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Adicción y Drogas

Superación, tratamiento, control y apoyo.

Adictos a los juegos de ordenador

En Bélgica, en 2008, un joven entró en estado de coma debido al agotamiento sufrido por haber estado jugando sin parar, tres días y tres noches a un juego de rol por ordenador.

Cada vez son más las personas que acumulan más de 2000 horas de juego al año.

Los adictos al juego juegan muchas horas, pero no todos los que juegan mucho son adictos.

La diferencia es la compulsión, la necesidad irresistible, el impulso incontenible, cuando deja de ser una diversión para un individuo y no se siente capaz de hacer otra cosa.

Un adicto al juego de rol en la red pierde la noción del tiempo, se enfurece si se lo tratan de impedir, descuida su trabajo o su estudio, pierde a su pareja y a sus amigos, se aísla y el juego se convierte en el centro de su vida.



Esta adicción provoca trastornos en los ritmos biológicos de sueño y vigilia, desórdenes en la alimentación, sedentarismo y obesidad.

La atracción de estos juegos de rol on-line, según el psicólogo alemán Klaus Wölfling, responsable del equipo de psicólogos de la unidad móvil de adicción al juego, de la clínica Johannes Gutenberg de la Universidad de Main, en Berlin; es que los sujetos tienen la oportunidad de adquirir prestigio social y reconocimiento, independientemente de su condición real y les brinda un sentimiento de pertenencia a un grupo, porque exigen la colaboración de un equipo para cumplir con un propósito.

El que se siente frustrado, enojado e inseguro en el mundo real, puede refugiarse en el mundo virtual donde puede olvidar sus problemas; y cuando esta forma de enfrentar las emociones negativas es la única, se transforma en otro problema.

El juego de ordenador puede ser eficaz para superar la depresión y la fobia social.

Todavía no hay datos sobre estudios relacionados con este tema pero en Alemania ya tienen algunas cifras que muestran, entre otras cosas, que la mayoría de los jugadores regulares son varones y que la tercera parte de los adictos al juego de red, antes de conocerlos, no tenían síntomas de esa clase.

Más que prohibiciones lo que resulta más eficaz es proporcionar más información y educación sobre las posibilidades que existen de caer en una adicción.

Un potencial grupo de riesgo son las personas que sufren el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, porque consiguen estar más tranquilos cuando juegan. Sin embargo, los padres deben tener el control de la situación, si son menores, para evitar que caigan en la dependencia.

Estos juegos funcionan las 24 horas del día y consisten en un mundo virtual donde el que juega elige un personaje y lo va desarrollando a través del tiempo tratando de elevar su nivel mediante el cumplimiento de determinadas misiones.

El hecho de exigir la colaboración de otros para cumplir con su propósito les crea un compromiso con ellos, que los obliga a permanecer on-line cada vez más horas.

Lo mejor es que los padres hablen con sus hijos de este problema y conozcan las necesidades que le aportan los juegos para poder recurrir a otras estrategias que les brinden los mismos efectos.

Poner límites de tiempo, 6 horas como máximo, y acordar el respeto de los horarios de comida y de sueño, puede ser eficaz en niños menores.

Pero lo más operativo es que la persona tenga una motivación propia para modificar su conducta; porque el adicto tiene que encontrar una forma personal más constructiva de obtener lo mismo que le brinda el juego.

El objetivo de la terapia para esta adicción es que aprendan a manejar el uso del ordenador en forma saludable, descubrir qué función desempeña el juego en la vida del individuo y encontrar la forma de satisfacer las mismas necesidades por otros medios.

En cuanto al juego preferido, lo mejor será abstenerse.

La terapia de grupo de no más de ocho personas con problemas homogeneos, es la más indicada.

Fuente: Mente y Cerebro, “Adictos al mundo virtual”, entrevista realizada por Christiane Gelitz a Klaus Wölfling, Berlin, Alemania.


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Abuso de alcohol en ambos sexos

El abuso de alcohol aunque sea en forma ocasional, en las mujeres jóvenes, puede provocarles graves daños neuropsicológicos tanto cognitivos como de la memoria.

El consumo de alcohol y tabaco es considerado legal en casi todo el mundo, a pesar de haberse comprobado que ambos son factores de riesgo de graves enfermedades y que hasta pueden provocar muerte prematura. Sin embargo, no impide que estas sustancias continúen siendo fácilmente accesibles y que sean aceptadas en la sociedad, que se hayan incorporado a las tradiciones y a los cultos y que sean utilizadas para facilitar las relaciones sociales.



Los hábitos de consumo de alcohol han ido modificándose a través del tiempo, pasando de ser un complemento moderado en las comidas diarias para convertirse en un hábito abusivo en fiestas y reuniones juveniles de fin de semana, como estimulante, para el esparcimiento o como un recurso de desinhibición social.

En España las estadísticas del Plan Nacional sobre drogas muestran que más de doscientos mil jóvenes se embriagan todos los fines de semana; que uno de cada ocho adolescentes se ha emborrachado más de veinte veces en su vida y uno de cada seis ha abusado del alcohol casi todos los fines de semana del último mes antes de la encuesta.

El aspecto preocupante de este fenómeno es la consecuencia que tiene el abuso de alcohol sobre el sistema nervioso central.

Una borrachera o un consumo elevado durante todos días pueden provocar degeneración neurológica en algunos circuitos cerebrales y producir alteraciones cognitivas.

El alcohol es un tóxico que principalmente provoca un déficit de memoria y de las funciones cerebrales relacionadas con la planificación, la abstracción, la capacidad de anticipación y de decisión, etc.

Los resultados de las investigaciones sobre los efectos del alcohol en animales coinciden con los que se producen en humanos en estado de ebriedad.

Por ejemplo, los roedores que han sido sometidos a la toxicidad del alcohol durante cortos períodos de tiempo sufren daño cortical límbico, sin necesitar una exposición prolongada para que su sistema neurológico o cognitivo quede dañado.

En la adolescencia, los efectos del alcohol son mayores, ya que es en esta etapa cuando se producen en el cerebro importantes cambios fisiológicos y madurativos, que el uso abusivo de estas sustancias puede alterar.

Además del riesgo de caer en la dependencia, estar alcoholizado aumenta el nivel de agresividad, favorece la violencia, los ataques sexuales y los accidentes.

Desde hace veinte años, las mujeres ocupan buena parte de las estadísticas relacionadas con el alto consumo de alcohol.

El Instituto de la Mujer de España, revela que desde los catorce años, cerca de 850.000 mujeres españolas abusan del alcohol y que las jóvenes de 19 a 24 años son las que registran el mayor índice de consumo.

Lo inusual es que el perfil de las mujeres que abusan del alcohol son personas que pertenecen a un medio sociocultural alto y de buen nivel de educación que habitan las grandes ciudades.

La mujer es más sensible al alcohol que el hombre y más vulnerable a su toxicidad, porque las enzimas femeninas para metabolizarlo son menos activas causando mayor intolerancia con menos cantidad de alcohol ingerida, por lo que puede provocarles los mismos efectos neurodegenerativos que produce en los hombres aunque consuman menos alcohol que ellos.

Los expertos consideran aceptable que los jóvenes sólo consuman hasta dos unidades de bebida standard por semana como máximo, para evitar problemas neuropsicológicos graves que son de muy difícil recuperación.

Una unidad de bebida equivale a una caña de cerveza o a un vaso chico de vino, mientras las bebidas combinadas equivalen a dos unidades.

Fuente: “Mente y Cerebro”, “Mujer y Consumo de alcohol”, María Dolores Escarabajal y Vanesa Franco. Ed. No.42/2010
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El adicto y el malo son enfermos curables

La persona malvada, además de resentimiento, tiene una visión del mundo como un lugar amenazante y peligroso donde todo puede pasar y donde sólo se puede vivir a la defensiva, preparado para el ataque, mediante el empleo de la violencia.

Esa persona, además de ser violenta puede ser adicta a alguna sustancia como el alcohol o las drogas, para aliviar el estado de ansiedad que aprendieron en sus experiencias negativas vividas en la infancia.

Un padre violento que castiga a sus hijos y a su mujer, tendrá hijos que aprenderán a ser violentos y es probable que caigan en una adicción.



Un acto de maldad o una adicción, está reiterando la necesidad de liberarse de la tensión que provocó un acontecimiento de temor y frustración del pasado que es revivida en el presente ante una amenaza del peligro, que pone en peligro la seguridad y la integridad.

Vivimos en una sociedad violenta que nos agobia diariamente con agresiones, poniendo a prueba nuestra capacidad de tolerancia y de resistencia a la frustración.

Los cambios cada vez más acelerados nos obligan a adaptarnos para poder sobrevivir y no todos lo logran, sufriendo una sensación de aislamiento y de pérdida de pertenencia al grupo.

Cada experiencia psicológica tiene una concomitante orgánica, creando nuevos circuitos neuronales, que a su vez condicionan la conducta.

Un acto de maldad es el síntoma de una patología mental producto de las modificaciones que sufrieron las neuronas a raíz de experiencias traumáticas y de privación en la infancia.

La neurociencia ha demostrado que el cerebro posee la capacidad de plasticidad y que todas las células tienen memoria.

Así como se transforman los circuitos cerebrales debido a circunstancias vitales de privación, también puede cambiar si ese estado de carencia se modifica.

Sin embargo, además, todas las células del cuerpo poseen memoria y ante una situación de estrés que amenace a un individuo ahora, volverán a activarse los recuerdos de antes, según las antiguas pautas.

Por esta razón las adicciones se pueden controlar pero se consideran imposibles de erradicar en forma definitiva.

No obstante, Deepak Chopra afirma desde el Ayúrveda, antigua medicina de la India, que la curación a nivel cuántico es posible, porque la memoria de la salud perfecta tampoco se pierde, ya que sólo ha sido distorsionada la inteligencia que existe en lo más profundo de las células y esto se puede modificar.

Los programas de desintoxicación, así como las psicoterapias para los problemas de conducta, aunque pueden ayudar, no son suficientes, porque tanto las adicciones, como los malos hábitos de comportamiento, se pueden controlar pero no en forma definitiva; porque a la primera situación que genere ansiedad volverán a reiterarse esas conductas.

El Ayúrveda propone que si se le ofrece al adicto o a la persona con un comportamiento antisocial, una fuente de mayor satisfacción, es altamente probable que abandonarán por completo esos hábitos.

Los estudios realizados en Estados Unidos y en Europa, han demostrado que la Meditación Trascendental que se enseña a los adictos, disminuye su ansiedad y también su deseo de consumir; y los pacientes que son tratados en las primeras etapas de su adicción tienen mayores posibilidades de curación.

La meditación, practicada diariamente, actúa sobre la memoria de las células a nivel profundo, hasta que éstas, con el tiempo, vuelven a su estado normal.

La meditación repara el camino de la inteligencia y las células seleccionarán en forma automática las señales saludables del cuerpo.

La meditación permite tomar conciencia de que somos más que un cuerpo y que la realidad tiene una dimensión mucho más amplia de la que vemos.

Algunos personas que han estado en prisión durante mucho tiempo, que aceptaron integrarse a un programa de rehabilitación basado en la fe; cambiaron drásticamente y se convirtieron en seres diferentes, capaces de comprender y amar a sus semejantes y deseosos de transmitir sus experiencias.

Fuente: “La Perfecta Salud”, Deepak Chopra, Vergara, 1993.
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El hábito de fumar

Conozco gente que fuma desde muy joven y que a pesar de haber sufrido graves enfermedades coronarias o serios trastornos vasculares, continúan con el hábito de fumar como si nada.

El adicto al cigarrillo parece no querer tomar conciencia de que su hábito puede matarlo.

Los jóvenes suelen iniciarse en este hábito para sentirse más relajados y mostrarse más desinhibidos socialmente y lo mismo se hace con el alcohol.



Gracias a las campañas contra el tabaquismo, los fumadores cada vez más ven restringidos los lugares donde se les permite fumar.

Ahora, en algunos países sólo pueden fumar en su casa, si es que viven solos y no desean dañar a sus familiares, o en la calle o en espacios abiertos.

El fumador pasivo es el que está obligado a respirar el humo del cigarrillo de los fumadores que se encuentran a su alrededor, que le puede provocar los mismos trastornos que al adicto.

Los fumadores no pueden abandonar el cigarrillo por su cuenta, ya que sólo un reducido porcentaje de ellos lo puede lograr, mientras el resto, o sea la mayoría que desea dejarlo, fracasa y vuelve a reincidir al poco tiempo en la primera oportunidad.

La adicción al cigarrillo es una enfermedad que exige un tratamiento médico y psicológico, y además es recomendable contar con el apoyo de un grupo que tenga la intención de deshacerse de ese hábito.

La nicotina es la sustancia con más poder de generar dependencia tanto física como psicológica. Es la droga que llega más rápido al cerebro, ya que en solamente ocho segundos causa su efecto.

Pero además de nicotina, el cigarrillo contiene una gran variedad de sustancias que son cancerígenas.

El humo del cigarrillo contamina el aire que respiramos todos, y su efecto no se disipa sino que se integra a la atmósfera. De manera que representa una amenaza tanto para el fumador, como para su familia y para el ambiente.

El ejercicio aeróbico realizado diariamente durante treinta minutos puede ser el hábito saludable que ayude a sustituir el hábito de fumar. Esta práctica permite recuperar el buen funcionamiento de los pulmones y a eliminar las toxinas que se han acumulado durante muchos años de adicción.

Sin embargo, las células cerebrales poseen memoria de los hábitos adquiridos y aunque un fumador deje de fumar siempre será sensible a la nicotina. Por esta razón, el hábito de fumar, como cualquier otra adicción, se puede controlar pero no erradicar definitivamente.

Dejar de fumar libera a un fumador de la esclavitud del cigarrillo, lo hace sentir más saludable y más fuerte, mejora su piel y recupera el sentido del gusto y del olfato.

Pero lo más espectacular es que reduce el riesgo de sufrir un infarto, mejora la circulación y el estado de los pulmones; y luego de quince años de abstinencia, el riesgo de padecer de cáncer de pulmón, laringe y esófago es igual al de una persona que nunca fumó.

Un hábito dañino es un obstáculo en la vida que impide desarrollar todo el potencial y perjudica las relaciones interpersonales y el trabajo; pero cambiarse a sí mismo es el mayor desafío para un ser humano; porque significa estar dispuesto a aprender a vivir otro estilo de vida.


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Adolescentes en riesgo de adicción

La adicción a las drogas o al alcohol no respeta ningún nivel social, porque cualquiera las puede obtener con facilidad y son pocos los adolescentes que no disponen de dinero que no estén dispuestos a robar para conseguirla.

Un adolescente puede comenzar a consumir drogas o tomar alcohol por varios motivos; porque está atravesando una etapa crítica de la vida que en las grandes ciudades se hace más difícil, debido a la disolución de su familia, a los padres ausentes, por no tener ninguna figura de autoridad que sea significativa como para poner límites y fijar pautas de comportamiento o por desilusiones sentimentales, crisis de identidad, complicidad con el grupo de pares, inseguridad, debilidad de carácter o baja autoestima.



Un adicto siempre se puede recuperar gracias a los adelantos de la medicina, de la psicología y de la psiquiatría.

Con el apoyo familiar y el tratamiento adecuado hay esperanzas, aún cuando se niegue a ser tratado.

Los adictos son personas inmaduras aunque sean mayores de edad, por eso es importante que los familiares asuman el control y no se rindan.

Los padres tienen que poner las reglas y ofrecer modelos de conducta que sean dignos de ser imitados.

El no cumplimiento de las normas de conducta establecidas debe tener el esperado castigo, que no debe ser físico sino significar pérdida de privilegios y deben ser firmes en su aplicación.

Los límites deben tener una explicación que se relacione con la salud y el bienestar de los hijos.

Los jóvenes adictos carecen de la educación adecuada y de guía y su frustración hace que adopte comportamientos violentos.

Cuanto más temprano comienzan a consumir, que es el momento en que el sistema nervioso está en plena evolución y cuando se es más vulnerable; más grave es la situación y más larga la recuperación. Así opina el Dr. Juan Alberto Yaría, director de la Comunidad Terapéutica Gradiva y S.O.S.

Todo esto, sumado a la falta de contención familiar y a la ausencia de valores, representa el campo propicio para iniciarse en la drogadicción desde muy joven.

Algunos padres niegan que su hijo pueda estar consumiendo aunque sea evidente que su conducta haya cambiado.

Es necesario prestar atención a ciertas actitudes como falta de responsabilidad, pérdida de la atención y de la memoria, impaciencia, impulsividad, hiperactividad, desorganización, dificultades para tomar decisiones y para aprender de las experiencias, ataques de ansiedad, distorsión de la percepción, desgano o indiferencia.

Los padres deben permanecer unidos en esta situación e evitar contradecirse y ser coherentes.

Los hijos necesitan padres firmes, que les den el ejemplo, que les inculquen valores, que sean comprensivos y que estén atentos y dispuestos a hacer lo posible para ayudarlos y comprenderlos.

La autoridad es un rol que hay que asumir y que implica hacerse cargo de la situación, poner las reglas y hacerlas cumplir con plena convicción.

Los adolescentes deben recibir estímulo por sus conductas correctas y sus buenas decisiones, reconocimiento por sus logros y reprobación cuando se comportan en forma inadecuada.

Ayudarlos a asumir responsabilidades es enseñarles a hacer las cosas por si mismo, no hacerlas por él.

Un hogar necesita un espacio para la comunicación, o sea la oportunidad cotidiana de poder hablar, escuchar y ser escuchado, por eso es importante compartir actividades y alguna comida del día con los hijos, evitando tener el televisor encendido.

Los padres suelen avergonzarse de elogiar a sus hijos o de decirles que los aman y de mostrarles reconocimiento cuando hacen las cosas bien, sin embargo, la crítica parece ser lo más fácil para ellos.


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Adicción al Tabaco

Se puede afirmar que todos los médicos desalientan el hábito del cigarrillo, considerándolo perjudicial para la salud; sin embargo existen intereses económicos y políticos que interfieren y hacen más difícil la erradicación de esta adicción.

Si bien se ha avanzado mucho en defensa del consumidor mediante advertencias obligatorias en los mismos envases de los cigarrillos, prohibición de fumar en lugares cerrados y alertando sobre la incidencia del consumo de tabaco en el desarrollo del cáncer de pulmón, a los gobiernos les resulta difícil prescindir de los enormes ingresos en impuestos que pagan las tabacaleras.

En cuanto a los empresarios, aprovechan que el tabaco siguen siendo un producto legal para no ceder a las campañas antitabaco, sin tener en cuenta que están vendiendo una droga que se sabe contribuye a matar a más de mil norteamericanos por día.

El tabaco es diferente a las otras drogas, como la cocaína o la heroína, porque influye en mayor proporción en la economía de un país, abarca la mayoría de los sectores de la población, y no condiciona la libertad personal.



Mientras las plantaciones que producen cocaína y amapolas, que es de donde se extrae el opio, son de importancia para países como Perú y Afganistán, que son presionados por el gobierno de los Estados Unidos para que no las cultiven; casi todo el tabaco que se consume en el país del norte proviene de plantaciones legales dentro de ese mismo país, aunque más de cuatrocientas mil personas mueran por año debido al cigarrillo, muchas más que las que mueren afectadas por el uso de las demás drogas.

Las advertencias de no fumar no han tenido gran repercusión en el público y aunque el tabaco es ilegal para los menores, hay más de tres millones de fumadores adolescentes.

El cigarrillo, a pesar de todo, sigue siendo un hábito de consumo difícil de erradicar en el mundo. En China, por ejemplo, los fumadores superan a toda la población de los Estados Unidos.

Tanto el tabaco como el alcohol formaron parte a lo largo de la historia, de ceremoniales de tipo social o religioso.
En América existía el ritual de fumar la pipa de la paz entre tribus antagónicas, cuando llegaban a algún acuerdo.
Es probable que los exploradores europeos descubrieran el tabaco y lo introdujeran en Inglaterra en el siglo XVII.

En Europa se fumaba desde que Colón descubrió América y ya desde esa época se convirtió en un hábito popular que no se pudo detener.

Antiguamente el tabaco se masticaba, se inhalaba en forma de vapor, se fumaba en pipa o en forma de puros y todos estos complicados métodos limitaban el consumo.

Pero en el siglo XIX, al inventarse las máquinas para hacer cigarrillos, se llegaron a producir más de cien mil cigarrillos por día.

En los años veinte del siglo pasado, fumar era considerado, en la sociedad norteamericana, un signo de sofisticación y marcaba un estilo personal, lo que supuestamente incrementaba el atractivo.

Pero recién en los últimos veinte años se produjo un gran cambio de conciencia a gran escala en ciertos segmentos de la población.

El principal efecto psicoactivo del cigarrillo, que es la nicotina, tiene un alto poder adictivo. Con relación a la cocaína, casi la mitad de los que prueban el tabaco se convierten en adictos, mientras solamente entre el tres y el veinte por ciento de los que prueban cocaína se hacen adictos.

Para dejar de fumar, más que el temor a contraer cáncer, resulta más operativo tener la plena y sincera intención de hacerlo y asociar la abstinencia con recuerdos placenteros, como el aire libre, las plantas, la práctica de ejercicios físicos sin jadear ni cansarse y el placer del aumento del sentido del gusto y del olfato que se produce cuando se deja de fumar.
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Adicción al Alcohol

Las bebidas alcohólicas fueron parte integrante de ceremoniales culturales y religiosos en las comunidades humanas desde el principio de la historia hasta nuestros días.

Por otra parte, en cada reunión familiar, amistosa o de camaradería, en fiestas y celebraciones de todo tipo, las bebidas alcohólicas son inevitables y el champán es casi una obligación; en cuando a la cerveza y el vino se encuentra en la mayoría de los hogares, aún en los más humildes y gran cantidad de jóvenes no necesitan celebrar nada para tomar varias cervezas todos los días.

Sin embargo, la bebida, más allá del placer que puede proporcionar, puede ser responsable de peleas y discusiones y llevar a las personas a perder el control y cometer delitos graves cuando se abusa de ella.



En Estados Unidos, hace ciento cincuenta años la bebida de alta graduación alcohólica se convirtió en un grave problema para la población. Posteriormente el consumo fue descendiendo, sin embargo, en 1989 la cifra de cerveza per cápita es muy elevada.

El 50% de las bebidas alcohólicas las consume el diez por ciento del total de bebedores habituales y dentro de ese diez por ciento se encuentran los alcohólicos y los dependientes del alcohol.

La dependencia al alcohol se distingue de la adicción al alcohol, en que llega a obstaculizar la vida del sujeto hasta el punto que si tiene que prescindir de él, la persona se pone molesta e incómoda y no puede disfrutar de otras cosas, sin alterarlo físicamente. En cambio el adicto al alcohol, si no bebe puede sufrir un síndrome de abstinencia orgánico.

Se supone que la ingesta de alcohol en la tierra debe de haber comenzado al ver la reacción que producía en los animales la ingesta de frutas fermentadas.

El problema del alcohol no es su uso discrecional sino el abuso, ya que en dosis pequeñas puede tener una acción benéfica reduciendo el riesgo de sufrir un ataque cardiaco y beneficios emocionales en reuniones y celebraciones.

El alcohol es como el fuego, puede ayudar a acercar a las personas pero también puede destruirlas.

El alcohol es una de las drogas más perniciosa porque destruye todos los órganos y es de la que más se abusa en muchos países. Una adicción de mucho tiempo daña el páncreas, el estómago, el intestino delgado y también las facultades mentales.

Ciertas formas de cáncer están asociadas con el consumo abusivo del alcohol, como por ejemplo el cáncer de esófago y el de hígado, que suele ser una complicación frecuente de alteraciones de su estructura y de su funcionamiento.

El abuso de alcohol también produce violencia, accidentes de tránsito, y está asociado a la obesidad y el adicto al alcohol tiene problemas legales, económicos, laborales y serios conflictos familiares

En Estados Unidos, el 85% de los problemas de adicción se deben al alcohol.

Los rasgos característicos de un alcohólico son

1) el alcohol es su prioridad
2) con el tiempo aumenta su tolerancia y necesita beber más cantidad
3) siente ansias desmedidas de beber en cualquier situación
4) tiene un conflicto interno que no puede resolver de otra forma
5) su vida se vuelve desordenada y pierde trabajo, familia y amigos.

Un alcohólico necesita ayuda y la mejor es concurrir a Alcohólicos Anónimos, que son grupos de personas que comparten el mismo problema y que se contienen mutuamente.
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Depresión y alcoholismo; la relación fatal.

La relación entre el alcoholismo y la depresión es directa y tiene lugar en un doble sentido. De un lado el alcohol es utilizado por muchas personas con depresión para paliar la sensación de tristeza, y tratar de escapar momentáneamente de la garra de la ansiedad, y del otro el consumo continuado de alcohol acaba por precipitar al bebedor hasta una depresión en buen número de casos.



El alcohol es una sustancia capaz de producir estados de relajación y euforia, cuyos efectos son percibidos con rapidez por la persona que lo ingiere. Los citados efectos refuerzan la conducta de ingesta, de manera que la frecuencia y cantidad de su consumo tienden a aumentar (por más que muchos bebedores se nieguen a admitirlo).

Lo que en un principio no es más que un comportamiento de evasión o escape en busca de placer, muy pronto se convierte en una conducta de evitación, buscando la persona adicta el consumo de bebidas alcohólicas como forma de impedir que tengan lugar los desagradables efectos del síndrome de abstinencia o retirada, caracterizado fundamentalmente por ansiedad y nerviosismo, pudiendo llegar a delirios como las temidas zoopsias o las micropsias, más cercanas a las psicosis que a las neurosis.

Podemos encontrarnos con personas que beben para "escapar" de un estado depresivo, y personas que entran en debacle depresiva por la ingesta excesiva y continuada de alcohol. Este círculo se puede ir viciando hasta que nos resulte muy difícil determinar qué ha sido causa de qué.

Sea como fuere, la depresión se complica en aquellas personas que padecen alcoholismo, por leve que sea éste (nuestro criterio profesional es que cualquier alcoholismo es grave). El terapeuta puede ver cómo los síntomas se enmascaran, en buena parte, en una persona bebedora que no reconoce el alcance de su alcoholismo, por lo que el diagnóstico puede ser engañoso y, consiguientemente, entorpecer la terapia contra la depresión, retardando y agravando el problema y sus terribles secuelas.

Muchos alcohólicos actúan normalmente cuando se encuentran bajo los efectos del alcohol, resultando habilidosos socialmente e incluso brillantes, lo que contribuye a aumentar todavía más la confusión. Todo el mundo tiene in mente a una persona tirada en la acera junto a un cartón de vino, por lo que no piensa ni remotamente que su pareja o él mismo pudieran estar en ese mismo trance aunque viviendo bajo un techo digno.

La comorbilidad depresión-alcoholismo es extensa, pudiendo llegar a niveles del 36% en alcohólicos que cursan con padecimientos psicológicos, cuyo máximo exponente es precisamente la depresión.

En cuanto a la incidencia del alcoholismo en mujeres y hombres, en los varones occidentales llega a ser hasta cinco veces mayor que en las mujeres. Pero cuidado con estos datos; Las mujeres suelen tener más dificultades para reconocer el problema que los hombres, y suelen beber en el hogar más que en lugares públicos por una cuestión de prudencia social. El alcohol ha ido tradicionalmente asociado a la condición masculina y, hasta hace poco tiempo, su consumo estaba bien visto en todos los estratos sociales. Este dato, ampliamente desfavorables a los hombres, se relaciona directamente por una menor presencia masculina en las consultas especializadas en depresión.

El alcoholismo no hace otra cosa que enmascarar los síntomas depresivos, retardando la solución ante un problema de depresión y al propio problema que genera el alcohol. No es de extrañar que los psicólogos observen una mayor dureza en la sintomatología depresiva de los hombres que finalmente deciden sentarse frente a ellos, sobretodo cuando la depresión y el alcohol han convivido con el paciente mucho tiempo.

La pregunta más frecuente cuando se habla de alcoholismo y depresión es... "¿Se deben abordar ambos problemas como si fueran un todo? o, por el contrario, debe abordarse primero un problema y luego el otro". Lo primero es definir cuál es el problema principal y cuál el secundario, saber si es la depresión una consecuencia o un factor favorecedor del alcoholismo y viceversa (no olvidemos que muchos alcohólicos no padecen depresión y la mayoría de las personas que sufren depresión no son alcohólicas).


También debemos estar seguros de que la ansiedad que presenta el paciente con depresión no es consecuencia de la resaca (durante la resaca aparecerá ansiedad en proporción directa a la cantidad de alcohol ingerido), de manera que no enturbie el diagnóstico.

Una vez establecida esta línea base primordial, se procederá al abordaje terapéutico sin olvidar nunca la concomitancia de ambos factores

Hecha esta clasificación nos vamos a encontrar ante alcohólicos que padecen depresión y depresivos que padecen alcoholismo. La terapia inicial y posterior se encontrará orientada de distinta forma según sea.

Conviene dejar bien claro que, en ambos casos, los pacientes con depresión y alcoholismo son más resistentes a las terapias que el resto de pacientes, y que presentan un mayor número de comportamientos autodestructivos que los demás. Por este motivo, acudir a consulta en cuanto se tome consciencia del problema resulta primordial. No se crea, ni de usted ni de nadie, el clásico "lo dejo cuando quiera, yo no bebo tanto como otros" o "sólo soy un bebedor social".

En cuánto a saber cuándo ha llegado el momento de solicitar ayuda es muy sencillo, en el momento de sospechar (aunque sea levemente) que se tiene cierta dependencia del alcohol (deseos de tomar una copa ante cualquier dificultad, ganas de beber a horas "socialmente" inapropiadas, dificultades de relación social si no es con un vaso de vino o cerveza en la mano...). No espere a tambalearse, ni a que su pareja le amenace con el divorcio, a que le acaben echando del trabajo, o simplemente a que le aparezcan temblores en la mano cuando llega la hora de beber. Acabar con la adicción al alcohol resulta más fácil cuanto más pronto se solicita ayuda especializada.

Recuerde que el alcohol que antes le reducía los niveles de ansiedad ahora se los eleva, particularmente cuando se encuentra con resaca.

Otra cuestión fundamental y de franca dificultad se produce cuando el alcoholismo y la depresión la padece una persona del entorno incapaz de reconocerlo, y mucho menos de acudir a una consulta especializada. En tal caso le recomendamos que no se desgaste en insistentes reproches, que no emplee la amenaza ni otras formas de comunicación de resultados inciertos. Acuda usted a consulta especializada y ponga el caso en manos del terapeuta. El le ayudará.
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EL SINDROME DE BLANCANIEVES. MAL DE MUCHOS...

Existe gran confusión a la hora de definir un mal que puede afectar a las mujeres a partir de los cuarenta años. En efecto, el "Síndrome de Blancanieves" se ha descrito de muchas maneras y hay muchos autores que reclaman su paternidad, sin que nadie sepa a ciencia cierta a quíen se atribuye esta denominación (lo mismo que sucede con otros síndromes y patologías psicológicas).

Si hacemos una compilación entre las innumerables definiciones de Síndrome de Blancanieves podremos describirlo como aquel...



"Estado depresivo o pre-depresivo que tiene lugar en la mujer al llegar a la edad madura, en el que se cuestiona su vida pasada, anhela la belleza de la juventud y manifiesta una prisa excesiva por conseguir una nueva pareja".

Como todo síndrome, se trata de una relación de variables múltiples y complejas, que pueden desglosarse en...

    Temor a una vejez en soledad.

    Ansiedad manifestada ante la belleza de otras mujeres más jóvenes.

    Rabia contenida por haber dedicado su vida al cuidado de la prole, sin más compensación que el desgaste vital.

    Desesperación por mantener relaciones con hombres que reafirmen su atractividad.

    Aumento de la frecuencia de las salidas a lugares donde se buscan relaciones interpersonales.

    Preocupación excesiva por la salud y la belleza.

    Tristeza ante la alegría de otras mujeres que han conseguido encauzar su vida en compañía.

    Ingesta compulsiva y aumento en el consumo de alcohol.

    Distorsión del autoconcepto.

Cada fin de semana, miles de mujeres se contornean en discotecas y bares de copas en busca de las miradas de los hombres maduros, y de jóvenes dispuestos a apreciar la belleza de una mujer añosa. Comportamiento habitual ahora, que épocas pretéritas hubiera sido censurado de forma contundente y que está adquiriendo tintes masivos, cuya muestra más evidente es la invasión de los espacios juveniles de ocio por maduros y maduras en busca de contactos, en su mayoría alegando que "sólo van a bailar".

Uno de los aspectos que definen este síndrome resulta de la indefinición del autoconcepto, por el que algunas de las sufridoras del Síndrome de Blancanieves se perciben merecedoras de algo mejor a lo que se les ofrece normalmente. De esta manera rechazan numerosos pretendientes que pudieran acabar con su situación de precariedad afectiva. Una distorsión de la propia imagen les lleva a no ponderar adecuadamente sus atributos femeninos internos y externos, y se convierte en una trampa que sólo les procura infelicidad.

A menudo, el Síndrome de Blacanieves se confunde con el "Síndrome de Cenicienta". Ambos son de naturaleza muy distinta refiriéndonos, en el segundo caso, a la relación ambivalente (amor odio-temor) del niño adoptado hacia sus adoptantes. Nada que ver, como vemos, por más que algunos se empeñen en aumentar la confusión que de por sí se desprende del síndrome que nos ocupa.
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El problema de estos "nuevos adolescentes" es que no cuentan con ningún referente cercano. Hasta ahora no había tenido lugar semejante concentración de personas en edad madura en busca de compañía, no hay una pauta a seguir; todo comportamiento representa un riesgo y todo es improvisado en una jungla donde la experiencia del otro ya no nos sirve.

La vuelta a las intrigas de amoríos, la dura competición en busca de un macho alfa, el deseo de resurreción del brazo de un señor con medios... Todo se convierte en un mundo nuevo donde vale cualquier cosa con tal de compensar el sufrimiento de un duelo que ya pasó.

El estudio del comportamiento de las mujeres separadas de ahora, de sus anhelos, sus gozos y sus sombras no ha hecho más que empezar. Muy pronto, psicólogos y sociólogos comenzaremos a catalogar, medir y determinar los valores de este nuevo grupo social que se nos antoja esquivo a todo estudio. Un nicho social que no debe quedar sin reglamentar.

Claro que los hombres tienen su síndrome, y que expían sus penas de soledad en estos lugares, en quedadas de "singles" o en cruceros exprofeso para solteros y solteras. Pero la historia de los hombres solos es otra historia...
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Depresión, sexo y sexualidad; la relación alterada.

El sexo forma parte de la vida y la vida sufre una alteración perceptiva importante con al depresión, sea cual fuere su forma. Uno de los síntomas que más evidencian los estados depresivos es la dejación en la búsqueda del placer, y el sexo es el mayor de los placeres físicos concebidos por un ser humano sano. Todo ello sin contar con el placer psicológico que resulta de hacer gozar al ser querido, mientras sentimos placer nosotros mismos.



Aunque estudios muy concienzudos aseveran que "casi un tercio de los pacientes con depresión tienen alterada su conducta sexual", la realidad diaria nos indica que, en la mayoría de los casos, la depresión ha hecho mella en las relaciones sexuales y con posterioridad puede alterar las afectivas.

En efecto, los parámetros libidinosos del deseo sexual, la atracción por alguien del otro sexo y la necesidad de conquista pronto se ven alterados, dejando paso al resto de síntomas de la depresión. Parece como si la persona en este estado no dejara aflorar sus emociones y sensaciones primarias, tratando todo el tiempo de recrearse en sus pensamientos negativos.

Mención especial merece la depresión en el hombre. En este caso puede suceder justo lo contrario, que la conducta sexual se altere aumentando significativamente su tasa, llegando incluso a incurrir en sexo compulsivo o adicción al sexo en forma de frecuentes visitas a lugares de tolerancia diversos. Este caso es mucho más raro en la depresión de la mujer, si bien los comportamientos adictivos sexuales pueden darse en ambos casos sin necesidad de que concurra episodio depresivo alguno. (Las adicciones sexuales no nos ocupan en este artículo).

Es posible que una carencia afectiva importante lleve al hombre solo a desenvolverse en submundos donde el sexo tiene un precio, que en ocasiones se paga por conseguir cariño circunstancial, sin compromiso alguno.
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Durante el transcurso de una depresión, los sentimientos de culpa, la inseguridad, la baja autoestima y un pésimo autoconcepto (algunas personas con depresión manifiestan rechazo a su propio cuerpo) dificultan sobremanera las relaciones sexuales especialmente en el hombre, que requiere de una erección plena para culminar el intercurso sexual.

Bien es verdad que algunas mujeres consienten la relación por miedo a perder a su pareja, posiblemente tocada por la depresión de su compañera. Sin embargo, es muy posible que no alcancen el orgasmo en la mayoría de las ocasiones, cuando no se trate de una anorgasmia sobrevenida por causa de la depresión que padece.

Un estado de libido alterado como consecuencia de los estragos de la depresión no debe abordarse mediante terapia sexual. Muy al contrario, se debe abordar la depresión como factor mantenedor de estas alteraciones sexuales.

Si el terapeuta lo considera conveniente, puede recomendar algunos protocolos capaces de aumentar los niveles afectivo-sexuales de la pareja, aumentando la tasa de las conductas vestibulares sin necesidad de exponer al paciente al estrés de una relación sexual plena.
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