El diccionario define al crimen como un delito legal y una grave violación a la ley moral, cuyas consecuencias provocan un serio perjuicio; y un asesinato se refiere a matar consciente y premeditadamente, a veces por encargo, resultando agravado por las circunstancias, como alevosía, precio, ensañamiento, utilización de explosivos, torturas, etc.

Los crímenes siempre tienen una motivación, por esta razón las investigaciones forenses necesitan principalmente la motivación del atacante para considerarlo sospechoso, además de las pruebas reales correspondientes.


Existen tres motivos básicos para matar: el dinero, los celos y las venganzas.

El dinero es la principal motivación debido a la ambición y el deseo de poder, dos pasiones humanas capaces de llevar a alguien a perpetrar un asesinato; cuando representa un valor superior a la vida humana.


Está comprobado que las víctimas son en su mayoría personas cercanas; para cobrar una herencia, división de bienes en divorcios, propiedades que se disputan entre hermanos, deudas, etc.

Un ladrón puede matar si su víctima se resiste, y también la víctima puede matar a quien quiere robarle para defender su patrimonio.

Algunos pueden llegar a matar por dinero, por efectos de las drogas o el alcohol, cuando están inhibidos de su capacidad de razonar, cuando están en situación de riesgo.

Los celos son un motivo suficiente para matar, tanto a la persona que se cela como al presunto sospechoso de seducir a la víctima.

También los celos pueden motivar a las personas que tienen enfermedades mentales al crimen, como en la epilepcia y la paranoia.

La venganza es otro motivo para matar, que a su vez está relacionada con el dinero y con los celos. Los asesinatos con ensañamiento, donde se practican torturas a las víctimas suelen ser por venganza.

El sentido de justicia existe en todos los seres humanos y a veces muchos no pueden esperar el resultado de un juicio y deciden hacer justicia con su propia mano.

La mayoría de estos crímenes podrían ser evitados si las personas fueran capaces de establecer relaciones afectivas sanas y respetaran un código ético.

Quitar la vida a una persona es quebrar una ley moral básica, porque toda conducta tiene una consecuencia, nos hace responsables y habilita a los demás a hacer lo mismo, además, ningún grupo humano podría sobrevivir sin leyes morales, porque se destruirían entre ellos.

Hasta los grupos mafiosos respetan un código ético y aunque se trate de criminales tienen sus propias leyes, aún más severas que las del derecho.

En general, los ladrones que no están drogados difícilmente matan a sus víctimas, salvo que éstas se resistan y traten de defenderse con armas. No les interesa involucrarse en asesinatos, porque son perseguidos con mayor rigor y se quedan sin trabajo; y si los atrapan tienen penas mucho más largas.

Algunas personas que sufren de epilepsia, pueden cometer crímenes durante un ataque, generalmente provocado por una situación violenta.

Los paranoicos pueden ser asesinos seriales y los psicópatas son por lo general muchos de los criminales que están en prisión, personalidades frías, insensibles, que no sienten ninguna emoción ni remordimiento cuando matan a sus víctimas.

Los psicópatas son personas aparentemente normales que suelen ser muy inteligentes y racionales pero cuyo discurso parte de premisas falsas. Elaboran sus delirios en forma sistematizada y lógica, pero basados en supuestos delirantes.


Algunos líderes de la historia son un ejemplo, habiendo sido capaces de causar un gran exterminio logrando que la mayoría se adhiriera a sus ideas mesiánicas.

Estos personajes tienen un gran carisma y un atractivo natural para convencer a multitudes sin que se den cuenta de la manipulación, con los discutibles recursos del patriotismo, la raza o la religión.

Los líderes mafiosos también son psicópatas que no tienen más que el dinero como valor y ningún otro sentimiento. Pueden organizar verdaderos ejércitos clandestinos dispuestos a todo con el fin de ganar mucho dinero en poco tiempo.

Sin embargo, tarde o temprano, vemos cómo los inmorales pagan un precio tan alto como todo lo que han hecho; aparecen con una bala en la cabeza, en algún lugar apartado y nunca se encuentra al culpable.