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Esquizofrenia

Tipos, causas y tratamiento.

La Esquizotipia en el Adolescente

La Esquizotipia es un trastorno intermedio entre la personalidad normal, introvertida e inhibida del adolescente y la esquizofrenia como patología propiamente dicha; y se manifiesta por un comportamiento antisocial y por ciertas formas de percibir y pensar de características psicóticas.

Esta alteración de la personalidad, que es de menor magnitud que en las psicosis, se considera de tipo benigna y se puede presentar como una eclosión de creatividad, con la vivencia de experiencias atípicas y gran sensibilidad sensorial.



Los investigadores Charles McCreery y Gordon Claridge, de la Universidad de Oxford, denominaron esquizotipia feliz o sana a este trastorno, distinguiendo cuatro componentes básicos en su manifestación:

1) experiencias atípicas: por ejemplo, creencias extrañas, pensamiento mágico y percepciones aberrantes.

2) desorganización cognitiva: o sea déficit de cognición, problemas para la toma de decisiones, inestabilidad emocional y ansiedad o miedo social.

3) anhedonia introvertida: es decir, disgusto por el contacto físico y social, falta de interés en las relaciones interpersonales y en otro tipo de actividades, inclinación por la soledad y la independencia.

4) impulsividad no conformista: o dificultad con el control de los impulsos, fallas de la inhibición, agresividad audaz con abuso.

En la Universidad Autónoma de Barcelona se está investigando este tema desde hace veinte años.

El equipo del Dr. J.E.Obiols, aplicó en su investigación, la clasificación de McCreery y Claridge para evaluar a adolescentes de 13 a 16 años, observando que cuanto mayor es la edad, más importante resulta la desorganización cognitiva y la vivencia de experiencias atípicas, siendo el puntaje de los varones más alto que el de las mujeres en estos conceptos, mientras que las jóvenes registraban en mayor proporción el síntoma de anhedonia introvertida; aunque los investigadores atribuyen esta diferencia más al rol que al género en si mismo.

También se pudieron observar comportamientos pseudopsicóticos y además depresión.

Un 7,5% de los adolescentes que se sometieron a este estudio, presentaban delirios, como los de persecución o ideas de complots en su contra, y alucinaciones auditivas y visuales.

El 4% de estos jóvenes mostraban signos negativos, como aislamiento social, desinterés, poca energía e inexpresividad emocional.

El 4,5% tenían síntomas de depresión, como llanto sin motivo aparente, incapacidad para proyectarse en el futuro, sentimientos de culpa y deseos de morir.

El 9,8% registraba todos los síntomas mencionados, tanto negativos como positivos, además depresión.

Por lo tanto, se pudo comprobar que en los adolescentes investigados se encuentraron, en mayor o menor grado síntomas psicóticos y que éstos se acentuaban en los que tenían depresión.

Es difícil el diagnóstico diferencial, ya que es común que los adolescentes en general, se comporten de manera atípica, que sufran desbordes, que permanezcan inhibidos y solitarios, que tengan dificultades para relacionarse y que usualmente pasen de la depresión a la euforia en poco tiempo.

De todos modos, es importante detectar el nivel de estas manifestaciones, principalmente si hay depresión, para decidirse a hacer una consulta.

La adolescencia es un período de grandes dificultades de adaptación, de rebeldía hacia el entorno familiar y social, y de aislamiento, en la búsqueda de la propia identidad y del si mismo.

Los adolescentes tratan de explicarse la realidad, que les resulta desconocida, por medios mágicos o esotéricos. Se comportan en forma extraña, adoptan códigos para comunicarse entre ellos que son ininteligibles para los adultos, conductas y vestimentas excéntricas, una actitud extremista en contra de todo convencionalismo, con el objetivo de diferenciarse y poder encontrarse a si mismos.

El contacto con las drogas puede desencadenar estas experiencias pseudopsicóticas.

Arminda Aberasturi, destacada psicoanalista, distinguió a esta etapa del desarrollo como la anormalidad normal del adolescente.

Fuente: “La esquizotipia en la adolescencia”, Cristina Medina Pradas, Revista Investigación y Ciencia, Mente y Cerebro, noviembre-diciembre 2009.


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Factores genéticos y ambientales de la esquizofrenia

La esquizofrenia es una patología mental que afecta al uno por ciento de la población mundial, sin distinción de razas, situación económica o nivel de desarrollo intelectual; y es una de las enfermedades con mayor incidencia económica en los Estados Unidos, por ser una de las principales causas de incapacidad laboral y social.

Las enfermedades mentales existen desde el principio de la humanidad pero recién en 1908 Eugen Bleuler (1857-1939) psiquiatra y psicólogo suizo que se destacó por sus importantes investigaciones sobre esta enfermedad, la denominó esquizofrenia.



Los primeros síntomas aparecen en la adolescencia o al comienzo de la edad adulta (entre los 15 y 25 años).

Los síntomas son los delirios (creencias falsas), las alucinaciones (percepciones sin objeto), los trastornos del pensamiento, la pobreza afectiva y del lenguaje, la abulia, el agotamiento físico y mental y las alteraciones cognitivas en la concentración y la atención.

El problema de la esquizofrenia radica en que es una enfermedad de difícil diagnóstico, ya que se puede presentar de muchas maneras y no registra lesiones cerebrales que sirvan de referencia.

La esquizofrenia es un trastorno que se produce debido a factores genéticos y ambientales.

Entre los factores genéticos, los hereditarios se destacan con un índice de herencia que va desde el 70% al 90%, según el estudio que se realice.

Las variantes estructurales o variantes en el número de copias, o sea pequeñas duplicaciones o mínima desaparición de genomas son la base molecular de muchas enfermedades relacionadas con el sistema nervioso y el neurodesarrollo.

Específicamente en el origen de la esquizofrenia también existen alteraciones de este tipo y ciertas mutaciones no comunes, capaces de modificar genes relacionados con el desarrollo embrionario del sistema nervioso central.

Un gemelo univitelino de una persona que tiene esquizofrenia tiene un 50% de probabilidades de padecer la misma enfermedad, ya que son genéticamente idénticos. Esto significa que la diferencia del ambiente influye para que la enfermedad se desarrolle o no.

Con referencia a los factores ambientales , la investigación científica ha revelado además que existen circunstancias prenatales y perinatales en la madre que incrementan la posibilidad de que su descendencia padezca de esquizofrenia.

Durante el desarrollo del feto, los factores ambientales pueden ser: infecciones virósicas de la madre, como gripe, rubéola o poliomielitis; hambrunas, pérdidas de familiares cercanos, partos difíciles o exposición de la madre a catástrofes ambientales.

Los mecanismos moleculares que pueden afectar el ambiente prenatal y perinatal del feto tienen un mediador común: las citoquinas, que son proteínas que producen principalmente células del sistema inmunitario.

La función de estas células es regular el mecanismo de inflamación como respuesta a los daños del tejido e infecciones.

Las citoquinas que inflaman el sistema inmunitario son las que participan en el mecanismo de respuesta a condiciones del ambiente hostiles.

Estudios recientes en animales muestran que algunos factores ambientales adversos inducen la producción de citoquinas que pueden atravesar la barrera de la placenta y alterar el desarrollo embrionario del sistema nervioso central del feto. Estos mecanismos también pueden predisponer al desarrollo de otras psicosis.

Pero los estudios realizados con animales resultan cuestionables ya que es una enfermedad descripta solamente en humanos.

Los alucinógenos como la psilocibina, la mescalina y la dietilamida del ácido lisérgico, inducen estados mentales similares a los de la esquizofrenia, como alteraciones de la percepción, de los sentidos y de la cognición y cambios en el metabolismo cerebral, manifestaciones que sirven como modelos de los estados psicóticos que sufren los enfermos de esquizofrenia que pueden llevar a comprender los fundamentos moleculares de la enfermedad y permitir la elaboración de nuevos fármacos más eficaces.

Actualmente, los fármacos antipsicóticos más utilizados para el tratamiento de la esquizofrenia son los que pertenecen a la clozapina, la olanzapina, la quetiapina y la risperidona.

En 2007, se publicaron nuevos trabajos científicos que abren el camino a una nueva esperanza para el tratamiento de esta enfermedad. Se descubrió que el fármaco LY404039 mejoraba los síntomas y a diferencia de otros antipsicóticos no presentaban efectos colaterales.

Fuente: Mente y Cerebro, Investigación y Ciencia, No.44/2010, Bases bioquímicas de la esquizofrenia. José L.Moreno, Mieguel Fribourg y Javier González Maeso.
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Estados Alterados de Conciencia

Un estado alterado de conciencia representa un cambio cualitativo en el patrón total del funcionamiento mental, de tal modo, que el que lo experimenta, siente que su conciencia funciona en forma totalmente distinta de como lo hacía anteriormente.

El estado de conciencia no se refiere a su contenido, sino a la pauta global de funcionamiento psíquico.

El estado alterado de conciencia se puede comparar con el cambio de programa de una computadora en el cual la entrada de los mismos tipos de datos son procesados de una manera diferente.



Las personas, comúnmente, experimentan un estado alterado de conciencia cuando sueñan; o en el momento de transición entre el sueño y la vigilia; también cuando están bajo los efectos del alcohol o de drogas como la marihuana o el ácido lisérgico; o a través la meditación o de los denominados estados de posesión o auto hipnosis.

La mayoría de los estados alterados de conciencia, debido a que su característica es la manifestación no física, es considerada un epifenómeno por la ciencia porque considera que no cumple con los requerimientos objetivos necesarios.

Las reglas básicas de la ciencia son: 1) la observación; 2) que la observación esté al alcance de todos; 3) que la teoría sea coherente y lógica y 4) que esa teoría se pueda comprobar mediante consecuencias observables.

Charles Tart, demuestra que estas condiciones pueden adaptarse al estudio de los estados alterados de conciencia.

Muchos de los estados de conciencia alterados no han sido bien observados porque la ciencia los considera subjetivos, no confiables y no científicos.

Sin duda, son fenómenos de observar, porque son experiencias internas más complejas que los procesos físicos externos.

Sin embargo, la ciencia exige que todo lo que haya para observar sea observado, aunque resulte muy difícil.

Además, estas observaciones deben poder ser reproducidas por cualquier otro observador adiestrado, para que sea validada consensualmente; debiendo los fenómenos internos reducirse a datos de conducta o fisiológicos para ser confiables.

La validación consensual de los fenómenos internos es posible, si es realizada por un observador debidamente entrenado.

Otro problema de los fenómenos internos es la dificultad para transmitirlos o describirlos.

Un estado alterado de conciencia es un cambio tan drástico que exige un cambio de paradigma.

Dos personas que se encuentran en el mismo estado de conciencia, pueden comunicarse sus observaciones en forma adecuada, mejoradas o no, de manera específica.

Sin embargo, para otro observador que esté en otro estado de conciencia, la comunicación entre los dos primeros, puede parecerle deteriorada porque no tiene en cuenta que la pauta de la comunicación ha cambiado.

Lo mismo ocurre cuando dos personas hablan en otro idioma que es diferente al de un tercer observador, quien no logra entenderlos.

En cuanto a la teoría sobre lo observado, debe ser lógica, para que otros científicos la puedan comprender, pero teniendo en cuenta que al alterar los estados de conciencia, cambia el paradigma y también se modifica la naturaleza de la construcción teórica.

De manera que una persona en un determinado estado de conciencia, podría llegar a conclusiones distintas sobre la naturaleza de los mismos fenómenos, a las de otro observador que se encuentre en otro estado de conciencia.

Existe la posibilidad de que los estados alterados de conciencia tengan una lógica específica para fundamentar las construcciones teóricas que surgen de las observaciones.

Esencialmente, para validar una teoría se requiere que pueda predecir, que en ciertas condiciones experimentables específicas se producirá la clase de vivencia predicha.

De modo que es posible fundamentar una teoría científica sobre datos que no tienen existencia física.

Se trata de seleccionar personas rigurosamente adiestradas, que comuniquen y transmitan con exactitud, las experiencias y los hechos de un mismo campo, de la misma forma; para teorizar sobre esos datos y construir sistemas que se puedan validar con nuevas observaciones.

La investigación puede ser difícil pero el método científico básico es el mismo de todas las demás ramas del conocimiento.

Por lo tanto, es necesario establecer las bases de la ciencia de los estados específicos.

Fuente: “Más allá del Ego”, Abraham Maslow y otros. Kairós, 1985


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La Esquizofrenia

El término esquizofrenia fue creado por E. Bleuler en 1911 para describir un determinado grupo de psicosis, que ya Kraepelin había clasificado con el nombre de “demencia precoz”, que puede presentar tres formas clásicas: hebefrénica, catatónica y paranoide.

El síntoma principal de esta forma de psicosis es la disociación ideo afectiva y de la conducta.

Las características clínicas de esta patología son: incoherencia del pensamiento, de la acción y de la afectividad, alejamiento de la realidad y ensimismamiento con predominio de una interioridad fantaseada o autismo; delirios mal sistematizados y cronicidad que evoluciona hacia un deterioro intelectual y afectivo y hacia la demencia.



Se distinguen los síntomas primarios, que Bleuler considera orgánicos y que se definen como una relajación de las asociaciones las cuales pierden cohesión con una forma de pensamiento que se torna insólito y frecuentemente falso desde el punto de vista lógico; de los secundarios que constituyen una reacción patológica frente al proceso de esta enfermedad y que se manifiestan como la incapacidad de pensar en contra de una idea afectiva, y por la independencia cada vez mayor del complejo ideativo.

Freud habló del término esquizofrenia pero continuó utilizando el término “demencia precoz”, y propuso la palabra parafrenia, que según su punto de vista se relacionaba mejor con el término paranoia que señalaba la unidad del campo de las psicosis.

Tanto la parafrenia como la paranoia se pueden combinar en formas múltiples y el enfermo puede pasar de una forma a otra.

Para Freud, lo específico de la esquizofrenia es el predominio de la represión y del retiro de la catexia de la realidad; la presencia de los mecanismos que son afines a la histeria (alucinación); y una fijación que la predispone, más precoz que la paranoia, situada al comienzo del desarrollo psicosexual, que va del autoerotismo al amor objetal.

Henry Ey, en su Tratado de Psiquiatría define a la esquizofrenia como la psicosis caracterizada por la disociación de la personalidad con déficit global y regresión autística.

Desde su punto de vista es una enfermedad mental grave que provoca una modificación profunda de la personalidad que pierde su unidad; que puede ser episódica o definitiva.

Estos enfermos sufren un proceso que desintegra su capacidad asociativa.

Para Henry Ey, la esquizofrenia es una psicosis crónica que altera profundamente la personalidad y que forma parte de las psicosis delirantes crónicas.

Su característica es una transformación profunda y progresiva de la persona quien deja de construir su mundo en contacto con los demás para caer en un caos imaginario y perderse en un pensamiento autístico.

La definición clínica corriente es que se trata de un conjunto de trastornos en los que se destacan la discordancia, la incoherencia ideo verbal, la ambivalencia, el autismo, las ideas delirantes, las alucinaciones y las perturbaciones afectivas profundas relacionadas con la extrañeza de los sentimientos y el desapego; que evolucionan hacia una disociación de la personalidad.

Es una enfermedad del adolescente y de la persona madura joven ( entre 15 a 35 años); que padecen por igual ambos sexos.

Se reconoce una predisposición genética hereditaria para su desarrollo pero se admite que ciertas condiciones ambientales y familiares pueden desencadenarla. Aún no se registran lesiones cerebrales específicas que la confirmen.

La evolución en general de la esquizofrenia puede variar y el tratamiento adecuado tanto psicológico como farmacológico puede influir benéficamente.

Fuente: “Diccionario de Psicoanálisis”, de Laplanche y Pontalís; “Tratado de Psiquiatría”, Henry Ey.
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Pacientes bipolares

Las personas que padecen trastorno bipolar (TB) pasan de un estado de ánimo depresivo a otro totalmente opuesto de excitación maníaca que no pueden controlar y que les producen serios conflictos.

Sin embargo, esta experiencia tan dramática como intensa, con el tratamiento adecuado puede revertirse y cambiar la vida del paciente.

En Argentina padece de trastorno bipolar del 1 al 5% de la población general, al igual que en el resto del mundo; y el 10% de los pacientes que se atienden en los consultorios externos del Hospital Neuroqsiquiátrico Borda son casos de bipolaridad.

Esta enfermedad se considera crónica porque son pacientes que necesitan atención médica durante mucho tiempo, principalmente por la dificultad que presenta este cuadro para hacer un diagnóstico preciso.

Los especialistas diagnostican bipolaridad cuando una persona ha sufrido a lo largo de su vida depresiones profundas y al menos una vez ha tenido un episodio de manía o exaltación extrema.



La manía es un estado de ánimo de euforia constante que sale de lo común, también se manifiesta como un estado delirante de tipo expansivo en el que el paciente se siente poderoso e inspirado, con ideas religiosas o filosóficas extremas.

Existen distintos niveles de depresión y euforia lo que permite distinguir varios tipos de bipolaridad.

El cambio entre un período de manía y depresión es variable y entre ambos suele haber una etapa de estabilidad.

También pueden presentarse ambos estados de ánimo juntos y esa manifestación se denomina episodio bipolar mixto.

La cantidad de pacientes que presentan este trastorno puede llevar a considerar que se trata de una enfermedad propia de la época actual, sin embargo, existe desde el siglo primero después de Cristo, durante el cual ya se advertían en un mismo paciente episodios alternados de depresión y exaltación. La diferencia es que ahora existen más categorías para facilitar los diagnósticos y antes se reducían a los grandes cuadros psiquiátricos.

La edad promedio de aparición de los síntomas es alrededor de los 22 años aunque algunos investigadores reconocen dos formas de inicio, uno temprano y otro tardío; pero en general se manifiesta en la adolescencia y en la edad adulta temprana.

Sin embargo, también se ha observado la presencia de esta enfermedad en los niños, aunque los síntomas se pueden confundir con los del trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

La bipolaridad es una enfermedad neurobiológica con base genética y hereditaria, y el riesgo de su aparición en los descendientes directos es diez veces mayor que en personas sin esos antecedentes. En el caso de hermanos gemelos, la proporción del riesgo aumenta un 63%.

Lo que se hereda es la predisposición genética para desarrollar la enfermedad, sobre la cual actuarán o no los factores ambientales.

La mayoría de los pacientes que sufren de este trastorno suelen haber pasado por situaciones traumáticas que fueron los que desencadenaron los episodios afectivos bipolares.

Estos pacientes deben recibir el tratamiento farmacológico específico, adaptado a sus particularidades y un tratamiento psicoterapéutico adecuado.

En Argentina existen redes de ayuda para el paciente bipolar y su grupo familiar, como por ejemplo, la Fundación Bipolares de Argentina, www.fupipa.gov.ar; una organización gratuita que agrupa a pacientes bipolares y a sus familiares.

Pero lo fundamental es actuar a tiempo, o sea aceptar el problema, consultar al médico, enfrentar la enfermedad y seguir el tratamiento.
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Cómo actúa el efecto placebo

El placebo es una sustancia que administrada como un medicamento, puede ser eficaz para curar una dolencia y en algunos casos llegar a superar la efectividad de una medicina científicamente comprobada.

El placebo no contiene ningún componente activo de poder curativo, sin embargo puede producir un efecto beneficioso en un enfermo.

Este es un fenómeno que no ha sido debidamente investigado, porque desde el punto de vista académico el efecto placebo se ha asociado a prácticas esotéricas que producen un efecto de sugestión; sin embargo podría revelar la capacidad de la mente para curar el cuerpo.

Sin embargo, el efecto placebo, aunque es ignorado por los científicos, es utilizado en ensayos clínicos para comprobar la eficacia de los medicamentos, administrándole a un grupo el remedio que se quiere probar y a un grupo control un placebo, sin que los probandos sepan cuál de las dos medicinas ha recibido.

Si el medicamento en cuestión resulta ser más eficaz que el placebo, quedará demostrada la eficacia de ese fármaco, caso contrario, no recibirá la aprobación para ser elaborado.



La mejoría que a veces producen los placebos ha sido asociada a la autosugestión, sin embargo, actualmente la neurobiología y la psicología están realizando investigaciones de este fenómeno que podrían permitir descubrir inesperados hallazgos que podrían llegar a esclarecer el misterio que encierra este curioso tema.

No solamente los placebos en forma de pastilla o inyecciones pueden ejercer una influencia positiva en los pacientes, también la confianza en el médico, su apoyo tranquilizador o un diagnóstico favorable que no se esperaba. O sea, que la anticipación de buenas noticias sobre la propia salud y las expectativas conscientes de los pacientes son las que tienen importancia y pueden hacer que la persona se sienta mejor.

El efecto placebo actúa principalmente en patologías que producen dolor, en enfermedades mentales, en afecciones del sistema endócrino e inmunológico, como la artritis y las alergias y en los procesos inflamatorios.

El efecto placebo produce liberación de endorfinas y otras sustancias cerebrales como la dopamina, que es un neuroquímico vinculado con el placer y el bienestar, en el caso de enfermos de Parkinson.

Se pudo observar que los pacientes respondían de la misma manera a la administración de una solución fisiológica que al medicamento específico para su enfermedad.

Las investigaciones demuestran que el placebo no es un efecto solamente psicológico, sino que también, por imitación, realiza el curso de las mismas vías neurológicas que realizan los fármacos específicos y puede producir efectos bioquímicos que pueden demostrar y también medir.

Al tomar el placebo, la persona siente menos dolor porque su cerebro produce endorfinas que es lo que hace que su malestar se atenúe.

El efecto de todo medicamento se acentúa si se tienen expectativas de que resulte eficaz. Esto se ha demostrado aplicando la misma dosis a otra persona que no tiene la misma expectativa.

De manera que la creencia de que un remedio puede curar, forma parte del proceso de sanación.

También se ha demostrado que cuanto más costoso, más complejo y sofisticado sea un tratamiento o más grande la pastilla que un enfermo tiene que tomar, mayor es el efecto que produce.

El hecho de llevar a un paciente a un quirófano, anestesiarlo y practicarle solamente una incisión también tiene un efecto placebo.

Algunos experimentos han demostrado que sustituir un medicamento determinado por un placebo, produce el mismo efecto que el fármaco.

Todos estos experimentos muestran el extraordinario potencial del placebo en la función terapéutica, como por ejemplo utilizando placebos para reducir la administración de medicamentos que tienen la desventaja de provocar efectos secundarios; o el uso de placebos para enfermedades que no tienen tratamiento.

De ningún modo los placebos sustituirán a los medicamentos específicos que requiere cada enfermedad, pero sí pueden representar una nueva forma de encarar los tratamientos y brindar más posibilidades a los enfermos, dándole más importancia a la relación entre el bienestar mental y el físico.
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Catarsis

La catarsis era el método que Breuer y Freud aplicaban en los inicios del psicoanálisis. Un método que en principio se acoplaba a la hipnosis para someter al enfermo a un estado en el que rememoraba escenas traumáticas, levantándose de esta manera sus síntomas.

Pero el psicoanálisis como método ha tenido una “evolución” tal, que me parece necesario reconsiderar textos primerísimos de Freud para entender un poco tal “movimiento” en la teoría y en la práctica analítica tal como hoy la ejercemos.

La paciente de Breuer, Anna O., había acuñado ella misma el término “limpieza de la chimenea” o “the talking cure” para el método que le aplicaba su médico para intentar curar sus graves síntomas. El método hipnótico-catártico.

En la misma época que Breuer y Freud estudiaban estos síntomas histéricos en Viena, en Francia había un psiquiatra que había iniciado sus estudios con pacientes de la Salpêtrière, en París.



Este “gran observador”, como define Freud a Charcot y a quien reconoce como su maestro durante 1885-1886, no gustaba de las teorizaciones psicológicas de la época.

Fue un discípulo de Charcot, Pierre Janet, quien se abocó a estudiar ciertos procesos psíquicos en las enfermas de Histeria.

Janet sostenía la hipótesis de una “disociación” en la histeria, producida por una incapacidad innata de “unir” el diverso espectro de procesos anímicos. Así, estas pacientes solían parecer “disociadas”, tanto en sus movimientos como en sus expresiones emocionales.

Freud, en Viena e influenciado por las ideas de la escuela francesa de fines del siglo XIX, pero habiendo iniciado su trabajo con Breuer, abordó la cuestión de la “disociación histérica” de un modo diferente a como lo hacía Janet. Este partía de estudios de laboratorio; Freud, en cambio, de su experiencia con los pacientes y el método catártico heredado de Breuer.

Dice Freud que lo que lo animaba era una “necesidad práctica”.

En ese método catártico, Breuer ponía al paciente en estado hipnótico, pues consideraba que era solo en ese estado que el paciente reproducía los nexos patógenos de su enfermedad, y así se curaba.

Freud mismo dice que la hipnosis le comenzó a desagradar, ya que se estaba tornando una cuestión mística…

Así resignó el método hipnótico y lo independizó de la catarsis. Como en su experiencia con los pacientes veía que no podía sumergir a todos sus pacientes a un estado hipnótico, trabajó con ellos en su estado normal, de vigilia digamos.

No era fácil…Freud intentaba averiguar del paciente algo que ni el paciente sabía… ¿Cómo averiguarlo entonces? Es así que recurre a un experimento de Bernheim, según el cual habiendo puesto a pacientes en estado de “sonambulismo hipnótico”, les hacía vivir una cantidad de cosas; cuando despertaban y les hacía recordar lo que habían hecho en ese estado, solo al principio aseveraban que no recordaban nada, pero luego de que el médico insistiera en que recordaran, esos recuerdos volvían.

Entonces Freud se sirvió de ese método con sus pacientes; cuando llegaba con sus pacientes al punto de que no recordaban nada más, él les decía que sí lo sabían, y que ese recuerdo volvería en el momento en que él pusiera sus manos sobre su frente. Así, sin la hipnosis, solo con sugestión, el paciente recordaba esa escena traumática.

El método de imposición de manos duró poco. Ya sabía Freud que lo abandonaría pronto; pero de él extrajo para su teoría que los recuerdos olvidados no estaban perdidos definitivamente.

Así empieza otro camino en lo que Freud consideró el método psicoanalítico. Un tramo que dejaré para el próximo post.
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La psicosis ordinaria

En psicoanálisis clásicamente tenemos los grandes casos clínicos paradigmáticos de la psicosis, como son el caso Schreber, de Freud, y el caso Aimèe de Lacan -con el que hizo su tesis de Psiquiatría en los años ’30.

Es habitual entonces manejarnos con la idea de una “discontinuidad” entre Psicosis y Neurosis, y las nociones estructurales clásicas que nos permiten dividir de alguna manera en clases, lo que es Neurosis, Psicosis y Perversión. Así que esta manera de abordar la clínica nos ofrece un marco que nos garantiza una cierta certeza diagnóstica.



Pero, lo que actualmente es más claro y evidente es que hay cierta “continuidad”, que nos permite hablar ya no de clases, o de estructuras, sino más bien de “modos de goce”.

Lo cierto es que en determinado momento la comunidad psicoanalítica se vio llamada, convocada, a rever, a reconfigurar y revisar ciertas cuestiones que se nos plantean hoy en día en la clínica cotidiana, ya sea en instituciones o en la consulta privada.

Se podría decir que existe actualmente cierto aggiornamiento de la elaboración teórica y clínica que se había venido produciendo en el campo del psicoanálisis respecto de las psicosis.

Este aggiornamiento se ha puesto en marcha a partir del abordaje de elementos que Lacan forjó después del Seminario 3 (1955-1956) sobre “Las Psicosis”. Un texto que es fundamental tomar como base, como apoyo en nuestra práctica clínica.

Es decir que la cuestión está puesta en plantear una conversación entre la experiencia clínica y los marcos conceptuales existentes en la literatura clásica del pscioanálisis.

Hay un término que se ha propuesto que es el de “Neodesencadenamiento” que se ha utilizado para actualizar el concepto clásico de “desencadenamiento” de la psicosis, tal como está enunciado en el escrito de Lacan “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible para la psicosis”.

Una época de la enseñanza de Lacan marcada por la primacía del significante, de lo simbólico. Allí, el desencadenamiento implica fenómenos de cadena rota, como son las alucinaciones. Un retorno en lo real de algo que ha sido forcluido de lo simbólico: el Significante Nombre del Padre

Estas revisiones se hacen a partir de lo que la experiencia clínica nos enseña, a partir de sus desafíos. Y esto ha llevado a desarrollos posteriores de Lacan referidos a las psicosis, que consisten en considerar la “polaridad” entre “sujeto del goce” y “sujeto del significante”. Un planteo vinculado a la orientación creciente de la clínica por la cuestión de lo real y el aparejamiento del goce.

Este pasaje, estas conversaciones y replanteos, implican el paso en la enseñanza de Lacan de la clínica del significante a una clínica de los nudos y la topología.

La clínica borromeica, con la última enseñanza de Lacan, digamos que permite ir más allá de las estructuras, de las grandes clases con las que nos arreglábamos en la clínica para distinguir neurosis de psicosis.

La última enseñanza de Lacan, dpsicosis ordinaria fotoonde prima el registro de lo real en su formalización, nos permite ir más allá del Nombre del padre, en tanto operador teórico y clínico; la presencia o ausencia del significante del Nombre del Padre.

La pregunta que nos puede orientar, siguiendo las últimas conceptualizaciones de Lacan, es preguntarnos, en cada caso clínico, y orientarnos en su posibilidades de tratamiento, qué es lo que mantiene juntos los tres registros: imaginario, simbólico y real; o qué es lo que podría mantenerlos juntos.

Esto nos brinda otras herramientas que si nos orientamos sólo por la cuestión de la Forclusión del Significante Nombre del padre en la estructura.


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Introversión y asesinato: ¿Dos caras de la misma moneda?

Recientemente James Holmes irrumpió en un cine de Colorado y mató a tiros a 12 personas hiriendo a otras más. No es un caso aislado, son varios los episodios como este que han ocurrido a través de la historia y, desgraciadamente, de seguro contaremos con otros más. Lo curioso es que casi siempre, cuando se entrevista a vecinos y amigos, suele salir a la luz que se trataba de una “persona introvertida”, encerrada en sí misma, con pocos amigos.



Y entonces todos asienten tristemente con la cabeza, como si entre la introversión y el deseo de matar existiese una profunda e irrefutable relación. Sin embargo, lo cierto es que en el mundo existen millones de personas introvertidas (se piensa que alrededor de un 25% de la población) que no van por la calle con una pistola o un cuchillo en mano matando a los demás. Entonces… ¿será cierto que la introversión es un factor determinante para el desarrollo de una psicopatía o una psicosis?

A arrojar nuevas luces sobre este fenómeno acude un estudio realizado en el año 2010. Estos psicólogos estudiaron lo que se conoce como la “Tríada Oscura de la Vulnerabilidad”: un narcisismo hipersensitivo, una psicopatía y un trastorno de personalidad borderline. No obstante, lo curioso fue que esta tríada se ha relacionado con la emocionalidad negativa pero también se ha demostrado que es inversamente proporcional a la introversión y la desinhibición.

A sustentar esta idea acude otro estudio realizado en la Universidad de Oxford donde se demostró que las bases neurofisiológicas de la introversión descansan en el sistema inhibitorio que incluye la corteza orbitofrontal (relacionada con el procesamiento cognitivo en la toma de decisiones), razón por la cual las personas introvertidas suelen hablar menos y pensar más que los extrovertidos y motivo por el cual suelen demorarse más en tomar sus decisiones.

Otro experimento ha sacado a la luz un descubrimiento aún más interesante: en el cerebro de las personas introvertidas circula más sangre y esta viaja a través de caminos diversos (en comparación con el cerebro de las personas extrovertidas). De hecho, el “camino” por el cual circula a sangre en el cerebro de las personas introvertidas es mucho más complejo, lo cual podría explicar el hecho de que se le ocurran las ideas cuando ya es demasiado tarde.

Por si fuera poco, se ha visto que los introvertidos son muy sensibles a la dopamina por lo que, si en ciertas circunstancias su cuerpo produce cantidades por encima de la norma de este neurotransmisor, su organismo se sentirá sobreestimulado ya que realmente está más acostumbrado a la producción de la acetilcolina (relacionada con el sueño).

Sin embargo, otros estudios han demostrado que el aislamiento social puede amplificar las consecuencias negativas del estrés y aumentar el riesgo de desarrollar ciertas psicopatologías. Entonces… ¿dónde está la respuesta?

Realmente la personalidad es un constructo complejo que se va conformando a lo largo de la vida y a través de nuestras vivencias. Esto significa que la extroversión-introversión no son sino simples características que se añaden a un cuadro mucho más complejo. Además, la introversión no es un factor que existe per se sino que es un continuo que se puede manifestar en mayor o menor medida en diferentes situaciones.

Por otra parte, la introversión no es necesariamente una característica negativa. Muchos genios han sido introvertidos ya que el estar solos consigo mismo nos ayuda a explorar nuestras facetas más ocultas y creativas.

Todo esto implica que la introversión por sí sola no es un motivo suficiente para desarrollar ninguna patología mental. Puede ser un aliciente pero sin lugar a dudas no es la chispa que enciende las llamas.
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Efecto del Falso Consenso: Cuando creemos que los demás se parecen a nosotros

En el 1977 la Psicología Social vio salir a la luz un experimento muy interesante: se reclutó a cierto número de estudiantes universitarios y se les preguntó si estarían dispuestos a llevar por todo el campus un cartel con el letrero “arrepentíos”.



Cada participante era libre de elegir y, como se puede presuponer, algunos aceptaron la propuesta y otros no. Lo interesante es que después se les pidió a todos que estimaran cuántas personas habían aceptado o rechazado llevar el cartel por el campus. Entonces se descubrió una tendencia muy curiosa: los estudiantes que habían aceptado pensaban que el 60% de las personas también estarían dispuestos a hacerlo mientras que, entre los que habían rechazado la oferta, pensaban que solo el 27% estaría dispuesto a llevar el cartel. En otras palabras, cada grupo (los que aceptaron y los que rechazaron) sobreestimaron la cantidad de personas que podían tomar su misma decisión.

A este fenómeno se le conoce como el “Efecto del Falso Consenso” y hace referencia a nuestra tendencia a sobreestimar el grado de acuerdo que las demás personas tienen para con nuestras ideas, actitudes y comportamientos. En otras palabras, tendemos a pensar que nuestros hábitos, preferencias y opiniones son compartidas por una mayoría de personas. Obviamente, se trata de una creencia errónea que maximiza artificialmente la confianza que tenemos en nosotros.

De cierta forma, Freud fue uno de los primeros en hacer referencia al efecto del falso consenso. No obstante, lo consideraba más como un mecanismo de defensa, exactamente, se refirió a la proyección. Es decir, al hecho de que no aceptamos algunas características propias o de nuestro entorno porque estas nos resultan demasiado amenazantes y tendemos a proyectarlas sobre otras personas. Por ejemplo, una mujer que esté insatisfecha con su relación de pareja pero que no quiere aceptar esta realidad, puede ver problemas que no existen en otras relaciones sentimentales.

No obstante, es válido aclarar que el efecto del falso consenso se refiere solo a una sobreestimación de la extensión de las creencias propias. Por ejemplo, los fundamentalistas religiosos son conscientes de que no todo el mundo comparte su visión del mundo pero, cuando son víctimas del falso consenso, tienden a sobreestimar el número de personas que comparten realmente sus valores.


Las causas: De la inseguridad a la falta de información

El falso consenso es un fenómeno multideterminado. Se conoce que en algunos casos este sesgo sienta sus bases en nuestro deseo de mantener una valoración positiva de nosotros mismos. Es decir, si creemos que nuestra autoestima está siendo amenazada o si queremos reforzar alguna idea sobre la cual no nos sentimos particularmente seguros, tendemos a pensar que muchas otras personas siguen nuestros pasos. De esta forma nos damos confianza y mantenemos nuestro equilibrio psicológico.

En otros casos, el falso consenso está delimitado por la falta de información. De hecho, se sabe que las personas conservadoras leen la prensa conservadora y que los fundamentalistas religiosos se limitan a su literatura. Por ende, sus convicciones son reforzadas ya que no encuentran una información más equilibrada que les permita mirar al otro lado de la balanza.

Finalmente, otra de las causas del falso consenso radica en un locus de control externo. Es decir, si pensamos que nuestras decisiones y comportamientos están en gran medida determinados por el medio social en que nos desenvolvemos, entonces no es ilógico pensar que muchas otras personas se encuentran en nuestras mismas circunstancias y, por ende, tienen ideas y comportamientos similares a los nuestros.
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