Existen infinidad de dietas y dos concepciones posibles sobre la forma de bajar de peso, el descenso puede ser rápido o lento.

El descenso rápido exige control médico, contención psicológica y la decisión inquebrantable del interesado.

Son dietas muy bajas en calorías que se pueden sostener aprendiendo a reducir las porciones, aumentando el consumo de líquido, utilizando suplementos con valor de saciedad que pueden reemplazar algunas comidas; y además realizando actividad física en forma ineludible y regularmente.

Las posturas más avanzadas en el tema de la obesidad coinciden en afirmar que la obesidad es una enfermedad y una adicción a ingerir grandes cantidades de comida, principalmente grasas e hidratos de carbono.

Las investigaciones han demostrado que comer estos alimentos crea el hábito y se convierte en una necesidad porque actúan en el organismo a nivel de los neurotransmisores.

La obesidad es una enfermedad producto de la vida moderna, que es más sedentaria, más automatizada, más veloz, donde la gente tiene fácil acceso a la comida rápida e hipercalórica y donde se sufre mucho estrés.

Las dietas rápidas obligan al organismo a recurrir a sus reservas de grasa produciendo al mismo tiempo un consecuente residuo tóxico, perjudicial para el cuerpo. Por esta razón una dieta tan reducida en calorías no puede realizarse sin control médico.

El Dr. Ravenna, conocido médico, psicoterapeuta y especialista en obesidad, partidario de la dieta rápida, afirma en su artículo publicado en la sección Salud de la Revista “Inteligencia Emocional” , número cuatro de 2009, que una dieta rápida disminuye el hambre, resta interés por la comida, libera de la obsesión y mejora el espíritu, y que el descenso de peso diario que se registra, refuerza la práctica de la dieta, siendo el ejercicio físico un elemento imprescindible para lograr este objetivo.

Propone una dieta de solo seiscientas calorías con la ayuda de suplementos alimentarios, vitaminas y minerales, control médico, contención grupal y un programa de ejercicios físicos.

A pesar de los trastornos físicos, psicológicos y espirituales que produce la obesidad, la mayor parte de los que tienen exceso de peso continúan comiendo con la misma voracidad de siempre, tal como se comportan los drogadictos.

La voracidad en el consumo de cualquier cosa, es una característica propia de esta época. La gente no sólo come de más sino que también adquiere el hábito de tomar toda clase de medicamentos y drogas para aliviar en última instancia su angustia.

El hombre actual se ha vuelto miedoso e inseguro frente a un mundo cada vez más complejo y difícil de entender. Ha perdido la libertad, la paz interior, el sentido de la vida, el arte de reflexionar y de relacionarse, eligiendo vivir en la absoluta inmediatez.

Bajar de peso exige elevar la autoestima y tomar la decisión de hacer el esfuerzo necesario para lograr ese propósito.



No se trata solamente de una cuestión estética sino de recobrar la salud, no reprimiendo sino entendiendo las razones que existen, mediante la educación y la información.

Es necesario tomar conciencia del cuerpo y reflexionar sobre cuál es el físico que deseamos tener para poder llegar a ser físicamente, mentalmente y espiritualmente, la persona que realmente somos.

Los dos modos de bajar de peso, tanto rápido como lento, son efectivos y posibles, pero requieren una decisión personal.