el sueño su padre ha muerto pero sin embargo ha sido levantado de su tumba y él le ve mala cara.

Está vivo desde su exhumación pero él hace todo lo posible para que no se de cuenta de eso.

Al volver del cementerio, luego de la exhumación, al soñante lo ataca un fuerte dolor de muelas.


Siguiendo el mandato judío según el cual cuando una muela hace sufrir hay que arrancarla, va al dentista, pero éste le dice que no es necesario arrancarla todavía y que tiene que tener paciencia.

Para aliviar su dolor el dentista le coloca un calmante y le mata el nervio.

Le dice que vuelva a los tres días para extraerle el nervio muerto para que así pueda conservar la muela.

En el sueño este individuo hace una condensación unificando en un solo elemento al padre fallecido con la muela muerta pero que se puede conservar.

El paciente sabe por tradición que existe una relación entre soñar con perder una muela y la muerte próxima de un ser querido. Por supuesto esto es una creencia por tradición que no tiene ninguna validez de verdad y que solo tiene significado para este sujeto y para todos los que creen en ella.

Sucede que la enfermedad del padre había sido muy prolongada y el tratamiento muy costoso. Sin embargo, él jamás se quejó de esa circunstancia ni tuvo ningún deseo consciente de que llegara cuanto antes el desenlace. Al contrario, se sentía orgulloso de si mismo al haberse comportado como la ley judía ordena.

No obstante, Freud observaba una contradicción entre sus expresiones y las ideas representadas en el sueño, ya que el sujeto obviamente identificó la muela con el padre.

La muela debía ser arrancada según la ley judía porque lo hacía sufrir, en cambio con su padre debía aceptar con resignación todo su dolor y el pago de los gastos y rechazar cualquier intención de hacerlo desaparecer.

Freud interpretó que sin embargo, tales fueron los sentimientos de su paciente durante la enfermedad de su padre, revelación que a éste le costó mucho aceptar.

Era evidente que los sentimientos hostiles con su padre existían desde mucho tiempo atrás, quizás desde la infancia.


El hecho que en el sueño el padre siguiera viviendo después de su exhumación se relaciona con el deseo de resurrección y la decisión del dentista de matarle el nervio para que la muela siguiera viviendo.

El sujeto no desea que su padre se de cuenta. Esta escena del sueño Freud la relaciona con el complejo de onanismo (autoerotismo) o sea, con la intención de ocultar al padre su vida sexual infantil.

La mala cara del muerto representa también la mala cara de quien teme delatar la exagerada actividad sexual en la infancia.

Freud ha relacionado siempre los sueños provocados por dolor de muelas con el complejo de onanismo (autoerotismo o masturbación) y el temor consecuente al castigo por esta práctica.


(continúa en segunda parte)

Fuente: Obras Completas, “Sigmund Freud”, Tomo III, Lección XII, “Análisis de algunos ejemplos de sueños.