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Psicología Infantil / Psicopedagogía

Temáticas orientadas al niño.

¿Cuando fueron suficientes videojuegos?

Se observa frecuentemente una creciente preocupación entre los padres por el excesivo número de horas que los niños y adolescentes dedican a jugar a los videojuegos.


¿Que tiene de bueno o de malo el alto uso de los videojuegos?


No tengo nada en contra de los mismos; pienso que, además de un entretenimiento, muchos estimulan la capacidad de concentración, habilidades de coordinación visomotora, la capacidad para analizar una situación... Todo esto es así siempre y cuando el contenido del videojuego sea apropiado.






Lo que me motiva a escribir sobre esto, es lo siguiente:

- En efecto, se puede afirmar que, en general, los niños y adolescentes dedican un excesivo número de horas a los videojuegos. Esto no es de ningún modo positivo, porque son horas que pierden para relacionarse, leer, hablar con sus padres o jugar a juegos tradicionales.

- Por lo tanto, para que el niño llegue a interiorizar, en la segunda infancia, que debe autorregularse en esta actividad, primero sus padres o responsables han debido de marcar una regulación externa. Es imprescindible que los padres o tutores de los niños establezcan un horario, adecuado a la edad, para esta actividad. Dejar que el niño, sobre todo si es pequeño, decida es, aparte de muy dificil, una irresponsabilidad.

- El contenido del videojuego: es de vital trascendencia. El videojuego debe estar acorde con la edad del niño. Nunca se debe permitir que un menor juegue con un juego que sobrepase su edad. No hay que consentir bajo ningún concepto que los niños accedan a videojuegos de contenido violento. Nunca. Estamos viendo en consulta casos de niños, especialmente sensibles, afectados por las imágenes que han visto. Pueden generar traumas.

- Los padres y tutores deben de interesarse por el contenido de los juegos, por lo que sucede en el mismo, los personajes, la historia, lo que pasa en ese mundo, y ayudarle a diferenciar lo real de la fantasía.

- Dediquemos tiempo a los niños y juguemos con ellos también a juegos tradicionales. Y no nos olvidemos que decir "te voy a contar un cuento" todavía tiene más fuerza que el videojuego porque la relación interpersonal es más poderosa que la atracción que ejerce una máquina, si las relaciones y el contexto familiar es sano, claro. Es la magia del apego entre padres/cuidadores y niños... Que no lo alteremos. Que no lo perdamos.



Autor: José Luis Gonzalo
Blog: http://www.buenostratos.com/2008/04/dejmonos-de-tanto-videojuego.html
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Tips para evitar errores que cometen generalmente los padres

María Jesús Álava Reyes advierte de los errores que no deben de cometer los padres en la educación de los hijos






"Intentar ser colegas en vez de padres. Los niños necesitan situarse y situarnos. Los adultos ocupan un papel fundamental en sus vidas: el de adultos, y pocas cosas los confunde tanto como ver a un adulto actuando como un niño.


Intentar “comprarlos” haciendo de buenos o poniéndonos siempre “de su parte” En un principio, es la postura más cómoda, aunque, tarde o temprano, se vuelve en contra de quien la ejerce.


Protegerlos en exceso, hacer que el mundo gire en torno suyo. Debemos estar a su lado, pero para ayudarles, no para asfixiarlos. Los niños tienen que vivir sus propias crisis, y serán éstas las que les permitan generar sus propios recursos, sus propias habilidades, sus propias salidas.


Pretender razonar en medio de una discusión, o tratar de imponer en lugar de sugerir.


Mostrar impaciencia, meter prisa, transmitir tensión.


Sacrificar constantemente a los otros hermanos o miembros de la familia.


Cerrar los ojos: negar lo evidente y pensar que los otros exageran.


Favorecer el consumismo. Darles de pequeños todo lo que piden. De esa forma empiezan por no darle valor a las cosas y terminan por no dárselo a las personas.


Educar en el resentimiento, en la intolerancia, en la falta de generosidad y en la ausencia de valores".
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Niños indomables

Cada familia tiene un modo distinto de relación, porque cada miembro, que es único y diferente, aportará un factor para contribuir a dotar a esa estructura, de una forma de ser propia.

Tanto el padre como la madre establecerán una forma de vincularse entre si y con sus hijos, los cuales tenderán a recrear el mismo modo de relación, que mantendrán posteriormente para relacionarse con los demás y desarrollar sus vidas en la sociedad.

Los niños criados en un ambiente calmo y armonioso, libre de peleas y actitudes violentas, es difícil que presenten problemas de comportamiento, de angustia o ansiedad o que tengan dificultades de adaptación o adicciones.



Ellos necesitan hacer una vida ordenada que respete las rutinas diarias, como las horas de comer y de dormir, debiendo evitar sus padres o cuidadores, que asocien otras actividades con la comida, como ver televisión, jugar o levantarse de la mesa; y que se acuesten tarde.

Comer juntos es el único momento en que los niños tienen la oportunidad de estar con sus padres y de comunicarse con ellos.

También es el momento de enseñarles, entre otras cosas, a que no deben abandonar la mesa sin su permiso, cómo comportarse a la hora de comer, a pedir las cosas que necesitan por favor y a decir gracias.

Un niño caprichoso y agresivo ha aprendido a obtener lo que quiere con los berrinches que sus padres han aceptado como normales y no como una conducta que se puede evitar, para bien de su hijo.

Los padres tienen que evitar demostraciones exageradas de afecto cuando los niños no han hecho nada para merecerlas y menos después de haberse comportado con agresividad o violencia, porque los condicionan a seguir actuando de la misma manera.

Además, se suelen excitar aún más cuando los padres los colman de mimos o besos, cuando están con una berrinche; excitación que al no poder ser canalizada adecuadamente, sólo servirá para tornarlos más irritables y molestos.

Es importante que los padres reconozcan las conductas favorables y las reacciones adecuadas de sus hijos, así como también sus habilidades y sus logros, para que logren la suficiente seguridad en ellos mismos, adquieran autoestima y se sientan motivados a mejorar su comportamiento.

El aprendizaje se produce por amor; porque cuando un niño se siente no querido o aceptado como es, o desplazado por sus hermanos o no se siente reconocido, reacciona con conductas agresivas y violentas, se comporta en forma caprichosa y se convierte así en un niño indomable.

Sin embargo esta situación se puede revertir si los padres asumen su rol y ponen las reglas, que deberá cumplir todo el grupo familiar.

Las reglas deben ser claras, preferentemente deben estar escritas y ser exhibidas en un lugar visible en el hogar.

Toda trasgresión de las reglas tendrá su sanción, que tiene que ser cumplida sin excepciones, sin necesidad de que ésta sea demasiado severa.

Una sanción para un niño pequeño puede consistir, en permanecer sentado en una silla, siempre la misma, durante cinco minutos.

Después de cumplida la sanción, el niño deberá aprender a disculparse, y luego se lo podrá abrazar y besar.

Esta actitud ante berrinches, caprichos o agresividad de los niños, hará que cambien y aprendan a comportarse mejor.

La firmeza y seguridad de los padres es esencial, siendo necesario que durante las crisis de conductas inapropiadas se mantengan calmos y no enojados, porque los niños asocien el enojo con falta de amor.

Antes de intentar corregir el comportamiento de un niño es necesario esperar a que se calme y esa calma se conseguirá sólo con la actitud tranquila de los padres; porque solamente una vez calmado, un niño estará en las mejores condiciones de entender lo que se le pretende enseñar.

Un ambiente conflictivo o violento le provoca a los niños ansiedad, temor e inseguridad.

Todo niño necesita límites y los padres son los encargados naturales para ponerlos.
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Los Traumas de la Infancia y la Resiliencia

Así como no hay padres perfectos, tampoco existen niños que hayan tenido una infancia sin ningún altibajo; pero no todos viven de la misma manera las circunstancias adversas o las situaciones traumáticas, como el abandono, los abusos sexuales, los castigos corporales, las exigencias extremas, la pobreza, la crítica destructiva, etc.

Boris Cyrulnik, neurólog, psiquiatra y psicoanalista, utiliza el término “resiliencia” para describir la capacidad de los seres humanos para resistir la adversidad.

Según el diccionario, la resiliencia es la resistencia de un material al choque.

Cyrulnik, habla desde su experiencia, porque perdió a su familia y pasó parte de su infancia en un campo de concentración; tuvo que vivir con familias sustitutas y recién comenzó la escuela a los once años.



Sin embargo, ese comienzo infeliz no fue obstáculo para llega a ser uno de los fundadores de la etología humana, ciencia que se dedica al estudio de las costumbres; y un prestigioso teórico de la resiliencia.

Para Cyrulnik, la resiliencia consiste en darle sentido a los padecimientos que se sufren en la infancia y a partir de ese significado poder desarrollar un proyecto de vida pleno de sentido.

Algunas historias de vida pueden resultar aleccionadoras para los que están empeñados en considerarse condicionados por sus experiencias infantiles e insisten en mantenerse atrapados por esas circunstancias, atinando solo a lamentarse y negándose a crecer.

Como el caso de las hermanas siamesas unidas por la cabeza, que lograron sobrevivir y llegar a la vida adulta compartiendo un órgano vital como el cerebro, circunstancia que hizo imposible su separación.

Sin embargo, lejos de cualquier suposición, actualmente, dentro de sus limitaciones, llevan una vida normal, tienen independencia y una filosofía de vida digna de imitar.

“Hago lo mejor que puedo con lo que tengo” le dijo una de ellas al periodista que las entrevistó durante un programa de televisión, dedicado a nacimientos de hermanos siameses.

Reconozco que haber tenido una infancia feliz es una gran ventaja, pero no alcanza para llegar a ser un adulto independiente y maduro; al contrario, a veces hasta es un obstáculo cuando se han establecido relaciones simbióticas.

Cada persona es única y tiene una forma diferente de asimilar las experiencias, que podrán ser acreditadas o no a su favor.

Todo depende de la forma de pensar, porque a veces la adversidad es la que impulsa a rebelarse, a ser diferente, a luchar con tenacidad, a tener espíritu de iniciativa y ser responsable.

Existen miles de ejemplos de inmigrantes menores de edad que fueron embarcados por sus familias hacia países desconocidos para que tuvieran una mejor oportunidad, y la gran mayoría logró hacerlo con éxito, porque entendieron el significado de ese desprendimiento, lo aceptaron y lo superaron, dedicándose de lleno a labrar un futuro.

La falta de sentido del dolor, produce estancamiento y confusión. No se trata de justificar el dolor sino de comprenderlo en relación al futuro, porque si no se lo comprende hará que esas personas reiteren a otros sus propios padecimientos.

Muchas veces los traumas han servido para el despertar de la conciencia y ser una persona nueva que se atreve a hacer lo que nunca hubiera hecho en circunstancias normales.

Las personas resilientes suelen ser inteligentes, poseer recursos para enfrentar situaciones difíciles, tener facilidad para relacionarse y fuerza de voluntad, ser independientes y tener alta autoestima, sentido del humor y esperanza.

Todos nacemos con un mecanismo autorregulador que nos permite la adaptación a las circunstancias más adversas; luego, “lo que no nos mata nos fortalece”.

Aprovechemos los recursos que tenemos y no nos dejemos vencer por la adversidad, porque es una manera de aprender.

Fuente:”Autobiografía de un Espantapájaros”, de Boris Cyrulnik, Ed. Gedisa, España
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Nace un Bebé

El nacimiento de un bebé produce una revolución renovadora en un hogar.

Si hay otros niños, puede ser considerado por ellos como un intruso capaz de arrebatarles el amor de sus padres, si éstos sin darse cuenta dejan de lado a los más grandes y se dedican todo su tiempo al recién nacido; y si es el primer hijo puede llegar a asustar la responsabilidad de hacerse cargo de un ser que parece tan indefenso y que sin embargo viene equipado con una fuerza arrolladora.

La naturaleza nos ayuda a responder a este requerimiento con la mayor eficacia, porque basta tenerlo abrazado en nuestro pecho para que que hagamos lo correcto y aparezca la necesidad de amarlo, de satisfacer sus más mínimos deseos, de alimentarlo, de protegerlo y de abrigarlo.

Los bebés no vienen al mundo con un manual de instrucciones, por lo tanto todos los padres tienen que ingeniárselas para entenderlo, complacerlo y criarlo lo mejor posible para asegurar su normal crecimiento y desarrollo y para que sea feliz.



Los padres cuentan con un valioso instinto de protección y el suficiente sentido común como para desenvolverse con éxito, motivados por el amor que sienten por el bebé y por lo aparentemente vulnerables que parecen ser cuando nacen.

Porque un bebé es un ejemplo de perfección. Su cuerpo es nuevo y cada una de sus células está limpia y flamante, sus órganos están impecables listos para funcionar, su vitalidad es óptima y su capacidad de supervivencia increíble.

Esto lo han demostrado muchos bebés abandonados a su suerte en recipientes de basura, que envueltos apenas con algunos trapos pudieron soportar y superar el rigor de bajas temperaturas y el contacto con toda clase de microbios, además de su situación de abandono.

El trauma de nacimiento representa para ellos la prueba de fuego que los preparará para enfrentar todo en este mundo, siempre que sus experiencias en la vida no lo condicionen. Algunos creen que el hecho de ser un niño muy llorón puede relacionarse con su experiencia al nacer haciendo que sea muy difícil calmarlo.

El sonido musical es muy gratificante para el oído de un recién nacido y es algo que está presente en todas las circunstancias de la vida; tal es así que el sólo hecho de tener en brazos a un bebé nos mueve a entonarle una canción de cuna aunque no conozcamos ninguna.

La voz de la madre o del padre cuando cantan se transforma en un estímulo hipnótico que lo ayuda a tranquilizarse y a dormirse.

Cantarle al bebé fortalece el vínculo con él, abre una nueva fuente de comunicación y predispone a mantener la alegría y el buen humor en el hogar.

La música ha sido siempre un canal espiritual, una forma de curar que utilizaron y siguen utilizando algunas culturas y que también se usa en la práctica psicoterapéutica.

Es beneficioso para un bebé escuchar música suave, porque los ruidos estridentes pueden provocarle estrés. Además, los gritos y las discusiones subidas de tono también puede alterarlos. Algunos padres acostumbran a elevar la voz cuando hablan entre si aunque no estén peleando y esto puede perturbar a un bebé.

Sin embargo, el silencio absoluto no es lo mejor para él, ya que es habitual que pueda descansar más tranquilo oyendo los ruidos normales de una casa.

Durante el embarazo, los bebés escuchan los sonidos que provienen del exterior. La música que tienen oportunidad de escuchar mientras aún están en el útero materno, será para ellos muy tranquilizadora y también muy estimuladora después de nacer.

Es recomendable comenzar a cantarles en el mismo tono de su llanto para ir bajándolo gradualmente disminuyendo el ritmo, según como sean sus reacciones.

Cantarle a un bebé es una conducta intuitiva que surge en forma espontánea cuando uno lo carga en los brazos. Es probable que pertenezca al inconsciente colectivo que conserva el recuerdo de las antiguas prácticas de nuestros antepasados con sus descendientes.

La canción de cuna debe ser una melodía suave y repetitiva que favorezca la calma y induzca al bebé al sueño.

Fuente: “101 Maneras de calmar a un bebé”, Marcela Osa, Ed. Grijalbo, 2006
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El Bebé y la importancia del contacto

Un bebé tiene una gran sensibilidad al tacto y necesita el contacto, porque lo hace sentir contenido y seguro.

El contacto le garantiza al bebé el sostén y la presencia, le permite aprender a tener conciencia de su cuerpo y sus posibilidades de movimiento, lo ayuda a relajarse, a dormirse, mejora su digestión y favorece su desarrollo neurológico.


La eutonía, que es una disciplina muy útil para los bebés, les permite por medio del contacto lograr el equilibrio de la mente y el cuerpo.

Mediante el toque eutónico, o sea el contacto de las manos sobre la piel del bebé sin ejercer ninguna presión, se pueden disminuir sus tensiones, regularizar sus intestinos, tranquilizarlo y facilitarle la coordinación de sus articulaciones.



El toque eutónico que se realiza con la palma de la mano y con los dedos, puede ir acompañado también por la cariñosa voz del adulto que está estableciendo ese contacto.

La intención del toque eutónico es transmitir amor, seguridad y contención. No se trata de un simple masaje, sino de un toque suave, por eso no se necesita usar cremas o aceites.

La medida de la presión la da la posibilidad de las manos de deslizarse.

La persona que va a realizar el toque debe estar tranquila y equilibrada, y sus manos deben estar cálidad y libres de tensiones.

Se puede comenzar por el centro del pecho y bajar hasta los pies, incluyendo ambos brazos y luego se repiten los toques en la parte posterior del cuerpo.

Por otro lado, el masaje californiano, que surgió inspirado por el movimiento de las olas del mar, también es apto para los bebés.

Se trata de movimientos largos que exigen la utilización de unas pocas gotas de aceites naturales sólo para favorecer el deslizamiento de las manos.

Estos masajes pueden ir acompañados de música suave, siendo importante prestar atención a la respuesta del bebé y a su respiración.

Los movimientos deben ser lentos y la presión de las manos debe ser leve, levantándolas solamente al terminar cada secuencia.

Para realizarlo, el adulto debe colocarse detrás de la cabeza del bebé y proceder a masajear suavemente su piel desde el cuello hasta los pies, y luego, si no protesta, se hace lo mismo con el dorso del cuerpo.

Las manos son los canales más adecuados para transmitir energía curativa que deberán estar acompañadas con la sana intención.

Hay que prestar atención a las distintas sensaciones que se percibirán al apoyarlas en las distintas zonas del cuerpo.

Si el bebé está incómodo, se queja y parece registrar alguna molestia, las manos pueden percibir dónde se encuentra ese desequilibrio, y detectar más frío, más calor o un leve cosquilleo.

En esas zonas, es útil colocar las manos sobre ellas, a unos centímetros sobre la piel y permanecer en esa posición hasta notar algún cambio en la percepción.

Al finalizar el masaje y la imposición de sus manos el adulto deberá sacudirlas para descargar la energía sobrante.

El contacto físico resulta mágico para calmar a un bebé.

Por ejemplo, estar en brazos lo gratifica, dado que todos sabemos que si los levantamos dejan de llorar. Pero no es recomendable tomar al bebé en brazos cuando está llorando para que no lo asocie como una solución para sus reclamos, sino que es mejor esperar que se calme para levantarlo.

La forma de sostener a un bebé en brazos le transmite la actitud de la persona que lo alza y lo ayuda a identificarlo. Esta posición le alivia los cólicos que le producen los gases y además lo hace sentir protagonista en la escena. Porque mientras el bebé está sentado o acostado, solo es un observador pasivo, en cambio, si se lo levanta, ya se siente incluido y hasta puede participar llamando la atención con cada movimiento o balbuceo, elevando su autoestima y aprendiendo modos de comportamientos cotidianos.

Fuente:”101 Maneras de Calmar a un bebé”, de Marcela Osa, Ed. Grijalbo,2006.


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Los Límites

Los límites no constituyen solamente exigencias saludables para los niños y los jóvenes, sino que también representan la medida de la moderación para los adultos.

La libertad es la máxima aspiración para un ser humano, no así el libertinaje, que significa hacer lo que quiero, cuando quiero y como quiero, ignorando la existencia del otro, que tiene el mismo derecho a gozar de su propia libertad.

Muchos jóvenes viven una libertad sin límites, a veces arriesgando sus propias vidas y las de los demás, para probarse a si mismos y autoafirmarse como personas únicas y diferentes, pero en forma peligrosa e inapropiada.

Ensayan hasta dónde pueden llegar y se empeñan en tropezar con la misma piedra, porque necesitan auto valorarse y saber que son capaces de superar a otros.



Los modelos que la sociedad ofrece a la juventud se basan en la competencia y no en el despliegue de las capacidades que tiene cada uno, de manera que muchos jóvenes se centran en forjar su destino sin tener en cuenta la importancia de su aporte individual.

Los animales también tienen límites en sus vidas de relación en grupo y los líderes naturales son los que se encargan de hacerlos respetar, pero ellos viven en un mundo cerrado, atados a los instintos.

El deseo humano de transgredir las reglas es necesario y natural, porque si no fuera así no habría cambios ni creatividad. Sin embargo, los cambios no son aceptados de inmediato por la sociedad, que necesita asegurarse de su eficacia para adoptarlos, por lo que es necesario tener la suficiente tenacidad y perseverancia para lograrlos.

Una vida sin límites, lejos de ser gratificante, produce mucha frustración y termina siendo autodestructiva.

La vida cotidiana nos exige el respeto de los límites en todos los ámbitos de nuestra actividad. No es bueno para nadie trabajar en exceso, descansar demasiado, comer de más, excederse en la práctica de deportes o exigirle al cuerpo más de lo que puede hacer.

El respeto a los límites es el arte de la moderación tan difícil de lograr y que no todos son capaces de practicar. Muchos comen y beben en exceso, se convierten en adictos al trabajo, al deporte o al sexo; dedican sus vidas a intentar saltar más alto, correr más ligero, levantar más peso, ser más atléticos, más flacos, más jóvenes, exigiéndose a si mismos en forma exagerada y realizando verdaderas proezas con sus cuerpos.

El hombre que aprende el arte de la moderación puede permitirse ser más feliz y tener más alta la autoestima, porque se puede aceptar como es, no necesita exigirse ser quien no es, ni sufrir privaciones, ni hacer más de lo que puede sin respetar su cuerpo; y puede darse cuenta, que sólo aceptando sus límites los puede trascender.

Un ciego tiene que aceptar su ceguera para poder aprender a hacer todo sin ver, si no la acepta, además de ciego se convierte en un discapacitado total.

Se aprende a respetar los límites en la niñez; pero cuando la crianza ha sido permisiva sin esa oportunidad, se favorece la formación de un carácter débil, orientado hacia la persecución del placer, con tendencia a transgredir reglas sociales y a no tener respeto por los demás.

Los límites nos permiten construir una estructura de personalidad firme, ser dueños de nosotros mismos y nuestros propios jueces, capaces de organizar nuestras vidas en función a un proyecto, y de tomar decisiones coherentes y responsables.

Respetar los límites nos hace más confiables, más seguros de nosotros mismos y más dignos de respeto.

Lo único que no debe tener límites es la imaginación y la libertad de pensamiento.


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La Autoestima de los Niños

Pocas personas han nacido para cumplir grandes hazañas, pero todos tienen la enorme tarea de gobernar con sabiduría su propia casa.

Los hijos aprenden todo lo que los padres hacen y los padres aprenden de sus hijos; y el amor es la argamasa que no permite que se desmorone la familia.

Es difícil ser padres, mucho más ahora en que tanto padres como madres trabajan y tienen que redoblar sus esfuerzos para cumplir con el sostén del hogar y el cuidado y la educación de sus hijos.

Los hijos no son todos iguales, y así como se diferencian físicamente también tienen un temperamento y un carácter distinto.

Los padres aman a sus hijos y suelen hacer muchos sacrificios por ellos; pero las diferencias individuales que presentan, hacen que creen un vínculo distinto con cada uno de ellos.

Estas diferencias puede afectar la autoestima de los hijos, cuando sus padres actúan sin tener conciencia de ellas.



El más chico, que a veces llega al hogar sin que lo esperen y que por lo general es el último, puede recibir un trato preferencial por distintos motivos.

En primer lugar, los padres pueden sentirse culpables por no haberlo deseado, aunque luego lo hayan aceptado con agrado.

Luego, el pequeño los hace sentir más jóvenes, porque es la oportunidad de un nuevo comienzo en sus vidas, al necesitar retomar la casi olvidada rutina de los pañales y las mamaderas.

Los más grandes han perdido el candor de la primera infancia y han aprendido a defenderse solos, mientras un bebé en cambio, resulta tan vulnerable e indefenso que sus padres tienden a comportarse como si fueran primerizos, sobreprotegiéndolo y mimándolo aún más que el primero.

Por lo tanto, estos pequeños son más consentidos y defendidos que sus hermanos, por su aparente inferioridad de condiciones y principalmente por ser el más chico.

Ese trato diferente permite a ese niño sentirse querido aceptado y seguro, ingredientes que pueden favorecer su seguridad en sí mismo, el desarrollo de una personalidad firme y de una alta autoestima. Aunque si ha sido excesivamente consentido también puede aprender a ser egocéntrico, dependiente, caprichoso y perezoso.

Los demás hijos, mientras tanto, tendrán que esforzarse más para distinguirse y gozar de los mismos privilegios, y tenderán a ser competitivos o bien a renunciar a sus iniciativas dejándose estar para llamar la atención por su desidia.

Los niños no deben ser encasillados en un rol que los defina como incorregibles o vagos, porque es muy difícil salir de ese encasillamiento, y la tendencia entonces es ser fiel a esa definición.

Si definimos a nuestros hijos con juicios terminantes, diciéndoles que son unos inútiles o perezosos, se convencerán y no harán nada para remediarlo; al contrario, aprenderán a odiarse ellos a si mismos como creen que los demás lo hacen.

A los hijos hay que aceptarlos como son, cualquiera sean sus defectos, ya que esta aceptación permitirá que los trasciendan. Tienen derecho a enojarse cuando es oportuno pero deben saber que el límite es no llegar a las manos y deben ser respetados por el hecho de ser personas y no solamente por lo que hacen bien.

Es importante no juzgar las actitudes de un niño pero es necesario señalarle qué es lo que está haciendo que puede resultar perjudicial para otros o no beneficioso para él, tratando de evitar calificarlo como malo, incorregible o violento, ya que terminará convenciéndose e integrando esos conceptos a su identidad.

Algunos padres pueden sentirse desbordados por los problemas y las responsabilidades que implica la tarea de educar a los hijos, pero tienen que aprender a aceptar que no pueden eludir esa responsabilidad ni evitar hacerse cargo de sus actos.

Los niños deben conocer los límites, aprender a ser responsables de lo que hacen, a tener proyectos y cumplirlos, a perseverar y tener paciencia cuando se proponen un objetivo y a respetar las reglas del hogar y saber que serán sancionados si no las cumplen.

El hogar es la oportunidad que tienen para entrenarse y ser capaces de vivir en una sociedad, insertarse adecuadamente y poder contribuir con su aporte para cumplir su destino.


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Vacaciones de Invierno

Las vacaciones de invierno son la oportunidad de estar con la familia y con los amigos, de levantarse tarde y tal vez de acostarse también más tarde para aprovechar para ver alguna buena película por televisión apta para todo público.

Sin embargo, a todos les da desesperación por salir para ver toda clase de espectáculos y agregarse a la multitud que desea hacer lo mismo.

En esta fecha, se despliega la acostumbrada maquinaria publicitaria para promover entretenimientos para los chicos y ¿por qué no?, también para los adultos, contagiados por el ambiente festivo que se respira.



La gente menuda compite con sus pares para ver quién es el que puede ver más espectáculos, más películas, más entretenimientos, eligiendo entre todas las opciones que existen, que son las que se disputan año tras año la concurrencia masiva del público.

La televisión sirve como referencia, porque los chicos quieren ver a sus ídolos y los jóvenes a los protagonistas de las novelas del corazón, en vivo y en directo, en los teatros; y sus padres hacen el esfuerzo de satisfacerlos tratando de conseguir el mejor lugar cueste lo que cueste.

Pero no hay que olvidar que también hay opciones gratuitas muy divertidas y entretenidas para la mayoría.

Muchos abnegados padres se desviven para ahorrar para esta fecha, privándose de muchas cosas, para ofrecerle a sus hijos la oportunidad de hacer turismo, y disfrutar de lugares más cálidos, o más fríos, para aprovechar la nieve y poder practicar deportes de invierno.

Lejos están los días en que las vacaciones de invierno eran días destinados a levantarse tarde y disfrutar jugando en la vereda, sin dejar de lado la larga lista de deberes que alguna maestra injusta nos obligaba a cumplir.

Las cosas cambian, a veces tal vez demasiado y convierten unas vacaciones de invierno en una época de mucho estrés, haciendo valijas, o colas y sufriendo empujones para poder conseguir entrar a los lugares de esparcimiento.

Lo que cambia en las vacaciones es la rutina del resto del año, pero el ritmo vertiginoso de las grandes ciudades continúa siendo el mismo, con el agravante de que las pretensiones de los chicos, que no quieren perderse nada, pueden desestabilizar la economía familiar.

Son pocos los que se quedan en casa porque los padres desean conformar a sus hijos y se esfuerzan por complacerlos, condicionándolos a que les exijan cada vez más.

Hay muchos espectáculos gratuitos de buena calidad y es positivo incentivar el interés de los niños para visitar museos, exposiciones y lugares históricos, sumando una alternativa más que trascienda lo que hace la mayoría, porque el arte es cultura y también ofrece la posibilidad de brindar un sano e instructivo esparcimiento y la oportunidad de sembrar la motivación en los niños para ir donde es más difícil que se produzcan aglomeraciones.

Hacer actividad deportiva es una buena forma de disfrutar de las vacaciones de invierno. Los chicos necesitan estar en movimiento y poder correr, aunque el frío se haga sentir, practicando deportes en equipo o bien para aprender algo nuevo, como patinar, nadar o jugar al tennis.

No siempre es necesario gastar para divertirse; porque los más chicos pueden pasarlo bien en una plaza, acompañado por sus padres y algún amigo o bien haciendo un picnic en los bosques de Palermo.

Lo importante es hacer algo diferente, sentir que se interrumpe el árido tedio de las obligaciones y disfrutar de otra cosa para hacer, pero sin prisas ni agitaciones, para poder recargar las pilas y funcionar mejor el resto del año.

Las vacaciones de invierno tienen el sentido del paréntesis necesario para no asistir a clases los días más fríos del año y no tener que levantarse tan temprano. Estas razones, por si solas, ya representan posibilidades gratificantes para todos los chicos, que tienen que aprender a disfrutar de los pequeños placeres simples de la vida en familia; y si pueden, salir a pasear sin tantas pretensiones, porque no siempre el más feliz es el que puede tener y hacer todo lo que hacen los demás.
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Mi Hijo no me come

Los chicos suelen expresar sus estados de ánimo como pueden y la comida se convierte en un medio de comunicación, ya que el mundo de un niño pequeño se reduce a la satisfacción de las necesidades básicas.

Un hijo puede haber sido deseado o no y a veces también puede existir un sentimiento ambivalente, se desea por un lado tener un hijo, pero se rechaza por otro, ya que atender a un bebé es una tarea que demanda tiempo completo y no todos están dispuestos a cumplirla.

Se acepta que desde el útero los seres humanos pueden ser afectados emocionalmente; simplemente porque son seres vivos que aunque todavía no se hayan desarrollado del todo, tienen células receptoras que puede recibir estímulos externos e internos tanto placenteros como displacenteros.

Aunque estar en el útero es una condición casi ideal, un bebé no está exento de sufrir altibajos, porque cualquier perturbación, enfermedad, sufrimiento o desequilibrio de la madre puede repercutir en él.



El momento del parto es igualmente traumático. Son conocidos los trabajos de Otto Rank sobre el trauma de nacimiento y las consecuencias en la vida de un individuo, relacionadas con la depresión.

Con su técnica de respiración holotrópica, Stanislav Groff también analiza la experiencia del nacimiento en pacientes psicóticos, logrando que en estados alterados de conciencia puedan regresar al instante del nacimiento y elaborar emocionalmente el trauma.

La primera infancia, el niño tiene la experiencia de la lactancia materna, etapa que normalmente suele brindarle a un individuo tanto satisfacciones como frustraciones.

Tanto el exceso de gratificación como el exceso de frustración pueden producir una fijación y el consecuente trauma en el niño.

Melanie Klein investigó este tema y llegó a singulares conclusiones. Un niño al mamar tiene la oportunidad de experimentar tanto un pecho malo como bueno, porque depende de la disposición y del estado anímico de la madre cuando lo amamanta.

Si existe un equilibrio de experiencias buenas y malas, un niño no debería sufrir ningún trauma.

Cuando un niño se resiste a comer, rechaza la comida y se muestra desinteresado a la hora de comer, es probable que sufra una perturbación emocional, provocado por un trauma inconsciente en la primera infancia.

Existen madres que no desean amamantar a sus hijos por distintos motivos, y rechazan inconscientemente al niño cuando se alimenta.

Los bebés no se expresan con palabras pero sienten, y luego tienen que exteriorizar de algún modo su frustración.

Al rechazar al hijo y negarse a alimentarlo, la madre siente culpa, y para deshacerse de la culpa lo sobreprotege, abrigándolo demasiado, persiguiéndolo, acosándolo, presionándolo etc.

De manera que la sobreprotección rechazante que sufre el niño puede ser la causa de sus trastornos alimenticios y de otros problemas.

La anorexia y la bulimia se relacionan con las experiencias vividas en la etapa oral del desarrollo psicosexual, con las primeras relaciones significativas, o sea con la madre.

Rechazar el alimento es una conducta autodestructiva y puede ser la etiología profunda de una depresión.

El niño puede tener dos formas de superar su frustración, o bien come en exceso hasta hartarse, con el fin de hacer desaparecer el objeto que lo frustra, que sería la causa profunda de la obesidad mórbida, o bien lo rechaza y no come, conducta que se repite más adelante en la anorexia del adolescente.

Se puede comenzar a encarar este problema dándole al niño la comida que parece preferir e ir incorporándole de a poco otros alimentos

Se necesita paciencia y tenacidad, pero finalmente los niños se corrigen y en esos casos suelen comenzar a alimentarse adecuadamente alrededor de los siete años.

No obstante, la estabilidad emocional y el amor incondicional siguen siendo los mejores recursos.

Fuente: “Diccionario de Psicoanálisis”, Laplanche y Pontalís; “El Psicoanálisis de Niños”, Melanie Klein; “La Mente Holotrópica”, Stanislav Groff.

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