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Autoestima

Regulación, mejora y comprensión de la autoestima.

El Dominio del Cuerpo

Un cuerpo humano sin conciencia es como un animal salvaje, tiene las mismas apetencias y la misma necesidad imperiosa de satisfacerlas.

La conciencia es la que controla al cuerpo y no solo dirige el comportamiento y le brinda la capacidad de postergar sus deseos en virtud de aspiraciones más altas, sino que también influye en las funciones de los órganos.

Cuando el estado anímico está perturbado o el estrés altera la tranquilidad que el cuerpo necesita para funcionar correctamente, la conciencia puede restablecer el equilibrio y la armonía, fortalecer las defensas y evitar así enfermedades.



Casi todas las especies desarrollan instintivamente la capacidad de organizarse en grupos o colonias, donde cada individuo tiene su rol y lo cumple naturalmente sin pretender la función de otro ni rebelarse contra sus líderes dominantes.

Los animales viven en un mundo cerrado atados a sus instintos, pero el hombre es un ser libre que casi ha olvidado sus instintos.

Un cuerpo humano sin conciencia, razón o capacidad de juicio es como una hoja al viento, actúa y se desplaza por la vida en forma anárquica y sin ningún objetivo.

Se encuentra en una posición aún peor que la de cualquier animal, porque queda separado de su comunidad y aislado.

Para un ser libre, su conciencia debe ser el líder de su cuerpo; y si ésta desempeña correctamente su liderazgo será un persona en armonía con un cuerpo que funcionará correctamente en equilibrio con su ambiente.

El cuerpo sin conciencia tiende a actuar intentando satisfacer no sólo sus necesidades primarias sino también sus inquietudes secundarias adquiridas en su experiencia; y si no consigue aliviar sus impulsos rápidamente, de la misma forma que cualquier animal depredador, se vuelve agresivo e intenta conseguirlo con la violencia.

La conciencia es la única instancia que posee el hombre que lo puede hacer reflexionar y ayudar a postergar sus ambiciones inmediatas.

Solamente los seres conscientes de si mismos, que actúan respetando y obedeciendo a sus conciencias poseen dignidad humana.

La conciencia está en cada uno de nosotros, en algunos a flor de piel y en otros en la más profunda oscuridad de sus corazones; es el observador, el si mismo y el cuerpo debe estar a su servicio.

Hay que permitir que la conciencia aflore y ejerza su liderazgo sobre el cuerpo con seguridad y firmeza; y de esta manera podrá obtener lo mejor de su persona.

El cuerpo se siente mejor y funciona correctamente cuando lo dirige la conciencia; puede recuperar sus funciones normales, si las ha perdido, restablecer la salud de los órganos dañados y equilibrar cualquier desorden.

Así como el cuerpo es capaz de grandes hazañas y proezas cuando su conciencia lo obliga, así también puede normalizar su funcionamiento cuando está alterado.

Muchos temen a su propio cuerpo y sufren pensando en que puede enfermarse, pero la conciencia es el líder del cuerpo y si está empeñada en lograr su salud lo conseguirá.

Tanto los desequilibrios como el mismo equilibrio del cuerpo dependen de la conciencia, de su discernimiento, de su modo de asimilar las experiencias, de sus ganas de vivir, de sus valores y de sus proyectos.

Toda conciencia equilibrada, racional y calma es dueña de un cuerpo que funciona en forma correcta y organizada.

Como un animal salvaje, el cuerpo necesita una conciencia firme y segura que le de tranquilidad y que lo domine, para que ambos, cuerpo y conciencia, permanezcan unidos y alcancen la dignidad humana.
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Sustancias Alucinógenas – Segunda Parte

Las imágenes por medio de resonancia magnética y las distintas formas de tomografías, son las que se utilizan para entender y estudiar el estado total del cerebro y su funcionamiento.

Estas imágenes parecen representar algo real, pero hay que utilizarlas con precaución porque se obtienen mediante los cálculos estadísticos que realiza un ordenador.

Además de sufrir alucinaciones por efecto del ácido lisérgico o LSD, las personas pueden ver figuras geométricas, colores brillantes, sueños extraños y creer que ven u oyen a Dios; sensaciones que sugieren además un abordaje metafísico.



Para poder incursionar en este ámbito, privativo hasta ahora de la filosofía y la teología, los neurólogos han creado la neuro-teología, con el objetivo de derribar ese tabú y estudiar los fenómenos que se relacionan con la fe en un laboratorio y tratar de demostrar científicamente la existencia de una zona cerebral donde se procesa la idea de Dios.

En los años sesenta ya había sido comprobado que el LSD producía experiencias trascendentes, pero que también ocasionaba trastornos psicóticos.

Walter Pahnke, médico y teólogo norteamericano dedicado a estos estudios, utilizando voluntarios, realizó en Boston una experiencia experimental mística el Viernes Santo de 1962, en la que participaron alrededor de veinte estudiantes.

Al 50% de ellos se les administró treinta miligramos de psilocibina (principio activo de los hongos alucinógenos) y la otra mitad recibió un placebo.

El experimento se realizó en el sótano de una capilla desde donde escucharon por un altavoz la transmisión de la misa.

La mayoría de los voluntarios que recibió la droga vivió experiencias místicas.

En esa misma experiencia participó también el destacado teólogo, filósofo de la religión y académico universitario honorario, Huston Smith, quien refirió que al escuchar la voz de la soprano entonando un cántico sacro, cayó en un estado de trance que los hinduistas describen como experiencia Bhakti, de un amor infinito a un Dios encarnado.

Sin embargo, también hubo reacciones negativas, porque uno de los participantes sufrió después de la experiencia, un brote psicótico grave, a tal punto que se vieron obligados a aplicarle un neuroléptico (droga antipsicótica).

Roland Griffiths, psicólogo norteamericano dedicado a la investigación de las alucinaciones, repitió este experimento no hace mucho tiempo, pero esta vez en un laboratorio y no en una iglesia, también un Viernes Santo.

Dos tercios de los voluntarios que participaron tuvieron experiencias místicas que consideraron en general el acontecimiento más significativo de sus vidas.

La cuestión es como calificar estos fenómenos, si definirlas como experiencias místicas o como brotes psicóticos.

Este interrogante aún no ha sido aclarado y la incógnita permanece abierta hasta poder encontrar una respuesta.

Lo que si no se puede saber es cuál será la reacción, si bien se vivirá efectivamente una expansión de la conciencia y se tendrá la oportunidad de experimentar una experiencia sublime o apreciar la belleza del mundo, o si por el contrario se sentirá la angustia de la muerte inminente o la sensación del derrumbe psíquico con el riesgo de perder la razón.

Cualquiera de estos estados es posible, porque tanto las alucinaciones como las experiencias místicas se acercan peligrosamente a las sensaciones que se sufren en los brotes psicóticos.

Por esta precisa razón los alucinógenos son utilizados como modelos de las psicosis, además de ser útiles para el estudio de la conciencia y de los fenómenos místicos, ya que la actividad que se registra en el cerebro durante los brotes psicóticos se asemejan, aunque parcialmente, a la que provocan esas drogas.

Estos procedimientos han sido motivo de discusiones durante muchos años. Para algunos el LSD es la droga más peligrosa que existe porque puede destruir la moral de los jóvenes y llevarlos a la locura; mientras que para otros puede ser una forma de favorecer la creatividad y lograr paz interior.

Actualmente, estos experimentos se están volviendo a retomar en algunas universidades, después de haber sido prohibidos durante muchos años por las autoridades encargadas de la salud pública, por sus inciertos resultados y por los abusos.

Fuente: “Sustancias Alucinógenas” de Felix Hasler, Revista “Investigación y Ciencia, Mente y Cerebro”, Ediciones Prensa Científica, Barcelona, España, julio/agosto 2009


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La Autoestima y el Ser Auténtico

La persona que se niega a ser ella misma no puede tener autoestima, porque sabe que es sólo una imagen. Cree que si es auténtica se quedará sola y tendrá que renunciar a ser aceptada y querida.

Sin embargo, en general la mayoría de las personas rechazan la falsedad de las máscaras y saben apreciar y valorar lo genuino.

Algunas mujeres creen que si demuestran realmente quienes son y revelan su potencial de inteligencia, no tienen oportunidad de recibir amor, pero una cosa es ser inteligente y auténtica y otra diferente es ufanarse de ello.

La autoestima no comienza con el amor que nos puedan brindar los demás sino con el amor que tenemos por nosotros mismos, que antes que nada, es un sentimiento de valoración, reconocimiento, consideración, admiración y respeto hacia la persona que somos.



Recién cuando iniciamos esa vuelta hacia nuestra interioridad y nos revelamos frente a nuestra conciencia como un ser digno de ser apreciado y amado, podemos acceder al reconocimiento y amor de los otros, que sólo responden con sensibilidad cuando se encuentran con un ser diferente y único, que está bien consigo mismo, que se siente seguro y en equilibrio.

Los problemas de relación, la falta de crecimiento personal y el no poder expresar lo que realmente sienten, ya sea por temor, vergüenza o para evitar el rechazo, es falta de autoestima.

Si nos ponemos en el lugar del otro y nos miráramos desde afuera veríamos a alguien digno de amor y con el derecho de ser feliz.

En cambio, por ser inseguros, no tener convicciones firmes, no querer afrontar el compromiso con una postura personal y querer quedar bien con todo el mundo, tenemos que mendigar el amor.

Somos lo que creemos que somos y si estamos convencidos que tenemos que agradar a los demás más que a nosotros mismos seremos personas pasivas y complacientes, dispuestas a hacer sacrificios y a dejarse usar por los otros porque no han aprendido a poner límites ni a decir que no.

Todo lo que pensamos sobre nosotros mismos crea una imagen que nos obliga a actuar y a reaccionar para defenderla. Esa imagen, que nos esclaviza, es la máscara social que nos ponemos para los demás pero que sabemos muy bien que no es nuestro ser verdadero.

La máscara determina también nuestros valores, nuestros objetivos y cómo enfrentamos las circunstancias de la vida.

Esa máscara social puede llegar a tener éxito y hasta fama, pero en el fondo la persona puede creer que es un fraude, que su personaje no es él y que ha perdido la oportunidad de ser él mismo.

La autoestima es estar conforme con uno mismo, ser capaces de enfrentar los desafíos, lograr objetivos propios con la convicción de que somos merecedores de todo lo que obtenemos y queremos.

Tener autoestima es un signo de salud mental, ser capaz de vivir respetando las propias reglas y ser fiel a uno mismo, sin dejarse llevar por la opinión de la mayoría.

Si los padres contribuyeron de algún modo a desarrollar en sus hijos baja autoestima, existe la oportunidad de evaluar por si mismo quienes quieren ser y ser capaces de modificar antiguas estructuras basadas en opiniones ajenas, aunque sean las de los padres.

La autoestima permite ver el mundo desde una perspectiva positiva y optimista, porque lo verán no como perdedores sino como quienes tienen la oportunidad de creer que pueden ser felices, convirtiendo los problemas en desafíos y siendo capaces de hacer realidad cualquier proyecto.

La autoestima viene de adentro, no de afuera, porque los logros materiales pueden hacernos sentir bien por un momento pero no nos harán sentir más valiosos como personas.

El que necesita desesperadamente para ser feliz a las personas o a las cosas no está bien consigo mismo y tiene baja autoestima, porque se puede experimentar genuina felicidad también estando solo.


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La Autocuración

Curarse uno mismo asumiendo una nueva actitud en la vida es posible, y tener una excelente calidad de vida aún siendo anciano también.

La autocuración implica saber más de uno mismo, conocerse mejor, tener mayor conciencia de nuestras reacciones frente a los otros y ante las circunstancias y reconocer nuestro carácter y nuestro estilo de vida, porque las enfermedades expresan emociones reprimidas o ignoradas y palabras no dichas y pueden ser consecuencia de ciertos estilos de vida y de hábitos dañinos.

No siempre el envejecimiento prematuro y los achaques de la vejez se relacionan con causas físicas, a veces, el trastorno emocional provocado por una quimioterapia es más devastador que las propias drogas; y la pérdida de un ser querido más perjudicial para la salud que la predisposición de factores genéticos.

Las emociones producen trastornos fisiológicos y orgánicos a nivel celular que favorecen la entropía, o sea la tendencia a la destrucción y a la muerte celular, ocasionando daños irreversibles y permanentes.

Estar sano y mantenerse más tiempo joven, equivale a lograr el equilibrio entre creación y destrucción; y la inteligencia del cuerpo se ocupa de este equilibrio cuando éste funciona sin grandes tropiezos.



Una forma de mantener este equilibrio celular es darle algo que hacer al cuerpo, ya que se sabe que todo lo que no se usa se atrofia y favorece el envejecimiento.

El mayor riesgo de depresión, enfermedad, envejecimiento y muerte prematura lo tienen las personas sedentarias.

Está comprobado que aún los ancianos, tanto varones como mujeres, incluso centenarios, incrementan su fuerza, resistencia y masa muscular, en la misma forma que las personas más jóvenes de cualquier edad.

El incremento de la actividad física puede revertir los efectos previos de la entropía; y más aún si se combinan con una dieta alimenticia saludable y equilibrada.

El libro “Biomarkers” (biomarcadores), escrito por los científicos Williams Evans y Brian Rosenberg, señalan diez indicadores de la edad que actualmente se consideran reversibles:

1) Masa muscular delgada
2) Fuerza
3) Tasa de metabolismo basal
4) Grasa corporal
5) Capacidad aeróbica
6) Presión sanguínea
7) Tolerancia al azúcar sanguíneo
8) Proporción Colesterol/HDL
9) Densidad ósea
10) Regulación de la temperatura corporal

Estos marcadores se desequilibran con la edad y los más importantes de ellos son la masa muscular y la fuerza; porque el cuerpo tiende a duplicar su grasa y a perder la masa muscular, y los músculos tienen mucha influencia en la vitalidad del cuerpo.

Evans y Rosenberg afirman que si se adquieren músculos en edad avanzada los ancianos pueden rejuvenecer en forma notable todo el funcionamiento de sus órganos, mejorar la presión arterial, la tolerancia al azúcar sanguíneo, la declinación metabólica y la capacidad del cuerpo de regular su temperatura, además de hacer que se sientan más jóvenes y con mejor estado anímico.

Apenas veinte minutos de caminata, tres veces por semana, mejora los niveles de colesterol en sangre, aunque lo mejor es que la actividad física sea indicada individualmente según la edad y el estado físico.

Sin embargo, a pesar de estos beneficios sólo un veinte por ciento de los ancianos, en los Estados Unidos, se mantiene activo.

Fuente: “Cuerpos sin edad, mentes sin tiempo”, Deepak Chopra, Vergara, 1994


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Atención y Conciencia es Salud

Hipócrates decía que dentro de nosotros hay un poder curativo natural que es la mayor fuerza que existe para curarse.

Todo lo que atrae nuestra atención crece, de manera que si prestamos atención a situaciones o emociones negativas, éstas ocuparán más lugar en nuestra conciencia.

Estos fragmentos de negatividad que se van acumulando en la conciencia son los que nos enferman y los que producen estados de ansiedad y depresión que parecen no tener ningún motivo.

Esta inquietud interior nos hace sentir desamparados y no nos permite utilizar las energías en forma más adecuada.

Sólo cuando la atención logra enfocarse en algo que tenga significado para nosotros, es cuando favorecemos la creación de salud.



Son los objetivos personales los que motivan a las personas a vivir, tener una familia, ejercer con vocación una profesión o tener proyectos. Esa es la manera de vivir que el cuerpo necesita para responder con vitalidad; y si cambiamos los contenidos negativos de nuestra conciencia volvemos a recuperar la energía perdida.

Es común que la gente que tiene proyectos, cualquiera que sean, se levante a la mañana con ánimo, dispuesta a llevarlos a cabo; en cambio, personas que se empeñan en sentir que han fracasado, o que han perdido a un ser querido, o que están a punto de jubilarse y que han estado siempre aferrados a su trabajo, se enfermen o caigan en una depresión.

Una meta a largo plazo, como una misma ocupación toda la vida, puede poner a una persona en una situación muy vulnerable, porque su conciencia es estrecha y parece no tener lugar para otra cosa. Sin embargo, la vida es como un río caudaloso y muy ancho y el estado óptimo de atención es mucho más grande que cualquier objetivo único.

Estos estados de atención plena, abiertos a todas las posibilidades, no son afectados por ninguna circunstancia ni los agitan las crisis, porque crean serenidad y tranquilidad interna.

Cuando prestamos atención tanto al descanso reparador como a la actividad, la conciencia se equilibra y permanece íntegra y vital.

Las personas que gozan de este equilibrio tienen un aspecto diferente, son comprensivas y profundamente tranquilas y poniendo su atención sobre alguien logran relajarlo, porque irradian una calma cercana a la sabiduría.

Esto es lo que se necesita para crear salud y se denomina conciencia de si mismo.

El que haya logrado en alguna oportunidad ese estado, aunque sea por breve tiempo, o que haya experimentado la cercanía de alguien que lo haya experimentado, sabe que es algo que no se puede comparar con nada ni tiene precio.

Todos los valores mundanos, como el dinero o el físico, dejan de tener importancia, porque el autoconocimiento sólo da lugar a cosas positivas sin ningún esfuerzo, sin luchar, sólo dejando que la vida las haga posibles.

Otra forma de prestar atención a nuestros pensamientos negativos es tratando de resistirnos en oponernos a ellos, porque es inútil pelear con ellos.

Krishnamurti nos dice que el hecho de ser conscientes de nuestra torpeza nos libera de ella, porque nos obliga a prestar atención, a estar alerta y dejar de ser torpes; en cambio si uno se resiste, cada día será peor.

Ser inteligente no es ser erudito, ni astuto ni muy listo, sólo se es inteligente cuando se ven las cosas como son sin crear conflictos al percibirlos (me gusta no me gusta, lo acepto no lo acepto).

La atención más poderosa es la pura e inocente, esta atención permite que la vida fluya y crea salud.

Estamos a acostumbrados a funcionar mecánicamente, atados a planes fijos y nuestra verdadera inteligencia no puede operar.

Esta forma de vivir nos hace estar desatentos y nuestra verdadera naturaleza no nos puede ayudar.

Una atención tranquila no puede coexistir con emociones negativas, como la ira, el miedo, la preocupación, la ambición, la culpa, la ansiedad, la intolerancia o la depresión.

Es inútil enfrentar y pelear contra la negatividad, sólo hay que dejar de prestarle atención y desaparecerá como por encanto.

Fuente:”Cómo crear salud”, Deepak Chopra.


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El Reiki como terapia

A partir del siglo pasado, las artes tradicionales orientales se extendieron en Occidente, aportando conocimientos de esa cultura milenaria, que ya desde ese entonces tenía amplia comprensión de los problemas de comportamiento y de las relaciones familiares.

Un sabio resumen de todos estos saberes constituye el método Reiki, creado por Usui Sensei, en 1910, en Tokio, Japón.

Este sistema utiliza el poder de las manos para recuperar el estado de equilibrio del cuerpo, la mente y del espíritu.



Es un arte de sanación porque antes de la enfermedad se ha perdido la paz interior, el bienestar y la libertad personal para realizarse como persona única.

Reiki neutraliza las energías negativas que no permiten tener una vida feliz ni disfrutar del momento presente y produce una transformación personal y familiar; porque cuando el miembro de un grupo cambia y se mejora, el resto de los integrantes empeora.

Como pasa también en las psicoterapias, cuando el paciente hace algún progreso puede abandonar el tratamiento debido a los cambios que se producen en su entorno; porque el enfermo es el emergente de una familia con una relación familiar patológica, que con su enfermedad mantiene el equilibrio.

Un precario equilibrio que tiene el alto costo que significa una enfermedad, pero que para muchas personas es mejor que enfrentar situaciones familiares difíciles.

La vida emocional muchas veces no permite razonar y muchos prefieren caer enfermos antes de sufrir desprendimientos que a veces son necesarios para crecer o cambios radicales en su vida.

El Reiki produce armonía en el cuerpo, la mente y el espíritu, transforma la energía negativa y los malos pensamientos y sentimientos y permite la conexión con el propio centro interior.

El individuo puede ampliar su conciencia, darse cuenta de qué es lo mejor para él y tomar las riendas de su vida para desarrollar su potencial y elevarse de todos sus condicionamientos.

Recuperar la paz interior es también tener la posibilidad de volver a estar sano para seguir el propio camino abierto a todas las posibilidades.

La patología ya no tiene razón de ser cuando una persona comienza a vislumbrar el sentido de su vida.

No somos solamente un cuerpo funcionando en un mundo caótico, somos seres espirituales encarnados en un cuerpo en una dimensión espacio tiempo.

Estamos en este mundo para ser felices, pero si nos apegamos demasiado a las cosas y a los afectos, no nos queda libertad para decidir libremente ni para elegir nuestro destino.

Aferrarse a lo conocido es tener miedo a las posibilidades infinitas de lo desconocido.

Nadie nace en el seno de una familia perfecta, sin embargo, desde ese condicionamiento que todos tienen, el hombre tiene la capacidad para elevarse, trascenderlo y atreverse a ser él mismo.

No tenemos excusas, porque somos los únicos responsables de nuestro destino.

El Reiki es una posibilidad más de recuperar la paz interior, mediante el poder que todos tenemos de transformar la energía, que está en nuestras propias manos, para disfrutar de la ilimitada generosidad del cosmos.

Esta transformación interior no exige cambiar nada del entorno, porque el que se modifica es uno, y cuando uno cambia, sin hacer nada, cambia todo.

Fuente: “Día a día con Reiki”, Claudio Márquez, Uriel Satori Editores, 2011.


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El Buen Trato

El buen trato nos ayuda a sentirnos bien, porque cuando tratamos bien a los demás somos tratados de la misma forma.

Cuando recibimos un buen trato, espontáneamente surge en nosotros la necesidad de hacer algo por esa persona como retribución, sentimos deseos de ayudarla y de demostrar que estamos agradecidos.

Ese bienestar que parece pasajero nos puede cambiar el día, mejorar nuestro ánimo y nuestras decisiones y impulsarnos a extender a otros ese mismo estado.

El buen trato es un hábito que se puede aprender y se puede empezar ya mismo, en este mismo momento y cualquiera sea la edad, dejando de ser la persona que tampoco se agrada a sí misma y comenzando a ser alguien nuevo, querible y espontáneo, para sentirse mejor.

Muchos padres no les enseñan a sus hijos el buen trato hacia los demás y hasta permiten que los traten de mala manera, sin tener ninguna consideración, como si fueran sus amigos, de igual a igual.



Pero también hay muchos padres que no respetan a sus hijos, los insultan, se burlan de ellos, se complacen en resaltar sus faltas o defectos y los tratan frecuentemente con desprecio.

El buen trato significa ser amable con los demás, tal como nos gustaría que los demás lo fueran con nosotros; aceptarlos como son, sin juzgarlos y comprendiéndolos tratando de ponerse en su lugar.

Hacer juicios impide mantener buenas relaciones y además es inútil, porque los demás siempre serán diferentes; y juzgarlos o encasillarlos por ser como son, sólo produce división.

La intolerancia es creer que uno es mejor que el otro cuando en realidad el otro es el reflejo de mi mismo.

Nadie es mejor que otro, porque no se pueden comparar personas que son diferentes.

Cada uno tiene cualidades y los defectos siempre serán más visibles en el otro que en uno mismo; y esos defectos que vemos en otros son las características que no nos agradan de nosotros mismos.

Cuanto más se parece otra persona a uno, más antipático nos resulta.

Hagamos la prueba: pensemos un momento en aquellas personas que no nos gustan y nos daremos cuenta, si somos honestos, que tiene muchos rasgos que negamos de nosotros mismos.

El mal trato refleja baja autoestima y odio a sí mismo.

Este hábito de maltratar al otro está muy difundido, porque lo que caracteriza a los tiempos modernos es la intolerancia, la impaciencia, el apuro, el perfeccionismo y las exigencias.

El vocabulario vulgar, con insultos gratuitos en todas las frases, expresa precisamente lo mal que se trata la juventud incluso con sus mejores amigos.

Ese maltrato verbal significa para algunos grupos, viveza y sagacidad y representa estar de vuelta de todas las cosas; virtudes que no tienen pero que fingen tener adoptando malas palabras como comodines a falta de vocabulario digno.

La gente en general cree que no tiene tiempo para ser amable, dejar pasar primero al otro, ceder su asiento a alguien de más edad o que lleva mucho peso, sonreír para dirigirse a los demás, decir gracias y pedir por favor.

No estamos solos y los demás también están apurados, pueden tener problemas más graves, estar enfermos, tristes o deprimidos.

El otro forma parte de uno mismo; no tendríamos conciencia de nosotros mismos si no existiera y lo necesitamos tanto como a nuestro propio cuerpo.

Hay mucha gente que trabaja para nuestro bienestar a toda hora; si no fuera así no tendríamos luz, ni gas, ni agua, ni alimentos cuando lo necesitamos.

Seamos agradecidos y aprendamos a tener buen trato, aunque sea por egoísmo, para beneficiarios sólo a nosotros mismos.
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Planes versus imprevistos

Conocer las cosas que nos desequilibran es un paso importante en el proceso del autoconocimiento.

Se puede sufrir un desequilibrio cuando surgen imprevistos, que son las cosas impensadas que nos perturban porque no nos permiten llevar a cabo nuestros planes.

Sin embargo, la vida está llena de imprevistos y casi se podría asegurar que llegan a superar los compromisos de cualquier agenda.

Existen pocas personas dispuestas a aceptarlos , y cuando éstos se presentan no los toleran, se molestan, cambian de humor y se sienten disgustadas y contrariadas.

Aunque teóricamente lo mejor para la salud física y mental sea evitar el estrés tratando de aceptar lo que Es y vivir día a día haciendo lo que uno puede y no lo que debería hacer; la mayoría de las personas se imponen metas demasiado ambiciosas y cuando surge un imprevisto que les desbarata las listas de los compromisos que tienen en sus agendas, se desestabilizan y pierden el control.



Aunque tengamos otras importantes prioridades, el imprevisto se adjudica el primero, porque como tal, surge sin aviso para ser atendido de inmediato y no se puede ni eludir ni postergar.

Puede ser un trámite bancario que se pasó por alto, el técnico que avisa que viene por fin a arreglar el lavarropas, el cartero que aparece para traer la tarjeta de crédito que perdimos, provisiones que se agotan imprevistamente, visitas inesperadas, llamados telefónicos inoportunos, la necesidad imperiosa de un plomero o un electricista, etc.

Cuando una cadena de obligaciones impensadas impiden que nos dediquemos a lo que teníamos planeado, lo más indicado no es perder la calma, ponernos de mal humor y comenzar a proyectar la rabia en los que nos rodean; sino que lo mejor es detenerse a reflexionar que lo ocurrido no depende de nosotros y que lo tenemos que aceptar porque escapa a nuestro control; porque si al imprevisto le agregamos nuestro enfado, nerviosismo y contrariedad, probablemente se añadirán otros problemas, quizás peores, y estos sí ya dependerán de nosotros.

Toda planificación tiene que tener en cuenta posibles obstáculos porque siempre existe la probabilidad que ocurra un hecho inesperado que pueda desbaratarla.

Aprendamos a postergar las cosas sin que eso nos afecte. Dejemos el turno del médico para otro día, paguemos las facturas en el segundo vencimiento, y renunciemos a los demás compromisos hasta que tengamos el tiempo necesario para cumplirlos.

El secreto es aprender a renunciar a los planes, sin que eso signifique demasiado para nosotros; porque cuando renunciamos a algo, en primer lugar nos sentimos furiosos, pero luego, si recapacitamos, podemos relajarnos y finalmente nos damos cuenta de que somos libres.

Apurarse para cumplir con todo es una táctica que produce estrés y puede perjudicarnos, por lo que se hace necesario en estos días, en los que todos estamos repletos de ocupaciones, aprender a ser más flexibles.

Las personas equilibradas tienen la suficiente flexibilidad como para no ofenderse si tienen que esperar y suelen tomarse su tiempo cuando lo necesitan, atreviéndose a llegar tarde o a faltar a una cita si no tienen alternativa. Son los que no se exigen tanto a sí mismos y por lo tanto tampoco se atreven a ser demasiado exigentes con los demás.

La tecnología parece haber facilitado muchas cosas pero cada vez se hace más difícil adaptarse, obligando a todos a estar actualizados con las nuevas técnicas, las que en poco tiempo también serán obsoletas.

En una época en que todo cambia vertiginosamente y que casi no nos da tiempo a actualizarnos, aceptar lo que no depende de nosotros sin que nos perturbe y ser más flexible es lo que nos permitirá mantenernos sanos física y mentalmente.
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Neurociencia y Conducta

Los nuevos descubrimientos en neurociencia revelan nuevos secretos del complejo funcionamiento cerebral que rige nuestra mente.

Las neuroimágenes pueden mostrar procesos cerebrales que intervienen en las emociones, la imaginación y la toma de decisiones.

Ahora se sabe que las células cerebrales se pueden regenerar en la vida adulta y que son capaces de establecer nuevas conexiones y también de perder otras; y que el cerebro es un órgano plástico que continúa cambiando en función a las experiencias con el fin de adaptarse a las diferentes circunstancias vitales.



Esta capacidad del cerebro de seguir adaptándose en la vida adulta, le permite a las personas trascender sus condiciones genéticas innatas o traumáticas de la infancia y responder a los cambios fisiológicos y ambientales.

Estudios recientes prueban la teoría de Sigmund Freud sobre la existencia del inconsciente, al revelar que casi todas las funciones cerebrales que creemos racionales, no son conscientes.

La complejidad social alcanzada por los seres humanos es la que dio lugar a la complejidad de las redes neuronales, afirma el doctor Facundo Manes, neurólogo que dirige el Instituto de Neurociencias de la Universidad de Favaloro y el Instituto de Neurología Cognitiva de Buenos Aires (INECO).

El ser humano es creador de organizaciones sociales, desde las más simples a las más complejas y la interacción social es fundamental para el aprendizaje.

Las neuronas espejos son las que se activan cuando observamos una conducta que queremos imitar y también cuando la realizamos nosotros mismos. Por esta razón un maestro jamás podrá ser reemplazado por una máquina.

Las emociones juegan un papel importante en nuestras vidas y son las que nos hacen humanos.

Cualquier emoción produce cambios fisiológicos y del comportamiento e influye en la memoria y en la toma de decisiones.

Las emociones no constituyen un obstáculo, como muchos piensan, sino que son fundamentales para elegir.

El Dr. Claudio Waisburg, neurólogo de INECO, afirma que en los procesos cerebrales más importantes actúan las emociones y la razón, porque son las emociones las que gravitan en la toma de decisiones personales para lograr objetivos.

La técnica de las neuroimágenes muestran que la amígdala por ejemplo, desempeña un importante papel en la emoción de miedo y en el recuerdo de sucesos emotivos; mientras la ínsula puede reconocer las señales de disgusto.

El estudio de un cráneo de 36000 años de antigüedad perteneciente a un hombre de Neantherthal, muestra que ya desde entonces esta especie practicaba el altruismo, al evidenciar señales de haber sido curado de graves heridas.

La neurología está aportando importantes datos sobre las áreas cerebrales que participan en la cognición social, o sea, en la capacidad de percibir las intenciones, los deseos y las creencias de los otros que posee el hombre desde los cuatro años de edad.

La dopamina, hormona relacionada con el circuito del placer, es la que interviene en el deseo de ayudar y tener conductas altruistas, así como también, tienen sus bases neuronales, los sentimientos de discriminación y prejuicio.

La memoria está relacionada con el estrés, por eso se recuerdan más los acontecimientos que van acompañados de un shock emocional y no tanto los sucesos que no nos afectaron emocionalmente.

En situaciones de estrés se liberan sustancias como la epinefrina, el cortisol y la glucosa, elementos que tienen una función esencial en la memoria.

Fuente: LNR, 2/09/2011, Ciencia, “Últimas noticias del cerebro”, María Gabriela Ensinck.
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Aprender a relacionarse mejor

Los problemas de relación surgen debido a que la mayoría vive a la defensiva, gastando gran parte de su vida reaccionando en forma inadecuada, enganchándose en discusiones estériles, dando explicaciones, justificándose o intentando demostrar que tiene razón.

Muchas de las cosas que nos dicen o que nos hacen no necesariamente son personales ni tienen la intención de herirnos ni ofendernos; por el contrario, a veces puede ser una manera de ayudarnos.

Por ejemplo, si alguien nos dice que estamos más gordos, que lucimos desmejorados, que tenemos mal humor o que somos impacientes o intolerantes, no solamente puede ser con el ánimo de enfurecernos; pero aunque así fuera contamos con suficientes recursos como para no reaccionar y terminar peleando.

Las familias suelen discutir casi siempre por las mismas cosas, porque se suele juzgar malicioso cualquier comentario cuando remueve viejas heridas narcisistas recientes o del pasado.



Salir de ese círculo vicioso puede ser difícil si no se tiene interés en mejorar los vínculos y en cambio prefieren seguir recreando las mismas experiencias.

Sin embargo, es posible liberarse de antiguos rencores, resentimientos y culpas y vivir una vida más placentera aprendiendo a relacionarse en forma más adecuada.

El desagradable desenlace de una discusión casi siempre lo provocan circunstancias que los protagonistas apenas recuerdan; por lo tanto, suelen ser motivos de poco peso.

De tanto acumular, la gente reacciona violentamente ante cualquier pequeño estímulo que le desagrada sin evaluar adecuadamente si la ofensa merece esa respuesta o si se trata de cosas no suficientemente elaboradas en el pasado que tienden a exteriorizarse frente a una situación parecida.

Ninguna persona tiene el poder de cambiar nuestro estado de ánimo, somos nosotros los que decidimos cómo queremos estar y cómo responder a los estímulos.

De nada sirve reaccionar ni involucrarse en un altercado, siempre lo mejor será no sentirse ofendido e intentar ser objetivo rescatando lo que puede ser verdadero que nos puede ayudar.

Transformar las críticas en algo constructivo sin sentirse agraviado, es saber manejarse con altura y no cometer la imprudencia de no aceptar lo posiblemente razonable que pueden decirnos los otros, lo cual no servirá para cambiar nuestra decisión pero sí para aclarar nuestra percepción.

Al no haber reacción, la agresión se inhibe, puede dialogarse amistosamente y mantener la armonía del vínculo.

El nivel de autoestima no se relaciona tanto con cómo nos tratan los demás sino con cómo nos sentimos con nosotros mismos.

Para sentirse bien y valorarse, desarrollarse plenamente tanto material como espiritualmente, crecer como persona y aprovechar todas nuestras posibilidades, no hay que esperar que los demás nos guíen o nos incentiven, hay que aprender a invertir en uno mismo.

El desarrollo personal implica un mayor autoconocimiento, un mejor control de los impulsos y un mayor manejo del estrés, incluyendo cambio de hábitos y de relaciones.

Para lograrlo, a veces es necesario un apoyo terapéutico o tomar clases de yoga o aprender a meditar para no depender de los demás y conocerse más a sí mismo; o sea tratar de tomar las riendas de la propia vida sin excusas, con entusiasmo y responsabilidad, escuchando solamente la voz interior y sin dejarse influenciar por la opinión ajena.

Cualquier cambio o iniciativa siempre movilizará al grupo familiar que seguramente opondrá resistencia, por lo que todo lo que se emprenda exigirá enfrentar esa oposición y tener la suficiente constancia para hacerlo.

La cuestión es tomar la decisión, organizarse y ser capaz de mantener el rumbo con el objetivo siempre presente.

Pregúntese cuánto tiempo y dinero ha invertido en usted mismo para su desarrollo y crecimiento personal en los últimos años. Se sorprenderá al darse cuenta que ha malgastado muchas horas de su vida explicando, justificando, discutiendo y tratando de convencer a otros de sus planes.

No necesitamos que los demás nos aprueben para hacer lo que queremos, porque sólo basta con nuestra propia convicción y nuestra constancia en lograr nuestras metas.

Esta es la actitud de los que hacen de su vida un éxito, creen firmemente en ellos mismos.

Fuente: “ Introducción a la PNL”, Joseph O´Connor, John Seymour.


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