El concepto de karma aparece en la filosofía de la India, como en el Hinduismo y el Budismo. Significa acción, y los resultados ineludibles que produce cada acto y es un término válido al margen de cualquier religión porque se basa en la ley de la ciencia de causa y efecto.

Toda acción humana tiene una consecuencia inevitable que determina el futuro de cada persona, tenemos todo lo que creamos y nada es casual, los acontecimientos son aparentemente fortuitos porque el hombre no puede ver más allá de lo que le ocurre.

El karma no es solamente un destino ni tampoco es bueno o malo; es un proceso que depende de nuestra conciencia, porque es la combinación de nuestro destino y nuestras decisiones; y difiere según la cultura, la familia, el país y los valores de cada uno.


Nuestra vida actual es el resultado de acciones pasadas, porque cosechamos lo que hacemos y también lo que dejamos de hacer; y si pudiéramos conocer todas las causas que dieron lugar a nuestra vida actual, estaríamos en condiciones de terminar con nuestro ciclo kármico.

El karma es aprendizaje, de modo que cuando nos ocurren siempre los mismos problemas, estas dificultades se relacionan con algo que aún no hemos aprendido.

El karma depende más de la intención que de la acción, porque es el sentimiento o pensamiento con plena conciencia que me motiva a hacer algo lo que creará mi karma más que el acto en si mismo.


Según la filosofía que supone la reencarnación después de la muerte; es una ley que nos enseña a comprender nuestras experiencias pasadas y de otras vidas.

Cuando sentimos que las cosas nos salen mal es falta de conciencia, o sea, estamos ignorando las instrucciones de nuestra conciencia interna.

La vida es responsabilidad de cada uno y el karma nos enseña a darnos cuenta de la responsabilidad de nuestros actos. No son las circunstancias, el destino, o la familia los culpables de nuestros fracasos, sino nosotros mismos con lo que hacemos.


La ley del karma nos dice:
-Si seguimos haciendo lo mismo que hacemos siempre seguiremos obteniendo más de lo mismo.
-Dios ayuda a quienes se ayudan.

Las diferencias individuales nos muestran que en esta vida cada uno tiene un propósito y si no se escucha la voz interior y no se cumple esa misión, esa vida será de sufrimiento, dolor y frustración, señal inequívoca de que no aprendimos lo que debíamos y que nos llevará a repetir siempre los mismos errores.


Trata de conocerte mejor a ti mismo realizando los siguientes ejercicios:

1-Escribe cómo te sientes, qué es lo que te gusta, qué fue lo que te dolió en tu vida, en resumen, enumera tus emociones y pensamientos que te hacen o te han hecho sentirte feliz o desdichado; y cada día se irá revelando tu verdadero ser interior.

2-Escribe qué te han contado respecto a tu nacimiento, tu lugar en la familia y las circunstancias de ese instante; porque todas las emociones vividas en ese momento, así como también las vivencias desde la concepción, tenderán a repetirse toda tu vida.

3-Describe a tu madre, su actitud hacia la vida y lo que te decía o te dice que más te afectó o te afecta.

4-Describe a tu padre, quién fue o es, cuál fue o es su actitud hacia la vida y cuales los comentarios que más te afectaban o te afectan.

5-Enumera y detalla las cualidades que admiras de ti mismo.

6-Escribe todo lo que no te gusta de ti mismo, trata de cambiarlo dentro de un determinado período de tiempo y observa los resultados.

7-Recuerda y escribe ¿Qué parte te gustó más del cuento que preferías cuando eras niño? Observa si algo de eso se refleja en tu vida actual.

8-Escribe cuál es tu flor, animal y objeto preferidos y por qué; y cuál de ellos te gustaría ser.

9-Imagina y escribe ¿Cómo crees que vas a morir y a qué edad?

10-Imagina y escribe ¿Qué elogio sobre tu persona te gustaría que dijera tu epitafio?