La macrobiótica es un método que enseña a alimentarse de una manera sana y equilibrada; con el propósito de mantener el bienestar físico, mental y emocional.

Se trata de una dieta natural basada en hidratos de carbono complejos, como los cereales integrales, e incluye la necesidad de realizar ejercicios físicos, de llevar una vida sencilla y de saber disfrutar de la naturaleza, respetando y acompañando sus cambios.



Macrobiótica es un término que propuso George Ohsawa, en la década de 1950, quien se curó de una tuberculosis empleando esta dieta.

Michio Kushi, oriundo de Japón y residente desde los años sesenta en Estados Unidos, fue discípulo de Ohsawa y actualmente se ha convertido en un de los más importantes exponentes a nivel internacional en Macrobiótica.

Él mismo experimentó los resultados de esta dieta, que además de proporcionarle un mayor bienestar físico y mental, mejoró su memoria y su percepción, lo transformó en un ser más sensible a los estímulos del ambiente natural y más comprensivo con la gente; por lo que decidió dedicar su vida a difundirla en Occidente.

Kushi está convencido que la dieta y las características del entorno en que se vive influyen en el carácter, de manera que si estos dos aspectos se controlan, puede cambiar la manera de pensar de la gente y transformar al hombre en un ser más pacífico; porque la alimentación adecuada no sólo cambia el cuerpo sino también la mente y el espíritu.

Para estar en equilibrio, el ser humano debe tener el yin y el yang equilibrados; y este equilibrio se logra con una alimentación adecuada, eligiendo los alimentos necesarios, de acuerdo al entorno.

Yin y yang designan energías opuestas y son términos que tienen una antigüedad de tres mil años en China.

La Macrobiótica se basa en la antigua Medicina tradicional China, con una interpretación levemente distinta de estos dos términos. El yin significa expansión y el yang contracción, mientras que para la Medicina china el yin expresa quietud y el yang movimiento.

Conociendo estos dos procesos, los desequilibrios se pueden tratar con la alimentación. Por ejemplo, para potenciar el yin hay que comer alimentos yin.

Los hidratos de carbono complejos, que son alimentos yin, como las legumbres, los cereales integrales o las verduras, son absorbidos por el cuerpo gradualmente, mientras que los azúcares y productos refinados se queman rápidamente. Esta diferencia influye en el estado de ánimo, porque cuanto más lenta es la absorción, más se calma la mente

Esta dieta incluye por lo tanto, cereales integrales, que son los pilares básicos de la macrobiótica, además, verduras y legumbres, preferentemente orgánicas; y semillas. Las grasas y las proteínas deben ser vegetales y el consumo de carne se debe reducir al mínimo.


Este sistema hace necesario acostumbrarse a comer menos alimentos refinados y más sin procesar y evitar aquellos que han sido tratados químicamente, prefiriendo la comida que se produce localmente durante la temporada; porque el clima hace que las necesidades sean distintas.

Por ejemplo, en climas muy fríos se pueden consumir más alimentos de origen animal, mientras en los templados es mejor que la base de la alimentación sea vegetal, ya que un ser humano tiene menos necesidad de proteína animal.

La dieta macrobiótica se aconseja comenzarla despacio, para ir reemplazando los alimentos de a poco e ir acostumbrándose a ellos; por ejemplo, al principio, reemplazando el pan blanco por pan integral y el arroz blanco por arroz integral. Luego, se pueden ir incorporando semillas, verduras orgánicas y condimentos de buena calidad.

La Macrobiótica enseña a comer para estar más sano y equilibrado emocionalmente y ayuda a prevenir enfermedades; además distingue los hábitos alimenticios que producen una enfermedad o que hacen que ésta se repita.


Fuente: “El libro de la Macrobiótica”, Michio Kushi