El siglo XXI se caracteriza por la tendencia del hombre al confort. El avance de la tecnología automatiza todos los trabajos pesados o rutinarios y seguramente con el tiempo, tal vez, el hombre tenga más tiempo libre.

Mientras tanto, apoyados en una filosofía que no ve con optimismo al futuro, la idea generalizada parece centrarse en tratar de evadir responsabilidades y disminuir los compromisos, disfrutando el aquí y ahora y viviendo cada uno para abastecerse a si mismo.

El mundo así, se está convirtiendo en un gran parque de diversiones y los humanos en potenciales clientes para el consumo.



Ya quedamos pocos sin haber hecho alguna vez un crucero, o sin haber escalado una montaña integrando un grupo sediento de adrenalina en un estrafalario turismo aventura, aprovechando las millas aéreas acumuladas con sus compras con tarjeta de crédito.

Todas estos emprendimientos requieren ahorrar dinero, tener tiempo libre y libertad de movimientos.

Los solteros prefieren gastar su dinero en viajes, emociones transitorias, probar cosas nuevas, o sea vivir el momento, sin pensar en el futuro.

Finalmente, la mayoría de ellos se casa o deciden vivir en pareja y emprender la aventura de tener un hijo, cuando ya están en edad de ser abuelos.

Los padres mientras tanto, tienen que convivir con un hijo soltero hasta que ya es maduro, tarea que no siempre resulta placentera, cuando el hijo pretende ser siempre un adolescente sin responsabilidades.

Algunos se regocijan de tenerlo aún en casa cuando todos sus amigos ya se han casado y él consiente en seguir siendo un niño.


-¡Cómo le voy a cobrar a mi propio hijo lo que come en casa!- ¿Qué molestia es hacer un plato más cuando igual hay que cocinar?- Los gastos hay que pagarlos aunque él no esté viviendo con nosotros. -Dónde comen dos comen tres.

Pero todos estos argumentos no se ajustan a la realidad, porque convivir con una persona más en una casa, en el transcurso de un mes significa un cincuenta por ciento más de gastos domésticos.

No siempre los hijos solteros que se quedan viviendo con sus padres creen que tienen que contribuir con los gastos, porque a veces prefieren creer que les están haciendo un favor quedándose, aunque él no esté nunca en casa y sólo venga a comer y a dormir.

Vivir con los padres les permite a los hijos solteros ahorrar para comprarse un auto, viajar a las Bahamas o cualquier otra cosa, menos compartir los gastos de la casa.

El hedonismo es lo que caracteriza al hombre del siglo XXI, vivir para si mismo, sin responsabilidad alguna para poder hacer lo que quiere.

Están también los que son estudiantes crónicos, que no tienen intenciones genuinas de alguna vez recibirse pero que ese status les sirva para justificar por qué no trabajan.

Las estadísticas en Argentina son alarmantes, existe una franja considerable de jóvenes que no estudian, no trabajan ni tampoco se capacitan, o sea que no hacen absolutamente nada, sólo vegetan como una planta.


¿Qué harán esos jóvenes cuando ya no sean tan jóvenes y no estén más sus padres?

Los pájaros empujan a sus crías para que aprendan a volar cuando ya están desarrollados para hacerlo, sólo los humanos se quedan con sus padres, cuando están atendidos por una madre solícita o su empleada doméstica si ella trabaja. Porque cuando las condiciones comienzan a ser menos acogedoras, si están obligados a contribuir con los gastos y a atenderse solos, entonces no se quedan, se van para poder vivir en sus propios términos ya que tienen que mantenerse solos.

Los padres tienen que hacer como hacen los pájaros, alentar a los hijos para que aprendan a defenderse solos, y poder así ellos emprender el desafío de vivir una nueva etapa de la vida con su pareja, solos.