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Pánico, depresión y estados de ánimo

Trastornos de pánico, depresión y estados de ánimo

El Control Emocional

La emoción es la capacidad de sentirse afectado; es la movilización del estado de ánimo que producen los afectos y las pasiones; desequilibrio causado por el miedo y la preocupación.

La emoción es la respuesta afectiva ante una situación que produce inestabilidad y perturbación.

Las emociones pueden aparecer en forma abrupta, frente a un estímulo intenso determinado y ser de breve duración, o permanecer cierto período de tiempo impidiendo cualquier otra acción, aún después de desaparecer el estímulo que la provocó.

Las emociones producen reacciones fisiológicas tendientes a alcanzar lo que se cree que es bueno o rechazar lo que se considera que es malo.



Las personas responden a las emociones de distintas maneras; algunas son más sensibles y se sienten más afectadas que otras.

Si una persona se deja dominar por sus emociones, de nada vale su inteligencia, porque puede actuar en forma impulsiva sin reflexionar ni poder discernir.

Las emociones como la ira, el odio, la tristeza, la euforia, el temor, la confusión, la irritabilidad, la excitación, el entusiasmo, etc., producen gran actividad orgánica y moldean la conducta.

La capacidad de sentir emociones es innata pero el modo de reaccionar a ellas es aprendido y depende de muchos factores como por ejemplo, la cosmovisión, las expectativas, la evaluación de las circunstancias, o los valores.

El control de las emociones puede modificar el resultado de todas las actividades humanas, como el rendimiento en el trabajo, en el estudio, en las ocupaciones cotidianas, en el manejo de un vehículo, en situaciones límites y hasta en el deporte.

Para poder manejar las emociones es necesario reconocer los propios sentimientos y también distinguir los ajenos utilizando la inteligencia emocional.

La inteligencia emocional consiste en el conocimiento de las aptitudes personales y sociales, como la empatía y la habilidad social; el auto-conocimiento, la capacidad de autocontrol y la motivación, que se pueden mejorar para lograr un mayor auto-dominio.

Las emociones influyen en la actividad motora y el funcionamiento orgánico, principalmente a nivel neurovegetativo; y afectan cualquier rendimiento.

A nivel fisiológico, cambia el ritmo de la respiración, la frecuencia cardiaca y la presión arterial. A nivel mental, genera pensamientos relacionados; y a nivel de comportamiento, altera los movimientos del cuerpo.

Cuando la exigencia externa aumenta, es acompañada de una consecuente exigencia psicológica que requiere de un gran dominio emocional para cumplir los objetivos.

Las emociones afectan la capacidad de concentración, la toma de decisión y produce fallas en la actividad en general.

Las personas que logran permanecer calmos y equilibrados en situaciones de gran estrés tienen en general una estructura de personalidad firme y sólida, son seguras de si mismas, saben lo que quieren y hacia donde desean ir.

El rendimiento óptimo se obtiene con el auto-control emocional, permaneciendo frío y relajado para favorecer el funcionamiento del cuerpo y de la mente y mantener el equilibrio; dándose cuenta de cuál es el sentimiento que pretende dominarnos.

La serenidad se logra desprendiéndose de esos sentimientos negativos, lo que da lugar al uso de la razón y la creatividad y permite utilizar todos los recursos disponibles hacia el logro de los objetivos. Pero también son necesarios el compromiso, la motivación, la iniciativa y el optimismo.

No se trata de reprimir las emociones sino de identificarlas, reconocerlas y transformarlas en energía positiva para nuestro beneficio.

Más Información: “Inteligencia Emocional”, D. Goleman, 1995
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Alucinaciones

Para la ciencia, las alucinaciones son percepciones sin objeto y se presentan en enfermedades mentales como la esquizofrenia, en la enfermedad de Parkinson o la Epilepsia, en el Trastorno Bipolar (maníaco-depresivo), pero también pueden aparecer ocasionalmente en situaciones de aislamiento prolongado o después de varios días sin dormir, durante las crisis graves, por exceso de estimulación, y por alto consumo de alcohol o drogas.

También pueden darse en estados hipnóticos, en la meditación profunda, en estados de trance y en el éxtasis místico.

Del cinco al quince por ciento de la población normal podría tener alucinaciones espontáneas en alguna oportunidad y una de cada tres personas podría tener alucinaciones antes de quedarse dormida o al despertarse.



Las alucinaciones pueden ser visuales, auditivas, verbales, gustativas, táctiles y kinestésicas. Se trata de percepciones falsas o distorsiones de la percepción muy complejas, difíciles de estudiar y de definir.

En estudios realizados en esquizofrénicos se han detectado áreas del cerebro involucradas en estos fenómenos que ayudan a lograr una mayor comprensión de los mecanismos de las alucinaciones verbales. Otro modo de investigación es administrando sustancias alucinógenas a voluntarios para poder observar sus efectos neurobiológicos.

Las alucinaciones sugieren cuestionamientos científicos, filosóficos y también religiosos, porque son estados alterados de conciencia que aún no se conocen muy bien y que guardan enigmas difíciles de investigar en un laboratorio.

Los elementos que aparecen en las alucinaciones pueden ser sensoriales y psíquicos y se pueden parecer a los sueños.

Pueden ser transitorios o permanentes, percibirse con los ojos cerrados y abiertos y tan intensas que a veces impiden ver el entorno.

Las alucinaciones visuales pueden ser destello de luces, colores, y adoptar figuras geométricas que se suelen combinar con el ambiente y deformarlo; en tanto que con los ojos cerrados pueden verse paisajes o escenas complejas.

Las auditivas son sonidos como zumbidos, golpes, ruidos diversos, silbidos, rugidos, agua corriendo, puertas que se cierran, campanas, lamentos, murmullos, pasos, música, etc.

La verbal es una forma de alucinación auditiva bastante frecuente, que es cuando se oyen voces que pueden comprenderse o no, amistosas, amenazantes o imperativas y demandantes.

Las alucinaciones del olfato son olor a putrefacción, a goma quemada, a rosas, a canela a “santidad”; y del gusto, son sabores a cebolla, ostras, metal o sangre.

Las táctiles son sensaciones térmicas, de picoteos, pinchazos, toques, hormigueos, dolores, pesadez, hinchazón, palpitaciones.

Las kinestésicas se relacionan con la posición en el espacio, la orientación, el movimiento de miembros y cuerpo y el equilibrio; como la sensación de temblores o que se mueve el piso, de elevarse por los aires, de hundirse en el suelo, del alargamiento de las extremidades o de la falta o el agregado de un miembro. De este tipo es la sensación de miembro fantasma que sienten los amputados.

También la sensación de una presencia, alguien próximo hasta el punto de sentirle su respiración, su olor y cómo se desplaza a su alrededor. Y además el fenómeno alucinatorio de percibirse a uno mismo desde arriba fuera del cuerpo.

Puede haber alucinaciones que incluyen varios sentidos al mismo tiempo.

En general las alucinaciones tienen un fuerte impacto emocional, de angustia o euforia.

En cuanto a las alucinaciones psíquicas se refieren a las percepciones mentales que pueden modificar la noción del espacio y el tiempo, la atención, el sentido del yo, el modo de actuar y afectar el control consciente.

Algunas culturas atribuyen a las alucinaciones un poder premonitorio y un significado sagrado.

Las “revelaciones” místicas de nuestros antepasados antiguos se podrían calificar como alucinaciones.

¿Pero qué son en realidad las alucinaciones? ¿Qué es lo que hace que se estimulen determinadas partes del cerebro y las provoquen?

Aún no se sabe con certeza.

Fuente: Alexandre Lehmann y Juan C. Gonzalez, Revista Investigación y Ciencia, “Mente y Cerebro”, julio/agosto/2009
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El Vacío Interior y la Depresión

El vacío interior se manifiesta como depresión, con síntomas como falta de motivación, desesperanza, carencia de proyectos, sensación de extrañamiento, desasosiego, sentimiento de inseguridad y de temor a la vida y ausencia de sentido de la existencia.

Este estado invade el pensamiento y lleva a una persona a pensar que en la vida todo es negativo y que la realidad está al borde del colapso.

La realidad tiene dos aspectos, el negativo que es la nada, y lo positivo que es todo. Sin embargo, en la nada se encuentra el germen potencial del todo, porque se necesita llegar a tocar fondo para animarse a volver a empezar.

Lo positivo es la vida misma que nos impulsa a unir los contrarios, encontrarnos con nosotros mismos y ver todo como una unidad con significado.



El vacío surge cuando se pone el empeño en vivir para afuera, creyendo que la felicidad es algo que se puede comprar. Pero todos sabemos que aún teniéndolo todo, la vida puede resultar vacía y sin sentido.

Lo único que nos reconcilia con la vida es ser nosotros mismos, hacer realidad la persona que somos y apasionarnos con nuestros propios proyectos.

Solo podremos sentirnos bien cuando estemos haciendo lo que nos corresponde, que es aquello para lo que hemos nacido.

Cuando la vida de una persona se convierte solamente en un trabajo bien remunerado, esa actitud puede llevarla a sentirse alienada y vacía por dentro; y si llegara a perder ese trabajo también podría sentirse perdida ella misma como persona.

A veces, perder un trabajo es la oportunidad que algunos necesitan para animarse a arriesgarse a ser ellos mismos.

La necesidad de seguridad nos hace vivir anestesiados y puede ocurrir que sólo un suceso traumático nos despierte y nos lleve a aprovechar el impulso del cambio.

Lo único que llena el vacío interior es sentirse bien con uno mismo, hacer las cosas lo mejor posible, comprometiéndose, relacionarse con amor, desinteresadamente, porque el otro es otro y no puede interferir en mi vida que es única y distinta.

La diferencia que más distingue a las personas es la actitud positiva hacia la vida, de absoluta entrega y aceptación, y la disposición necesaria para cumplir el propio destino.

Se puede lograr desarrollar esta actitud buceando en el interior de uno mismo, tratando de despojarse de modelos ya hechos y sin necesidad de hacer sufrir a nadie.

Esta es una tarea que todos nos debemos a nosotros mismos, que no podemos eludir si no deseamos sentir vacío existencial.

Tener tiempo para uno mismo es necesario, porque cuando permanecemos siempre conectados a algo, nos alienamos y perdemos la conciencia de nosotros mismos, nos confundimos con los otros, con los proyectos de otros, con la vida de los otros.

Tenemos que rescatar lo esencial de nosotros mismos, porque es lo que permanece siempre y no cambia y lo que nos permite reconocernos a través del tiempo.

Necesitamos tener conciencia de la importancia de las cosas que hacemos automáticamente, con el piloto automático, permitiendo que la vida pase al lado de nosotros sin que nos demos cuenta.

Nuestros estados de conciencia positivos se contagian, producen el mismo efecto que una piedra al caer al agua: ondas positivas que se esparcen en todas direcciones hasta inimaginables distancias.

Nuestra forma individual de pensar puede cambiar al mundo, porque volverse hacia adentro significa poder conectarse con el inconsciente colectivo y nos da la oportunidad de compartir lo más genuino que llevamos dentro con los demás, relacionarnos mejor y trabajar en común uniendo esfuerzos.

El vacío interior de la depresión, es un abismo muy profundo que sólo se llena con amor.
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Soy Inseguro

¿Qué es lo que hace que algunas personas se sientan inseguras y otras no? ¿Cuál es la diferencia? ¿Se puede cambiar esta forma de sentir y tener la audacia de perderle el miedo a la vida por temor a equivocarse?

Sin duda, el sentirse inseguro y tener miedo a arriesgarse a tomar una decisión, es un rasgo de carácter que se relaciona con nuestras experiencias de la infancia; porque básicamente toda persona sana viene al mundo con los recursos que necesita para desenvolverse normalmente en su ambiente.

El hombre como especie es el más indefenso, porque no puede sobrevivir si no recibe cuidados desde que nace hasta que crece y se pueda manejar solo.



El resto de las especies adquiere independencia más rápido y algunos hasta pueden defenderse solos al poco tiempo de nacer. Es más, si alguno de ellos se resiste a realizar por si solo lo que le corresponde en su momento, se lo abandonará a su suerte para que aprenda.

Eso sucede por ejemplo con las aves, que empujan del nido a las crías en el momento indicado para que aprendan a volar.

Los humanos, sin embargo, son capaces de permanecer con su madre mucho tiempo, a veces para siempre, cuando entre madre e hijo se establece una relación simbiótica.

La persona que aprende a ser dependiente es insegura, no confía en si misma, tiene miedo de asumir responsabilidades, de comprometerse y de tomar decisiones propias, debatiéndose casi siempre en un mar de dudas, para evitar cometer errores.

Estar demasiado seguro de nuestras decisiones en esta vida no es posible, porque existen los otros, seres libres como nosotros que pueden interferir en nuestra propia libertad y nosotros en las de ellos y ocasionar conflictos.

La persona segura de si misma sabe que se arriesga, porque en toda decisión siempre existe un riesgo.

El inseguro no quiere arriesgarse, porque tiene miedo y anhela el estado de seguridad que le brindó el útero materno, donde recibía lo que necesitaba, disfrutaba de la temperatura ideal y donde se sentía contenido, protegido y cuidado.

Pero el hecho de nacer, ser arrojado al mundo y existir, es otra cosa bien diferente, porque hay que adaptarse a condiciones muy distintas; y esta adaptación sana depende de los estímulos que se reciban.

Vivir exige un mínimo de audacia porque no hay certezas, solo hay probabilidades, pero si aprendemos a mirar, podremos comprobar que existe un orden que siempre surge después de cualquier desorden y que la intención es más importante que el error.

La naturaleza nos enseña que si respetamos su ritmo y sus leyes, podemos sentirnos más seguros que si hacemos lo contrario, porque la ley de causa y efecto nos muestra que lo que pasa se relaciona con lo que hacemos.

El caos es el producto de la sin razón, o sea que si actuamos en forma lógica y coherente es probable que nuestras decisiones sean las correctas.

El desarrollo de la tecnología ha favorecido a la humanidad en muchos aspectos, pero también ha separado al hombre de la naturaleza y lo ha hecho sentir ajeno a ella creando en el él un sentimiento de aislamiento.

Esa sensación de no verle sentido a la existencia hace que el hombre se sienta inseguro creyendo que puede sucederle cualquier cosa, al margen de sus decisiones, y por eso tenga miedo, se sienta inseguro y desee inconscientemente volver al útero materno para volver a sentirse contenido y protegido.

Los que se sienten seguros tienen fe, creen en ellos mismos, aprovechan esta oportunidad que tienen de vivir y se arriesgan, porque intuyen que vivir tiene un significado y que todo lo que hacen puede tener una consecuencia que los trascienda.

La naturaleza tiene misterios que aún no conocemos, puede que oculte todavía secretos que ni siquiera todavía nos atrevemos a imaginar.


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El Control de la Emoción y la Enfermedad

Todos los seres humanos poseen sensibilidad y en mayor o menor medida tienen la capacidad de emocionarse.

Existen distintos tipos de emoción, algunas pueden beneficiar la salud y otras provocar serias enfermedades.

Emociones como el miedo, el odio, la preocupación, la tristeza, el resentimiento y el rencor, son perjudiciales para la salud y disminuyen la función del sistema inmunológico, haciéndolo más vulnerable a las enfermedades. En tanto que las emociones como el amor, la felicidad, el entusiasmo, la alegría y la esperanza, nos mantienen saludables.

Poner emociones en las cosas que hacemos, como entusiasmo y alegría nos hace bien; pero son las emociones que nos producen las cosas que no podemos controlar, las que nos hacen mal.



La aceptación y el equilibrio en las circunstancias difíciles es la actitud adecuada para superarlas y poder seguir viviendo sanamente, sin que dejen huellas en nuestro cuerpo.

La forma de reaccionar ante la adversidad es un patrón de comportamiento adquirido en la infancia que mantenemos toda la vida.

Louis Hay cuenta su triste historia infantil llena de infortunios difíciles de superar.

Sus padres se divorciaron cuando ella tenía un año de edad y su madre tuvo que salir a trabajar y dejarla a ella con una vecina. Tuvo un padrastro violento y fue violada por un vecino, quien fue sentenciado a quince años de prisión por ese delito. Sufrió toda clase de maltratos y privaciones y desde niña tuvo que trabajar muy duro.

Se llegó a convencer que no valía nada y que tampoco se merecía ser feliz algún día. Su modelo mental reflejaba su creencia y atraía toda clase de circunstancias desfavorables a su vida.

Su baja autoestima y su necesidad de afecto, la llevó a entregarse a quienes les demostraban algo de bondad y pronto quedó embarazada.
Tuvo una niña que dio en adopción a los cinco días de nacer y que no volvió a ver nunca más. Esta circunstancia aumentó el desprecio que tenía por si misma y confirmó su convicción de que era una víctima destinada a sufrir.

Sin embargo, una vez mayor, pudo comenzar a trabajar como modelo y a sentirse mejor consigo misma, atrayendo al mismo tiempo cosas positivas a su vida.

Llegó a ser modelo de alta costura y a casarse con un hombre de buena posición, quien lamentablemente, después de catorce años de casados, la abandonó.

Su vida se desmoronó, pero tuvo fuerzas para buscar ayuda en la Iglesia de una secta protestante de Nueva York.

Comenzó a interesarse en la metafísica y en los modos de sanación y luego de algunos años se convirtió en una de las sanadoras de la iglesia.

Realizó estudios orientales en la Universidad Internacional Maharishi y se inició en la Meditación Trascendental.

Un día le diagnosticaron un cáncer en la zona vaginal. Louise sabía que la curación mental funcionaba, de modo que esa era la oportunidad para demostrárselo a si misma.

Sabía la importancia del resentimiento y de la rabia para el desarrollo del cáncer, emociones de las cuales ella aún no se había liberado; y que para curarse y evitar que volviera, debía modificar su modelo mental. Porque cuando el cáncer vuelve es porque el paciente no ha cambiado de mentalidad.

Los médicos le concedieron unos meses de tiempo antes de operarla, para que ella intentara su curación.

Realizó una psicoterapia profunda, desintoxicó su cuerpo y su mente de todo vestigio del pasado y cambió su patrón mental de comportamiento y seis meses después del primer diagnóstico, le confirmaron que el cáncer había desaparecido.

Su experiencia personal le demostró que su enfermedad se pudo curar al cambiar de forma de pensar, creer y actuar.

Fuente: “Usted puede sanar su vida”, Louis Hay.
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La Depresión Bipolar y la Pareja

La depresión bipolar no es sólo un estado de ánimo transitorio, resultado de un hecho traumática, sino que también se trata de una enfermedad, que se relaciona con una irregularidad a nivel de neurotransmisores cerebrales, en las sinapsis de las neuronas, que a veces puede detectarse mediante procedimientos médicos y otras no, y que puede ser hereditaria.

Esta patología exige tratamiento psiquiátrico y psicológico, que en general resultan efectivos, a veces en forma permanente y en otras en forma cíclica, durante la fase depresiva, de lo que se conoce como bipolaridad maníaco depresiva.

A veces, las personas afectadas por este trastorno, se niegan a ser atendidas, precisamente por su falta de motivación para vivir y para intentar curarse, pero la falta de atención de estos enfermos puede tener consecuencias fatales, ya que uno de sus síntomas característicos es la idea del suicidio.



La vida de estas personas, si recibe el tratamiento adecuado, puede ser normal, o sea que pueden trabajar, relacionarse, tener parejas e hijos y desarrollar cualquier actividad intelectual.

Sin embargo, en la vida de pareja, puede suceder generalmente, que el que sufre de este síndrome, tenga la tendencia a relacionarse con el otro en una forma simbiótica.

Desde el punto de vista psicoanalítico, la depresión tiene su origen en un trauma de la infancia temprana, específicamente en el período oral, es decir en la etapa del desarrollo psico sexual en el que el modo de satisfacción era la succión del pecho materno, cuando todavía no había diferenciación entre el yo y el no yo.

Un trauma en este período del desarrollo, que puede producirse ya sea por un exceso de frustración como por un exceso de gratificación, da lugar a una fijación en esa etapa, que se reflejará en el futuro en el modo de relacionarse afectivamente.

De manera que una persona que sufre depresión bipolar, desde esta perspectiva, tenderá a establecer relaciones simbióticas, o sea dependientes, considerando a los otros, no como otros sino como prolongaciones de si misma.

Esto ocurrirá con todas sus relaciones afectivas, tanto con sus parejas como con sus hijos, sus amigos, padres, hermanos, etc.

Cuando la pareja es una persona con las mismas características de personalidad, aunque no sufra de depresión, se establecerá un vínculo simbiótico y terminarán siendo solo una, y la persona afectada por depresión bipolar no tendrá vida propia sino que podría llegar a convertirse en la sombra del otro o bien identificarse mutuamente.

Pero si esta persona se vincula con alguien independiente, la vida en común puede llegar a ser difícil , así como la crianza de los hijos que no serán considerados por ella como personas individuales sino dependientes y no diferenciados.

Por lo tanto, es conveniente que no sólo sean tratados con drogas antidepresivas sino que también sean sometidos a una psicoterapia de tipo profunda, para lograr elaborar emocionalmente el trauma de la infancia y llegar a relacionarse normalmente.

Según Freud, cuanto más arcaico y temprano es el trauma, más severa puede ser la patología, sin embargo, hoy en día existen drogas muy eficaces que ayudan considerablemente en el proceso de la psicoterapia.

Por esta razón, una terapia combinada es la atención adecuada para estas personas.


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La Depresión de la mujer después del Parto

Desde la concepción, la díada madre-hijo comienza a gestarse y durante los nueve meses de embarazo se establecerá y afianzará ese vínculo, el cual se mantendrá mientras vivan.

La única relación verdaderamente incondicional es y será siempre la de una madre con su hijo, porque aún después de crecer y madurar el vínculo se mantendrá sólido, sin que el paso de los años o las ausencias puedan borrar el caudal de amor que existe entre ellos.

Esta realidad de la naturaleza, no siempre es bien entendida por el hombre cuando se convierte en padre, porque no puede comprender la indiferencia de su mujer con respecto a él después del parto.



Es natural y normal que la mujer que ha tenido un hijo recientemente, sienta los primeros tiempos disminuido su deseo sexual hacia su pareja, porque sus hormonas actúan para que se dedique exclusivamente a su bebé después que ha nacido.

Además del desinterés hacia su pareja, la mujer deberá enfrentar la consecuente depresión por la ausencia de su bebé en su útero, pérdida que necesita una elaboración emocional como cualquier otro duelo.

Un ser que ha permanecido tanto tiempo dentro de su vientre, viviendo, moviéndose y alimentándose de ella, ha creado una estrecha relación, que luego la madre añorará como la pérdida de una parte de su propio cuerpo.

Por esta razón, los abortos suelen ser tan traumáticos para la madre, más aún si son voluntariamente provocados, porque es una experiencia psicológica que permanecerá en el inconsciente mientras viva y debilitará sus recursos naturales para enfrentar nuevas pérdidas.

A veces, las depresiones que sufren mujeres de la tercera edad, que no responden bien a los tratamientos, se deben a uno o varios abortos que se han hecho en algúna momento de su vida.

La ignorancia, hace que muchos hombres atribuyan el aparente desinterés de su mujer, cuando a parido, a causas que no se relacionan ni con el embarazo ni con el parto, sino a la atención desmedida hacia el bebé que lo priva de seguir manteniendo la misma relación que antes con ella.

Esta incomprensión puede convertirse en celos y hostilidad hacia el niño y provocar reacciones de rechazo del padre hacia él, que se puede reflejar con una actitud fría y distante.

No es raro que en una pareja inmadura, que no esté sólidamente afianzada, esta circunstancia sea el detonante que provoque un distanciamiento entre ambos y un posterior rompimiento.

La mujer tampoco tiene necesidad de sobreproteger a su bebé en forma exagerada y comprender que un cambio demasiado drástico de actitud hacia el hombre, aunque sea transitorio puede traer consecuencias ingratas, que no sólo la afectarán a ella sino también a su hijo.

No todos tienen la madurez necesaria, cuando son jóvenes, como para tolerar la frustración del rechazo y adaptarse a situaciones nuevas que cambian el ritmo de la vida y la forma de expresar el afecto en la pareja.

Un niño necesita tanto a una madre como a un padre, y aunque la mujer haya sido dotada para ejercer el rol de los dos, no es la mejor situación para ningún niño carecer de una figura paterna.

Cuidar ambos al bebé y a la pareja comprendiendo la situación con la sabiduría necesaria para aceptarla y trascenderla, actitud que en todo nucleo familiar es indispensable para la salud física y mental de cada uno de ellos y el normal desarrollo de los hijos.


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Alexitimia

Desde el punto de vista etimológico, alexitimia significa estados anímicos que no se expresan en palabras, o sea, que consiste en la dificultad de no expresar verbalmente las emociones, cosas internas no dichas que conservamos dentro, a veces sin darnos cuenta, sin entenderlas, que buscan una salida a la superficie por medio del cuerpo, produciendo alteraciones orgánicas, como úlceras, problemas respiratorios y de alimentación y también adicciones.

La gente en general suele tragarse los enojos para evitar una pelea y se pone ansiosa cuando se siente presionada, sin embargo, no suele decir nada.

Las patologías más comunes que producen estas conductas, son los trastornos gastrointestinales, la presión alta, la artritis y el asma, entre muchas otras, porque cada persona se enferma de lo que puede, o sea de aquello para lo cual tiene una predisposición; y a veces estos estados disfuncionales pueden ser muy graves.



Básicamente se trata de la dificultad para entender los propios sentimientos y no encontrar las palabras para expresarlos, para intentar comunicarse y relacionarse con los demás.

Las personas que sufren de este trastorno, permanecen en un estado de confusión, insatisfacción y descontento, pero dispuestos a cuidar las apariencias, mientras la procesión va por dentro.

Generalmente consultan a algún profesional de la salud por problemas orgánicos o funcionales, cuando fracasa en sus relaciones o cuando no pueden disfrutar de la vida, pero no relacionan sus patologías con sus estados anímicos.

Los factores genéticos pueden influir en este modo de vivir las experiencias, pero los resultados de las investigaciones en este sentido, todavía no son concluyentes.

También existe la hipótesis de que es una cierta disfunción cerebral a nivel de la conexión entre ambos hemisferios la que lo provoca, aunque la influencia más sólida se refiere más a la educación que se ha recibido y a la cultura a la que se pertenece.

En estos casos, lo más importante es aprender a preguntarse el motivo de nuestros estados anímicos, tratando de conocer qué es lo que lo provocan.

Las personas con este trastorno suelen distinguirse por ser aplicadas y por hacer siempre lo correcto. Pueden ser introvertidas, solitarias y centradas más en las obligaciones que en las oportunidades de esparcimiento, les cuesta disfrutar del ocio y se ponen ansiosas si no hacen cosas que consideran de utilidad. Tienen un alto sentido de responsabilidad, son ordenadas, cumplidoras, puntuales y sobre adaptadas; y esto es lo que les impide tener posibilidad de apertura y limita su perspectiva, pero los hace sentir cómodos.

Sin embargo, pueden tener reacciones inusitadas cuando pierden el control, y ser capaces de actuar en forma violenta, tanto con los demás como con ellos mismos.

Pueden recurrir al alcohol o las drogas frente a situaciones de estrés y contar con una larga historia de problemas de salud, que tal vez no los maten pero que si le hagan la vida miserable.

Es probable que se automediquen con ansiolíticos, sin buscar la causa del conflicto que no pueden comprender.

La alexitimia puede ser un trastorno de la personalidad que acompaña a una persona toda la vida, pero también es una forma de enfrentar un trauma psicológico eventual cuyo dolor se ha reprimido para evitarlo.

En general, estas personas rechazan la psicoterapia porque no desean ahondar profundamente en sus conflictos internos y prefieren sepultarlos e ignorarlos.

Es una afección que se relaciona con la ansiedad, el estrés y la depresión.

Lo indicado es realizar un buen diagnóstico y luego realizar el consecuente abordaje clínico y psicológico.

El paciente deberá aprender a sentir, a identificar esos sentimientos y a expresarlos.

La Licenciada Mónica Bruder, psicopedagoga y doctora en psicología, propone el cuento terapéutico como un elemento ideal para proyectar a través de la escritura, situaciones críticas propias que los pueden ayudar a encontrarles un final feliz.

En los cuentos aparecen alternativas y recursos que no se tenían en cuenta para uno mismo pero que sí han podido imaginar en la ficción.

En algún nivel, la mayoría de las personas tiene dificultades para expresar sus emociones, porque es lo que nos enseña esta cultura, a disimular, a levantar barreras, a desconfiar, a controlarnos y no exponernos, para protegernos y evitar quedar vulnerable.

No saben que sólo la vulnerabilidad nos hace invencibles.

Fuente: “Cultura y Alexitimia”, Casullo-Páez, Ed. Paidós.
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Las Obsesiones

Las neurosis fóbicas se caracterizan por el desplazamiento de la angustia sobre hacia una situación o un objeto externo.

La angustia la produce la tensión interior, cuando no se puede descargar la energía instintiva.

Se trata de un sufrimiento vago e indefinido, como suele ser el miedo a la enfermedad o localizado en un lugar, como por ejemplo en todas las manijas de las puertas.

El desplazamiento de la angustia es un mecanismo de defensa y el síntoma es la fobia, como puede ser la fobia de tocar.



La fobia es un miedo intenso específico y paralizador que se produce al proyectar afuera el estímulo, para disminuir la angustia.

Existen fobias en las neurosis de angustia, en la histeria, en las neurosis obsesivas, en la depresión melancólica, en algunos delirios sistematizados, hipocondríacos, etc.

Freud denominaba a la neurosis fóbica, histeria de angustia. Esta neurosis intenta reemplazar la angustia de un peligro interno, por el miedo a un peligro externo que se puede controlar, evitándolo.

En esta neurosis, el simbolismo del objeto de la fobia está ligado a un complejo afectivo particular del sujeto, que se reduce a pocos temas y conductas tabúes.

El principal tema fóbico y el más común en los adultos se relaciona con tres temores básicos: 1) la fobia del espacio, o sea el miedo a salir y la angustia que provocan las calles, que se trata de evitar o enfrentar buscando un apoyo; 2) miedo a los espacios descubiertos, o agorafobia, y 3) miedo a los espacios cerrados o claustrofobia.

Existen otras variedades de fobias como el vértigo fóbico (miedo a las montañas, a los ascensores o a los pisos altos); el miedo a la oscuridad, que se concibe como un espacio peligroso; el miedo a los medios de transporte (miedo del tren, fobia que sufría Freud y yo también algunas veces); miedo a la muchedumbre, cuya variante más frecuente es el miedo a hablar en público.

Otra forma de fobia es el miedo social, a las relaciones individuales o colectivas con otros que provoca una gran angustia, como también la fobia al enrojecimiento facial, al contacto humano o a encontrarse con determinadas personas, como un policía, un bombero o un enfermero.

Existen además en el adulto fobias que perduran desde la niñez como el miedo a los animales (caballos, perros, leones, lobos, etc.). Estos animales son considerados amenazadores y despiertan el temor a ser perseguidos o devorados.

Dentro de esta misma categoría está el miedo a los animales pequeños como los ratones, los insectos, que pueden atentar contra la integridad corporal y producir repulsión.

La conducta fóbica está determinada por la búsqueda de seguridad, y también se puede relacionar con las supersticiones, que son pequeñas fobias, como tocar madera, un trébol de cuatro hojas, etc.

El carácter fóbico se caracteriza por el constante estado de alerta y por la actitud de huída.

El fóbico se alarma de sus tendencias y apetitos del instinto, que le producen una sensación de peligro que inconscientemente se incrementa más si se reprimen.

La actitud de huida puede ser pasiva, de inhibición, como las inhibiciones sexuales, timidez con el otro sexo, indecisión o de negación de la pasividad, con un comportamiento altanero, de desafío.

En este caso se trata de una huida hacia adelante manteniéndose super ocupado, sin poder estar sin hacer nada ni un minuto.

Uno de los aspectos de esta actitud de evasión y escape es el miedo al compromiso por la necesidad de tener reservada una salida, como en la claustrofobia.

La vida sexual del fóbico se caracteriza por la intensa inhibición, cuando el deseo sexual es vivido como una amenaza de destrucción que lo llena de angustia provocando que se evite el acercamiento.

La evolución habitual de estos pacientes es que pueden llegar a estabilizarse, aunque sobrevivan en ellos algunos síntomas molestos que aprenden a disimular o bien con una actitud de desafío como fachada; pero a veces no es raro que caigan en una crisis depresiva, en la que sus miedos se incrementan y lo reducen a una vida de ostracismo confinado a una habitación.

Fuente: “Tratado de Psiquiatría”, Henry Ey, P. Bernard y Ch. Brisset.


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La Depresión, enfermedad orgánica

No todas las personas reaccionan del mismo modo ante iguales circunstancias; algunas, ante distintas situaciones de estrés, se deprimen y no pueden seguir adelante; mientras otras, reaccionan de un modo diferente; acusando el impacto con la fortaleza necesaria como para no derrumbarse, controlando sus emociones, manteniendo la lucidez y recobrando el equilibrio con rapidez, sobreponiéndose a cualquier situación difícil.

¿Qué es lo que hace que alguien pueda soportar con estoicismo cualquier cosa mientras otros no lo consigan y se hundan en una depresión sin salida?

Parece ser que no se trata sólo de voluntad psíquica o fortaleza yoica sino que depende también de un factor orgánico.



Una investigación reciente realizada en Estados Unidos demuestra que la depresión es una enfermedad orgánica.

La persona que sufre depresión tiene baja su autoestima y sentimientos de culpa; se siente rechazada, abandonada y discriminada; no es capaz de elegir lo que es bueno para ella; de darse cuenta qué es lo que la hace sentir mal o de renunciar al estrés haciendo sólo lo que puede. No acepta que está en dificultades ni se da cuenta que tiene que pedir ayuda.

Estos estudios evidencian que la depresión puede afectar la estructura de la zona del hipocampo del cerebro, o sea que se trata de una enfermedad orgánica.

La comparación de los cerebros de personas sanas con los de personas que sufren depresión determinó que estas últimas presentan una pérdida del volumen del hipocampo.

Este estudio demostró que el uso de antidepresivos evita esta anomalía y permite en muchos casos revertir el proceso.

Los antidepresivos no sólo actúan a nivel de neurotransmisores sino que también tienen una función reparadora cerebral mediante la creación de nuevas neuronas que son las que reconstruyen la zona afectada.

Sin embargo, no siempre los antidepresivos resultan eficaces, aún en personas emparentadas genéticamente, posiblemente debido a la influencia que tiene la forma de vivir las experiencias.

Se describe en esta investigación, el seguimiento del caso de una joven, que al llegar a la pubertad comenzó a mostrar signos agudos de depresión.

Fue tratada con terapia psicológica pero como no fue suficiente, se le administraron antidepresivos.

Luego de probar con cinco tratamientos con terapia farmacológica no hubo respuesta satisfactoria y la paciente continuaba en las mismas condiciones de abulia, desgano, sin poder levantarse de la cama y sin lograr interesarse por nada.

Ante este cuadro, los médicos recomendaron terapia de electroshock, o TEC, un procedimiento considerado agresivo y traumático, aunque actualmente, los avances tecnológicos han disminuido estos efectos.

Esta terapia resulta ser más efectiva que los tratamientos farmacológicos, en cuanto a que producen una mayor proporción de nuevas neuronas.

Antiguamente, la forma de actuar de esta forma de terapia no se conocía, porque su descubrimiento fue casual, cuando observaron los efectos euforizantes que les causó una descarga eléctrica a dos presos que intentaban huir de una prisión; pero actualmente se sabe que la terapia de electroshock produce la creación de mayor cantidad de neuronas que los tratamientos con pastillas antidepresivas.

El seguimiento de la paciente mencionada mostró que recién a la novena sesión tuvo una evolución parcial, con algunos altibajos, sintiendo por primera vez un estado de ánimo normal.

El tratamiento le permitió comenzar a ir a la Universidad y hacer una vida normal.

Si bien la terapia de electroshock (TEC) es una experiencia muy difícil y bastante diferente a lo que representa tomar pastillas, puede mejorar a los pacientes que no responden a los medicamentos y a juzgar por esta experiencia, sus resultados valen la pena.

Las personas normales pueden experimentar tristeza, alegría, temor o enojo según las circunstancias, pero luego tienen la capacidad de tomar el control y recuperar su equilibrio emocional. Pero otras, no consiguen controlar sus emociones, se bloquean y no pueden continuar con sus vidas. Es en estos casos que necesitan pedir ayuda para someterse al tratamiento que corresponde.

Fuente: Documental emitido por el canal Discovery Science.
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