Las mujeres pueden simular el placer del orgasmo, alguna vez, muchas veces y también siempre que tienen una relación sexual. Aún más, existen mujeres que aunque tengan experiencia sexual, no saben lo que significa tener un orgasmo con su pareja.

Una encuesta reciente afirma que el 41,2% de mujeres que participaron en la prueba fingían el orgasmo, el resto es muy probable que no digan la verdad.


Los motivos son muchos, pero se destacan la eyaculación precoz del hombre, la poca experiencia masculina para excitar suficientemente a la mujer, temor de la mujer de parecer frígida o de no amar a su pareja si no finge el orgasmo, o por el miedo a ofenderlo.

Cuando una mujer finge en forma ocasional, o sea de vez en cuando, y sabe cuál es el motivo, no tiene verdadera importancia ni tampoco necesariamente un significado inconsciente.


No se trata de indiferencia o insensibilidad, a veces el cansancio puede malograr el acto sexual de una mujer, cuando está agotada y sólo desea dormir, pero igualmente está dispuesta a acceder, frente a los requerimientos, por consideración a él o por sentirse halagada y no querer defraudarlo, intentando terminar lo más pronto posible, aunque quede insatisfecha.

Los hombres también pueden fingir placer, porque pueden tener erección pero no eyaculación o bien eyaculación y no orgasmo.

La franqueza absoluta en una pareja a pesar de la intimidad, se hace muy difícil. Todos guardan muy bien sus secretos más íntimos que no están dispuestos a compartir; porque tienden a medir al otro en función a cómo se comporten sexualmente, imaginar lo que pueden pensar o sentir sobre la relación si no funcionan adecuadamente y porque están convencidos que el fracaso del acto sexual puede alterar el vínculo.

No alcanzar el orgasmo algunas veces no significa que no se haya disfrutado del placer de estar juntos, del contacto y de las caricias y los besos.

Es bastante común fingir por amor también en otros ámbitos, por ejemplo, tratando de acordarse de los aniversarios aunque realmente a muchos no les importen ni las fechas ni los regalos y haciendo cosas que saben que a sus parejas les gustan.

La excitación de la mujer es el mayor estímulo para el hombre, y por esta razón ¿quién no se siente tentado a exagerar un poco y colaborar así para que todo salga bien haciendo lo que puede?

Las películas no reflejan la realidad, porque las mujeres actúan las escenas eróticas adoptando actitudes dominantes propias del sexo opuesto, conducta antinatural que descoloca al hombre y no propicia el encuentro. Porque el hombre se siente poderoso cuando cree que le está dando placer a una mujer, aunque ella sólo esté actuando y le oculte que en realidad no está sintiendo nada.

Antiguamente, las mujeres sólo eran participantes pasivas que toleraban el acto sexual como una molesta obligación; y a ninguna se le hubiera ocurrido que eso podía ser anormal o que también tenían derecho a disfrutar.

Los hombres se disociaban, por un lado tenían a una amante que sabía fingir para satisfacerlos y por otro a la esposa que se comportaba complaciente pero insensible.


Recién después del psicoanálisis el sexo cobró inusual importancia, principalmente debido a las enfermedades mentales asociadas con la represión sexual.

En la actualidad, la sexualidad está sobredimensionada principalmente porque se descubrió que el sexo también produce buenos dividendos, precisamente porque la mayoría, a pesar de la libertad sexual, aún sabe muy poco del sexo, tienen dudas sobre su identidad sexual, sobre la conducta sexual normal, sobre cómo satisfacer a una pareja y cómo lograr una relación sexual plenamente satisfactoria con una pareja estable.

Sin embargo, aunque se agoten las palabras para explicar y entender la sexualidad, la vida sexual de una pareja seguirá perteneciendo al ámbito privado, porque cada pareja es única y vivirá el amor de distinta manera.

Hay que tener en cuenta que cuando una mujer finge un orgasmo también está demostrando que ama doblemente a su pareja, porque puede prescindir de esa breve satisfacción pero disfrutar del placer de ser deseada y amada.