Estamos convencidos que para poder alcanzar un alto nivel de excelencia es necesaria la exigencia, sin embargo, no siempre se obtienen los mejores resultados siendo exigentes con uno mismo o con los demás.

La exigencia es un patrón de conducta que obliga a cumplir con planes previos en forma estricta, que no admiten ningún margen de flexibilidad ni error.

En una sociedad competitiva, las exigencias son previsibles porque hay que superar el rendimiento de otros para poder obtener beneficios y alcanzar una posición, necesidad que demanda la más alta eficiencia en la acción y en el modo de hacer las cosas.

A nivel psicológico la auto exigencia puede ocasionar serios problemas de salud.

El hombre tiene proyectos y planes que hacen que su vida cobre significado cada vez que se cumplen sus sueños; y el equilibrio entre lo que programó para si mismo y su realización es lo que le asegura su salud mental.


Para planificar objetivos es necesario tener conciencia de las limitaciones, tener coherencia interna, confianza en uno mismo, poder de liderazgo, entusiasmo y estar dispuesto a aceptar que somos seres humanos y que podemos fallar.

Muchos hacen castillos en el aire y se lanzan al vacío hacia la realización de un proyecto, creyendo solamente que la voluntad es todo.

Querer hacer algo, es la intención que se necesita para poder orientar la conducta hacia la realización de un propósito, pero no es todo.

Los proyectos requieren además esfuerzo, constancia, paciencia, conocimientos y estar dispuesto a tolerar la frustración.

El que se exige mucho a si mismo también es exigente con los demás, esta es la actitud de todos los que aspiran a la excelencia.


La persona que le exige a otros, cree que necesitan de su permanente control para que tengan un buen rendimiento.

Algunos se pueden hasta sentir bien con un líder exigente, cuando se sienten identificados con su proyecto y porque los obliga a sacar lo mejor de ellos mismos; pero sin embargo, también necesitan ser escuchados y reconocidos.

Las exigencias tienen que tener un límite porque el líder necesita a sus subalternos tanto como ellos lo necesitan a él.

Los líderes exigentes tienen que tener en cuenta que los que ejecutan sus órdenes además de lograr resultados, tienen que sentirse bien haciendo lo que hacen, circunstancia que los obliga a prestar atención a su bienestar, sus necesidades y sus intereses.

Una exigencia se torna menos acuciante cuando todos participan de su realización y llegan a ser reconocidos individualmente por su trabajo.

El líder que exige y su equipo, orientados hacia la excelencia, constituyen una unidad funcional, cada uno ejecutando su rol, haciendo lo que saben hacer mejor, motivados por un propósito común.

La auto-exigencia es el enemigo interior que produce estrés y que puede llegar a matarnos; porque un alto nivel de exigencia es la consecuencia de elevadas expectativas con respecto a la imagen que deseamos proyectar y que creemos que los demás tienen de nosotros mismos.

Para defender esa imagen ilusoria, muchos pierden la vida debido a un infarto, que es cuando el motor de la existencia dice basta.

Por lo tanto, la diferencia entre la vida y la muerte depende de la capacidad de conocimiento de uno mismo y del reconocimiento de nuestras reales capacidades de realización, cuando nos proponemos nuestras propias metas.


No hay que olvidar que vivir es la meta de todas las metas, solo que muchas veces esta realidad se deja de lado en pos de inhumanos ideales