Es una manera clásica ya la de hablar de la obsesión a partir de la histeria, en una suerte de diagnóstico diferencial, y tal vez es necesario que sea así, fundamentalmente por la conexión causal primera que Freud les atribuyó en general a ambos tipos clínicos dentro de la neurosis: un acontecimiento sexual como CAUSA. De allí se abren las aguas.

Como siempre, si empezamos por el principio, tenemos que ir a Freud. En este caso, a su texto “La herencia y la etiología de las neurosis”, de 1896; un texto tempranísimo, del primer Freud, digamos.

Es un texto interesante porque ahí Freud hace un par de objeciones a la teoría de la herencia nerviosa de las neurosis, tal como Charcot les había transmitido a fines del siglo XIX. Y para ello, dice Freud, esperó los datos de su clínica.



Es decir que su opinión sobre la causa hereditaria tendría que verificarse clínicamente.

Básicamente plantea que es demostrable que en una misma familia exista una misma carga hereditaria, pero algunos enferman y otros no. Es así que él propone que para una afección nerviosa particular, existe una etiología específica, una causalidad específica.

Y hace una división nosográfica, poniendo de un lado: Histeria y Obsesión. Y por otro, la Neurastenia y las Neurosis de Angustia.

El hace aquí una división también respecto de las causas, es así que al primer grupo nosológico le da una causa hereditaria, teniendo en cuenta el grado de disposición. Y eleva las influencias sexuales al lugar de la causa específica, siendo así que hay una relación causal particular entre la naturaleza de esa influencia sexual y la especial patológica de la neurosis.

En cuanto al tema que nos ocupa, dentro de las Neurosis Actuales, Freud dice que la causa específica de la histeria es una experiencia de pasividad sexual anterior a la pubertad.

Y dice que si bien la neurosis obsesiva proviene de una causa específica análoga, es decir, sexual, la diferencia entre ambas patologías está en que ese acontecimiento sexual precoz ha causado placer: ya sea por una agresión sexual inspirada por el deseo (sujeto infantil masculino) o de una gozosa participación en las relaciones sexuales (sujeto infantil femenino).

Digamos que Freud de alguna manera justifica clínicamente esa conexión de la histeria con el sexo femenino y la obsesión con el masculino, teniendo en cuenta lo activo o lo pasivo de la respuesta del sujeto frente al suceso. Es una primerísima teorización de las diferencias sexuales, que más tarde reconfigurará.

Pero bien, aquí tenemos esa importante diferencia respecto de la respuesta del sujeto ante un determinado acontecimiento en el cuerpo. En la Neurosis Obsesiva aparece luego el reproche en forma de ideas obsesivas.

Si bien parece que le cuesta dejar a su maestro, cada vez más se va aproximando a la idea de que al menos en la histeria y la obsesión, la causa no estará dada por la herencia sino por lo específico de ese suceso sexual precoz.

Tenemos entonces el primer enfoque freudiano del trauma primitivo del obsesivo, que se opone al de la histeria en términos del “papel” que asumen respecto del goce que implica ese acontecimiento.

Porque para la histeria esa irrupción de goce se presenta de modo intrusivo; se puede decir entonces que el histérico es pasivo, y el obsesivo activo en la reconstrucción de ese trauma.