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Trastornos alimenticios

Bulimia, anorexia y demás trastornos.

Mantener el cuerpo, comiendo saludable

Esta capacidad de la mente de influenciar al cuerpo, puede ser utilizada para corregir sus funciones, rejuvenecer y aportar más armonía a todos los sistemas; porque es un poder que puede ser dirigido mediante la simulación de un estado de ánimo.

La risa, por ejemplo, produce el mismo efecto en el cuerpo ya sea cuando expresa alegría o regocijo como cuando sólo se simula, realizando el movimiento de los músculos faciales correspondientes.


Este movimiento del rostro ejerce una acción en el cerebro que estimula la producción de endorfinas, sustancia que produce el mismo resultado de una droga euforizante, o sea una sensación de satisfacción y de bienestar general.



Es decir, que sin una risa genuina se produce en el cuerpo el mismo efecto como si lo fuera, o sea que se puede engañar al cuerpo fingiendo el estado de ánimo propio de la risa.

Ocurre lo mismo cuando nos emocionamos con las escenas de la ficción, porque también las lágrimas que se derraman en esas circunstancias o el temor que pueden inspirar pueden afectar el cuerpo del mismo modo que si se tratara de situaciones reales.

Esta posibilidad nos permite inferir que también podemos aplicar este poder para estimular o equilibrar funciones.

Sabemos que con la edad, el cuerpo va perdiendo elasticidad, masa muscular y fuerza; consecuencia natural del normal proceso de envejecimiento.

El cambio de la forma de vida de los ancianos con respecto a muchos años atrás, está elevando la perspectiva de vida en los países desarrollados, a más de ochenta años.

Al evitar la vida sedentaria que usualmente tienen las personas mayores y continuar haciendo una vida activa y ordenada, realizando actividad física regular y cuidando la alimentación; el cuerpo, cuyas células también tienen inteligencia, entiende que aún es joven, adaptándose correctamente al estilo de vida que desarrolla esa persona y retardando su envejecimiento.

La función hace al órgano, es una frase que afirma una verdad que no se cuestiona, porque es un hecho real que cualquier parte del cuerpo que se deja de usar, se deteriora y deja de funcionar.

Las células del cuerpo tienen capacidad para vivir mucho tiempo, sin embargo luego de una cantidad de años, naturalmente ese poder va disminuyendo debido a distintos factores, entre los cuales tiene singular importancia la actitud que tiene para vivir cada persona.

A pesar de los adelantos científicos, aún no se sabe mucho con respecto al envejecimiento, ya que si se supiera lo suficiente, tal vez hoy ninguno de nosotros tendríamos que sufrir deterioros propio de la vejez, como la discapacidad, la falta de memoria, la pérdida de los sentidos como la vista y el oído, la falta de firmeza de la piel, etc.

Sin embargo, es posible engañar al cuerpo y tener una vejez más digna, porque el cuerpo recibe las señales de la mente y actúa en consecuencia.

No es necesario que una persona mayor vaya a un gimnasio y se esfuerce en realizar la actividad física que hace un joven; basta con realizar una rutina de ejercicios en casa para notar diferencias muy apreciables.

Una caminata diaria de media hora complementa el movimiento que se necesita para mantenerse ágil, fortalecer los músculos de las piernas y recuperar la seguridad en el andar y el equilibrio.

Los ejercicios de respiración profunda ayudan a llevar más oxígeno a todo el cuerpo mejorando su estado general, según la sabiduría yoga; y si sorprendemos al cuerpo con nuevos aprendizajes responderá adecuadamente, recuperando la destreza para incorporar conocimientos y su capacidad de memoria.

Las personas mayores pierden la motivación para aprender y ese es el mayor obstáculo. Creen que no pueden, que ya es tarde, que no vale la pena y se sientan a ver televisión esperando inconscientemente a la muerte; y es entonces cuando responde al llamado de los ancianos que se sienten viejos.

Si la decrepitud de la vejez fuera inevitable, todos los ancianos, sin excepción terminarían decrépitos; sin embargo existen vejeces dignas, viejos jóvenes y también jóvenes viejos.

La decrepitud es la respuesta del cuerpo a un estado de ánimo.
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La Dieta Rápida para bajar de peso

Existen infinidad de dietas y dos concepciones posibles sobre la forma de bajar de peso, el descenso puede ser rápido o lento.

El descenso rápido exige control médico, contención psicológica y la decisión inquebrantable del interesado.

Son dietas muy bajas en calorías que se pueden sostener aprendiendo a reducir las porciones, aumentando el consumo de líquido, utilizando suplementos con valor de saciedad que pueden reemplazar algunas comidas; y además realizando actividad física en forma ineludible y regularmente.

Las posturas más avanzadas en el tema de la obesidad coinciden en afirmar que la obesidad es una enfermedad y una adicción a ingerir grandes cantidades de comida, principalmente grasas e hidratos de carbono.

Las investigaciones han demostrado que comer estos alimentos crea el hábito y se convierte en una necesidad porque actúan en el organismo a nivel de los neurotransmisores.

La obesidad es una enfermedad producto de la vida moderna, que es más sedentaria, más automatizada, más veloz, donde la gente tiene fácil acceso a la comida rápida e hipercalórica y donde se sufre mucho estrés.

Las dietas rápidas obligan al organismo a recurrir a sus reservas de grasa produciendo al mismo tiempo un consecuente residuo tóxico, perjudicial para el cuerpo. Por esta razón una dieta tan reducida en calorías no puede realizarse sin control médico.

El Dr. Ravenna, conocido médico, psicoterapeuta y especialista en obesidad, partidario de la dieta rápida, afirma en su artículo publicado en la sección Salud de la Revista “Inteligencia Emocional” , número cuatro de 2009, que una dieta rápida disminuye el hambre, resta interés por la comida, libera de la obsesión y mejora el espíritu, y que el descenso de peso diario que se registra, refuerza la práctica de la dieta, siendo el ejercicio físico un elemento imprescindible para lograr este objetivo.

Propone una dieta de solo seiscientas calorías con la ayuda de suplementos alimentarios, vitaminas y minerales, control médico, contención grupal y un programa de ejercicios físicos.

A pesar de los trastornos físicos, psicológicos y espirituales que produce la obesidad, la mayor parte de los que tienen exceso de peso continúan comiendo con la misma voracidad de siempre, tal como se comportan los drogadictos.

La voracidad en el consumo de cualquier cosa, es una característica propia de esta época. La gente no sólo come de más sino que también adquiere el hábito de tomar toda clase de medicamentos y drogas para aliviar en última instancia su angustia.

El hombre actual se ha vuelto miedoso e inseguro frente a un mundo cada vez más complejo y difícil de entender. Ha perdido la libertad, la paz interior, el sentido de la vida, el arte de reflexionar y de relacionarse, eligiendo vivir en la absoluta inmediatez.

Bajar de peso exige elevar la autoestima y tomar la decisión de hacer el esfuerzo necesario para lograr ese propósito.



No se trata solamente de una cuestión estética sino de recobrar la salud, no reprimiendo sino entendiendo las razones que existen, mediante la educación y la información.

Es necesario tomar conciencia del cuerpo y reflexionar sobre cuál es el físico que deseamos tener para poder llegar a ser físicamente, mentalmente y espiritualmente, la persona que realmente somos.

Los dos modos de bajar de peso, tanto rápido como lento, son efectivos y posibles, pero requieren una decisión personal.
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Problemas Gastrointestinales

Los trastornos estomacales e intestinales se relacionan con la forma de vivir los contratiempos y las dificultades de la vida diaria; porque el aparato digestivo está íntimamente ligado al sistema nervioso.

Desde el punto de vista biológico el aparato digestivo deriva del sistema nervioso.

Los intestinos poseen una gran cantidad de nervios del sistema nervioso autónomo que se regulan automáticamente, así como también algunas hormonas, cuya función aún no se conoce con exactitud.
Esta estrecha relación entre el sistema nervioso y el aparato digestivo hace que la mayoría de los trastornos digestivos sean de índole psicosomática.

La forma de asimilar las experiencias emocionales se puede manifestar a nivel digestivo y provocar afecciones como úlceras, colon irritable, colitis, etc.



Para intentar revertir estos procesos lo primero que hay que tener en cuenta es la vida emocional del paciente.

Los síntomas pueden aliviarse con medicamentos y siguiendo una dieta, pero es común que vuelvan a aparecer al poco tiempo, tornarse crónicos y durar toda la vida.

En el caso de las úlceras, la acción de los jugos gástricos se altera seriamente con las emociones, provocando la formación de una lesión difícil de curar que es la úlcera péptica.

Este proceso ocurre generalmente en situaciones de estrés y se suele presentar en individuos con una personalidad predispuesta a desarrollar una úlcera.

Se trata de sujetos irritables, irascibles, nerviosos, hiperactivos, obstinados, emotivos, intolerantes y aprensivos. Es común que además fumen o beban en exceso y que tengan malos hábitos de alimentación.

Así como ellos suelen gastar sus energías trabajando sin límites, lo mismo hace su aparato digestivo.

Las úlceras pueden ser hereditarias y también puede influir tener factor de sangre tipo O, aunque aún no se sabe por qué esta condición puede generarla.

Lo grave de las úlceras es que se pueden perforar cuando llegan a afectar la capa estomacal poniendo en riesgo la vida del paciente.

Las personas que sufren de úlcera deben cuidar su dieta y evitar el alcohol, el café y el cigarrillo, aunque éstas no sean condiciones suficientes para prevenir una perforación porque puede ser inevitable.

Además, estos cuidados resultan muy difíciles para las personas predispuestas a desarrollar úlceras, ya que el alcohol y el cigarrillo les calman la ansiedad, y el eliminarlos, le genera tensión, anulando así los efectos benéficos de la abstinencia.

Las úlceras se pueden desarrollar en personas que debido a su personalidad tienen predisposición, durante una situación de estrés prolongada, aún cuando sea muy cuidadosa en otros aspectos.

El colon irritable es la afección más común y más difícil de tratar. Los pacientes se quejan de dolores en la parte baja del abdomen, constipación o colitis en forma recurrente.

El estrés que produce la ansiedad y la preocupación y algunos rasgos de personalidad neurótica son las características de estos pacientes.

No se sabe todavía con exactitud si los síntomas son los que le provocan estrés y la alteración emocional o si son los trastornos afectivos los que producen los problemas orgánicos.

Sin embargo estos síntomas suelen desaparecer cuando se soluciona el problema emocional más que controlándolos físicamente.

Los estados emocionales alterados perturban las funciones del organismo, porque cuerpo y mente son uno.

Fuente: “Cómo crear salud”, Deepak Chopra, Ed. Grijalbo, Argentina, 1992
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Obesidad y Salud

Además de ser un problema estético, ser obeso afecta la salud, porque expone al individuo al riesgo de sufrir muchas enfermedades físicas y trastornos psicológicos.

Enfermedades como la hipertensión arterial, la diabetes, los tumores, las várices, el aumento del colesterol, los problemas cardíacos, la gota, y las cataratas; se relacionan con la obesidad, así como también trastornos psicológicos como la depresión, la agresividad, la ansiedad, las obsesiones y la baja autoestima.

El exceso de peso también afecta las relaciones personales, provocando problemas de pareja, discriminación, sentimientos de soledad y aislamiento; y también se reducen las oportunidades de trabajo, aumentan las dificultades para realizar ciertas tareas y hasta se llegan a percibir sueldos más bajos.



El obeso se fatiga con facilidad, tiene menos agilidad y rapidez para moverse, suele estar malhumorado cuando le avergüenza su gordura y su perspectiva de vida disminuye a medida que aumenta de peso.

A pesar de los graves inconvenientes que provoca estar gordo, esta enfermedad puede tener beneficios secundarios, convirtiéndose en una excusa para ocultar otras limitaciones, como por ejemplo la timidez, los defectos de carácter, la negligencia, la pasividad, la pereza, etc., que luego, al adelgazar quedan expuestas.

Una persona obesa tiende a desarrollar un estilo de vida sedentario y es raro que tenga el hábito de hacer alguna forma de actividad física.

Para intentar adelgazar, será necesario no sólo aprender a comer moderadamente como forma de vida, sino también estar dispuesto a realizar más movimientos.

Por ejemplo, la actividad física practicada con regularidad, como una caminata diaria de treinta minutos, cinco veces a la semana como mínimo, es uno de los fundamentos básicos de cualquier programa de disminución de peso, porque no solo facilita el descenso sino que también ayuda a mantenerlo y además produce beneficios físicos, psicológicos y sociales.

El ejercicio físico activa el metabolismo y consume calorías; además fortalece el cuerpo y mejora el tono muscular y el equilibrio.

La práctica regular de actividad física también ayuda a evitar enfermedades coronarias, la osteoporosis, los accidentes cerebro vasculares y fortalece las defensas, mejorando la capacidad respiratoria y la actividad sexual y ayudando a bajar el colesterol dañino.

Desde el punto de vista psicológico es bueno para la depresión, el estrés y la ansiedad, mejora el intelecto, eleva la autoestima y la confianza en si mismo y ayuda a lograr equilibrio emocional.

Aunque ser obeso es por si mismo un serio trastorno que impide vivir normalmente, modificar un estilo de vida inactivo puede resultar difícil.

Es probable que un obeso prefiera comenzar con la dieta y postergue en forma indefinida la actividad física, porque no le gusta, tiene pereza o le da vergüenza.

Incorporar movimiento a la vida tiene que ser un proceso gradual que permitirá abandonar algunos hábitos sedentarios perjudiciales e ir adoptando otros lentamente que favorezcan la reducción de peso.

Se puede empezar dejando el auto más lejos de la oficina, bajándose antes de los vehículos de transporte, haciendo las compras a pie, acostumbrándose a ser el primero en levantarse para buscar algo, haciendo pequeños paseos de pocos minutos y dejando de usar ascensores.

Salir del sedentarismo exige fuerza de voluntad, fuerte motivación y el compromiso personal para estar dispuesto a cambiar de estilo de vida.

Lo más importante para lograr las metas es tomar una decisión y ser capaz de mantenerla.

Es conveniente elegir una actividad física que resulte placentera, para evitar cansarse de ella y terminar abandonándola.

Tratar de bajar de peso realizando solamente una dieta alimenticia es un proceso incompleto, un esfuerzo que hace más difícil mantener el peso, si no va acompañado de una nueva forma de vida.

Fuente: Pasaporte al Bienestar, Dr. Alberto Cormillot


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Macrobiótica

La macrobiótica es un método que enseña a alimentarse de una manera sana y equilibrada; con el propósito de mantener el bienestar físico, mental y emocional.

Se trata de una dieta natural basada en hidratos de carbono complejos, como los cereales integrales, e incluye la necesidad de realizar ejercicios físicos, de llevar una vida sencilla y de saber disfrutar de la naturaleza, respetando y acompañando sus cambios.



Macrobiótica es un término que propuso George Ohsawa, en la década de 1950, quien se curó de una tuberculosis empleando esta dieta.

Michio Kushi, oriundo de Japón y residente desde los años sesenta en Estados Unidos, fue discípulo de Ohsawa y actualmente se ha convertido en un de los más importantes exponentes a nivel internacional en Macrobiótica.

Él mismo experimentó los resultados de esta dieta, que además de proporcionarle un mayor bienestar físico y mental, mejoró su memoria y su percepción, lo transformó en un ser más sensible a los estímulos del ambiente natural y más comprensivo con la gente; por lo que decidió dedicar su vida a difundirla en Occidente.

Kushi está convencido que la dieta y las características del entorno en que se vive influyen en el carácter, de manera que si estos dos aspectos se controlan, puede cambiar la manera de pensar de la gente y transformar al hombre en un ser más pacífico; porque la alimentación adecuada no sólo cambia el cuerpo sino también la mente y el espíritu.

Para estar en equilibrio, el ser humano debe tener el yin y el yang equilibrados; y este equilibrio se logra con una alimentación adecuada, eligiendo los alimentos necesarios, de acuerdo al entorno.

Yin y yang designan energías opuestas y son términos que tienen una antigüedad de tres mil años en China.

La Macrobiótica se basa en la antigua Medicina tradicional China, con una interpretación levemente distinta de estos dos términos. El yin significa expansión y el yang contracción, mientras que para la Medicina china el yin expresa quietud y el yang movimiento.

Conociendo estos dos procesos, los desequilibrios se pueden tratar con la alimentación. Por ejemplo, para potenciar el yin hay que comer alimentos yin.

Los hidratos de carbono complejos, que son alimentos yin, como las legumbres, los cereales integrales o las verduras, son absorbidos por el cuerpo gradualmente, mientras que los azúcares y productos refinados se queman rápidamente. Esta diferencia influye en el estado de ánimo, porque cuanto más lenta es la absorción, más se calma la mente

Esta dieta incluye por lo tanto, cereales integrales, que son los pilares básicos de la macrobiótica, además, verduras y legumbres, preferentemente orgánicas; y semillas. Las grasas y las proteínas deben ser vegetales y el consumo de carne se debe reducir al mínimo.

Este sistema hace necesario acostumbrarse a comer menos alimentos refinados y más sin procesar y evitar aquellos que han sido tratados químicamente, prefiriendo la comida que se produce localmente durante la temporada; porque el clima hace que las necesidades sean distintas.

Por ejemplo, en climas muy fríos se pueden consumir más alimentos de origen animal, mientras en los templados es mejor que la base de la alimentación sea vegetal, ya que un ser humano tiene menos necesidad de proteína animal.

La dieta macrobiótica se aconseja comenzarla despacio, para ir reemplazando los alimentos de a poco e ir acostumbrándose a ellos; por ejemplo, al principio, reemplazando el pan blanco por pan integral y el arroz blanco por arroz integral. Luego, se pueden ir incorporando semillas, verduras orgánicas y condimentos de buena calidad.

La Macrobiótica enseña a comer para estar más sano y equilibrado emocionalmente y ayuda a prevenir enfermedades; además distingue los hábitos alimenticios que producen una enfermedad o que hacen que ésta se repita.

Fuente: “El libro de la Macrobiótica”, Michio Kushi

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Tips para Adelgazar o Mantenerse

Comer es necesario, pero cuando la comida se convierte en un recurso para combatir el aburrimiento, recuperar el ánimo o calmar la ansiedad, es patológico.

Lo más importante es estar siempre atento a las propias trampas; como por ejemplo, empezar comiendo una galletita y terminar devorándose todo el paquete casi sin darse cuenta; y luego quedar con la culpa, sintiéndose miserable.

Esos atracones, bajan la autoestima y deprimen, cuando lo mejor es disfrutarlos cuando no se han podido evitar y empezar de nuevo como si nada hubiese pasado.

Los atracones forman parte de la dinámica de todas las dietas, porque está contemplado que nadie hace las cosas perfectas y que en algún momento cualquiera puede caer en una tentación.



Lo importante no es el atracón sino la férrea intención de volver a la dieta. El atracón no significa el permiso para continuar comiendo sin freno; es sólo un obstáculo en el camino que hay que superar y que puede servir de experiencia para buscar la forma de sustituirlo por otra conducta placentera que no sea comer; porque cualquier propósito se hace posible sólo si se está dispuesto todos los días a empezar de nuevo.

No importa lo que hicimos ayer para sabotearnos el régimen, lo que importa más es lo que hacemos hoy.

Para poder cambiar hay que conocerse mejor, principalmente nuestro propios hábitos que son los que pueden fomentar el aumento de peso, como por ejemplo, saltear comidas, estar mucho tiempo sentado, servirse porciones muy grandes, comprar más comestibles de los que se necesitan, consumir bebidas alcohólicas o gaseosas no dietéticas, utilizar mucha aceite en las comidas, etc.

El estilo de vida también influye para aumentar de peso, si las personas son ansiosas o se aburren con frecuencia, si son desordenadas e indisciplinadas, si tienen estrés, si son malhumoradas, si tienen problemas de relación o si están solos.

Cuando las relaciones personales fracasan es probable que una persona se vuelva agresiva, quede resentida, sea impaciente e intolerante. La comida, en esos casos, puede ser el bálsamo que las hace sentir mejor después de una discusión y así, en lugar de enfrentar los problemas, los tapan con grasa.

Para lograr mantener el peso adecuado hay que tener una motivación que es lo que impulsa a continuar para cumplir las metas.

Cada persona tiene distintos motivos para querer ser más delgados y esos motivos son muy valiosos y necesarios para tenerlos siempre presentes en los momentos de debilidad.

Por ejemplo:

Quiero verme mejor y más joven.
Quiero bajar dos talles para poder usar toda la ropa que no me entra.
Quiero sentirme más ágil y liviana.
Quiero cuidar mi salud.
Quiero sentirme bien.
Quiero tener dominio de mi mismo
Quiero aumentar mi autoestima siendo capaz de cumplir este propósito
Quiero poder hacer ejercicio, nadar o andar en bicicleta
Quiero ser una persona activa
Quiero ayudar a otros a adelgazar con mi experiencia

La balanza para un obeso es imprescindible para saber qué es lo que realmente está ocurriendo en su cuerpo; porque cuando se ignora la balanza se pierde el control y se tiende a ser más permisivo y a aumentar de peso.

La balanza constituye el freno cotidiano que nos permite programarnos el día.

Siempre queda el recurso de realizar una o dos veces por semana una dieta proteica, a base de leche, yogurt, queso, huevos, carnes, gaseosas dietéticas, te o café; que permite bajar un poco más rápido esos pocos kilos que se pueden subir en un descuido, un viaje o unas vacaciones.

Fuente: “Pasaporte al Bienestar”, Dieta Club, Dr. Cormillot.

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Dieta, Biología y Cultura

Estudios científicos muestran que la biología y la cultura interactúan y crean hábitos alimenticios, porque la especie humana se rige por influencias culturales a la hora de elegir alimentos y luego crea un hábito no necesariamente saludable.

Sin embargo, también participan en esta elección nutricional, factores genéticos de índole evolutivos debido a los cambios que se producen de generación en generación.

La evolución de la dieta se puede explicar a partir de la teoría evolucionista de Darwin.

Se acepta que el hombre primitivo evolucionó en forma gradual en África, pasando a ser de recolector a cazador, debido a la necesidad de adaptarse al medio. Sin embargo, esta postura se ha ido modificando con el tiempo y desde los años setenta se cree que la evolución biológica y cultural son dos fenómenos que se interrelacionan en forma compleja.



Los fenómenos evolutivos que surgen de la interacción entre factores genéticos y culturales, los estudia la “coevolución genético-cultural”, una especialidad de la genética de poblaciones.

Modelos matemáticos de esta ciencia muestran que la cultura puede generar fuertes presiones selectivas y crear nuevos mecanismos que se relacionan a veces con la cooperación humana. Las preferencias culturales por determinados alimentos pueden producir cambios genéticos que favorecen al mismo tiempo un mayor aprovechamiento de los recursos.

Por ejemplo, la tolerancia humana a la lactosa suele ser mayor en países que tienen alta producción lechera; y la era agrícola ganadera incrementó el consumo de carbohidratos, provocando la consecuente modificación genética.

La postura erguida del hombre, el desarrollo de las relaciones sociales, la fabricación de utensilios y herramientas, el aumento de la talla corporal y los cambios en la alimentación, fueron un conjunto de factores de adaptación que favoreció la supervivencia de la especie.

Los imperativos biológicos modelan la cultura y las condiciones biológicas cambian en función a la cultura. La información cultural se transmite por medio del aprendizaje y es un factor importante en la dieta.

La creación de útiles filosos contribuyó al cambio en la alimentación, permitiendo al hombre penetrar el cuero de los animales y romper huesos para acceder a una mayor cantidad de tejidos.

Mientras los monos continuaban con su alimentación vegetariana los homínidos ampliaron su dieta y esta diferencia parece haber sido crucial en la evolución humana.

Los yacimientos arqueológicos revelan información valiosa sobre la fauna, los útiles de que disponía el hombre primitivo y los territorios que ocupaban, todos factores que se vinculan con la dieta.

Los cambios en la alimentación aumentaron el tamaño y modificaron el cuerpo del hombre, condiciones que le permiten tolerar mayor cantidad y calidad de alimentos y promover una mayor adaptación a climas más fríos.

La dieta también se relaciona con el aumento del tamaño cerebral, principalmente la del homo erectus, que contenía más carne que la de otros homínidos, permitiéndole mantener los ácidos grasos necesarios para sustentar la evolución de su cerebro.

El cambio cultural correspondiente a la producción de leche, además de elevar la tolerancia humana a la lactosa, dio como resultado rebaños con mayor tamaño y variedad genética que producen más leche.

Pero la gran expansión de nuestra especie por todos los continentes coincide con el control del fuego.

En el futuro, el riesgo de sufrir diabetes Tipo 2 parece ser el próximo objetivo de la selección natural humana; y es probable que más adelante, nuevos estudios revelen que la comida rápida ha producido un cambio genético, ya que su consumo se ha generalizado en casi todo el mundo.

Fuente: Investigación Científica, Olli Arjamaa y Timo Vuorisalo


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Cómo mantener el peso justo

Pasarse la vida haciendo una dieta rigurosa es imposible y tampoco da ningún resultado probar distintos métodos para adelgazar para después caer nuevamente en los malos hábitos.

Lo difícil y lo que realmente asegura para siempre el éxito, es elegir un plan de adelgazamiento que ayude a cambiar de actitud y que enseñe una forma diferente de comer, eligiendo los alimentos más saludables e incluyendo un programa de actividad física adecuado para practicarlo en forma regular.

Solamente en estas condiciones, se puede encarar este problema y terminar con él en forma definitiva, aprendiendo a relacionarse de una manera saludable con la comida y eliminando para siempre las bajadas y las subidas.



Es indispensable acostumbrarse a preferir comida casera, estar dispuesto a hacer las compras, disponer de los utensilios de cocina necesarios para cocinar, y aprender a prepararse la comida.

Para evitar tener que recurrir a un delivery o a un local de comidas rápidas cuando nos ataca el hambre, y si estamos decididos a bajar de peso; hay que contar con las herramientas necesarias para defenderse de la tendencia a la comodidad y de la adicción a los alimentos altos en grasa y a los dulces.

Aprender a cocinar comida fácil no calórica, no requiere hacer cursos costosos porque existen programas culinarios en todos los canales de televisión para todos los gustos que enseñan a cocinar tanto comida dietética como vegetariana y una enorme variedad de platos típicos de todos los países y continentes.

Aún las personas que trabajan la mayor parte del día pueden cocinar una vez por semana si tienen un buen freezer, que les ahorrará costosos tratamientos para bajar de peso y mucho dinero en restaurantes y comida hecha.

Sólo requiere estar dispuesto a dedicarle algunas horas a la creativa tarea de cocinar para uno mismo, que brinda la oportunidad de desplegar todo el ingenio, y permite descubrir el atractivo de hacer las compras.

Las compras en el supermercado significan un verdadero desafío, porque cambiar de forma de comer implica cambiar de manera de comprar, eligiendo únicamente lo necesario y prefiriendo los productos “light”.

El problema de la obesidad tiene distintas causas y no es solamente una cuestión psicológica sino que también tiene una base cerebral.

La Neurociencia está investigando los procesos cerebrales que acompañan los comportamientos no adaptativos y han observado diferencias en las conexiones neuronales según la patología psicológica de los sujetos.

Los malos hábitos alimenticios modifican la dinámica cerebral impulsando al individuo a continuar haciendo lo mismo independientemente de su voluntad.

Cuerpo y mente constituyen una unidad y ambas instancias actúan en armonía y se adaptan una a la otra en función a la conducta y la forma de pensar del sujeto.

El cerebro parece conservar la memoria de las conductas no adaptativas y tiende a llevar al individuo a recuperar los malos hábitos. Por esta razón se considera a las adicciones de cualquier tipo, incurables, aunque sí recuperables.

Sin embargo, es posible que si cambiamos nuestra forma de proceder y actuamos diferente, ocurra que nuestro cerebro también modifique su funcionamiento adaptándose a nuestro nuevo comportamiento haciendo más fácil la recuperación.

Este cambio de hábitos exige ampliar nuestro campo de intereses y realizar un cambio drástico en nuestro estilo de vida.

Los kilos de más agregan años a nuestro cuerpo y nos hacen sentir más cansados y menos dispuestos a realizar movimientos; agregan torpeza y vacilación a nuestro andar, nos exigen mayor esfuerzo para desplazarnos, nos embota la mente, nos deprimen, bajan nuestra autoestima y nos impide encontrar ropa de nuestra medida.

Todos podemos llegar a tener la figura esbelta y ágil que deseamos, sin importar la edad; pero para lograrlo hay que vencer la batalla contra uno mismo.


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La Dieta y el Conflicto familiar

Uno de los integrantes de una pareja está pesando ciento veinte kilos y además su análisis de sangre registra elevados niveles de colesterol y glucemia.

Su médico le indica que tiene que bajar esos niveles peligrosos para su salud y lo primero que le recomienda a su paciente es hacer una dieta estricta.

Se trata de un hombre de cuarenta años que comenzó a engordar en su adolescencia de a poco, hasta llegar al peso que tiene ahora.

Después del diagnóstico que le hizo el médico y teniendo en cuenta que la balanza no cesaba de subir, decidió hacer caso a la recomendación y se incorporó a un grupo terapéutico para los desórdenes de la alimentación iniciando un plan de adelgazamiento.

Pero lo que pensaba que iba a ser para él una experiencia, que tal vez le podría dar la esperanza de volver a ser el hombre que era antes, se dio cuenta que su intención alteró a su esposa que comenzó a comportarse con él de una manera distinta.



Su deseo era solamente iniciar una nueva vida, aprendiendo a comer de otra manera, y poder disfrutar con su mujer de la práctica de algún deporte o de salir a correr para hacer ejercicio aeróbico; pero ni bien comenzó la dieta percibió en su pareja señales de descontento que le dieron a entender que no participaba de su mismo entusiasmo.

A ella parecía no importarle su gordura, es más, también estaba gorda y además malhumorada, porque sólo podía usar para vestirse amplias túnicas. Sin embargo, esta nueva situación le dio miedo, un miedo inconfesable de perder a su marido cuando estuviera flaco y con mejor aspecto.

Tanto temor tenía de perderlo que no le importaba que su obesidad le afectara la salud, y buscaba excusas sin fundamento para justificar su falta de amor y su gran egoísmo.

Se sentía segura con él, porque con ese peso, ella siempre sería la única; y no existiría el peligro de que la engañara con otra.

De pronto sin embargo, se encontró con un hombre lleno de entusiasmo con la dieta, que ya no se quedaba más sentado en su sillón en su tiempo libre para ver televisión con ella, y le pareció un extraño, alguien que ya no tenía ningún interés en su persona, porque por primera vez tenía objetivos diferentes y propios.

Los celos pueden destruir una pareja cuando uno de ellos está dispuesto a cambiar para mejorarse y crecer o recuperar su salud si ha estado enfermo mucho tiempo, principalmente cuando la relación se estructura sobre la base de una enfermedad crónica; porque cuando ésta condición se modifica aparece un conflicto serio que tiende a mantener el statu quo, al no poder adaptarse a una nueva estructura sobre bases sanas.

El enfermo, a veces sin darse cuenta, suele ser el emergente de una relación enferma, cuando rompe el equilibrio patológico de la relación con una conducta nueva, su deseo de curarse.

La obesidad es una enfermedad que puede afectar a toda una familia, que no sólo comparte factores genéticos sino también malos hábitos para alimentarse.

Cuando uno de ellos cambia y pretende comenzar una dieta, es probable que el resto lo sabotee, se burle de él e intente hacerlo caer en la tentación de comer como antes, tal como lo hacen ellos.

Los demás integrantes del grupo familiar, que no hacen dieta, pronto fagocitarán las mejores intenciones de quien se quiere rehabilitar y más tarde o más temprano aún aquellos que tengan la más grande motivación para adelgazar, se sentirán impulsados a comer de más y abandonarán la dieta.

Entrar en un plan de adelgazamiento implica un compromiso con uno mismo; es la oportunidad de ser capaz de diferenciarse, de ser único y distinto, de tener objetivos personales, de hacer algo por uno mismo, de levantar la autoestima y lograr lo que jamás en las antiguas condiciones se hubiera propuesto.

Tal vez este conflicto indique que es necesario un nuevo comienzo para la pareja o para él mismo, de encontrar una nueva forma de jugar su rol en la familia, como alguien que es capaz de trascender los conflictos y seguir adelante, tomando distancia de las influencias de todos aquellos que no están dispuestos a aceptarlo distinto.
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El Control de la Obesidad

Las personas excedidas de peso sienten atracción y también rechazo por la balanza, porque las obliga a hacer una dieta estricta cuando sube y también las puede llenar de satisfacción cuando baja; pero la responsabilidad del peso no es de la balanza sino de ella misma.

Es importante adquirir el hábito de pesarse siempre en la misma balanza, diariamente por la mañana o a la misma hora; o por lo menos una vez por semana, utilizando la misma cantidad de ropa; teniendo en cuenta que las variaciones en el peso a veces no se deben a la comida sino que se pueden relacionar con los líquidos.

El peso ideal es el que permite estar sano y tener un cuerpo armónico; pero resulta difícil mantenerlo. En cambio, el peso posible se puede mantener sin dificultad. Los ideales no son recomendables, porque exigen demasiado esfuerzo que nadie está dispuesto a mantener para siempre.

En el exceso de peso influye el lapso de tiempo que se ha vivido con él, la edad que se tiene y el grado de obesidad.



Existen tablas que nos permiten saber cuál es el peso ideal, que relacionan el peso con la estatura y la estructura física.

Para conocer a qué tipo de estructura física se pertenece, la manera más sencilla es rodear con los dedos (pulgar y medio) de la mano derecha, la muñeca de la mano izquierda. Si los dedos se cruzan, se trata de una persona de contextura chica, si apenas se tocan es de talla mediana y si existe una distancia entre ellos, es de talla grande.

Lo mejor es llegar al peso posible y lograr mantenerlo; haber conseguido modificar hábitos alimenticios dañinos, haber cambiado la manera de comer y haberse habituado a comer para vivir y no a vivir para comer.

El peso confortable es el peso que nos permite sentirnos cómodos, es algo más elevado que el peso posible, pero representa una meta necesaria para alcanzarlo. Este peso se puede mantener con facilidad y permite ser más flexibles con la comida, sin exigir demasiada actividad física. Generalmente, tiende a mantenerse cuando disminuye la motivación del esfuerzo para adelgazar, por esta razón es importante darse cuenta de esta situación si es que se desea seguir bajando.

Bajar el diez por ciento del peso cuando se está obeso representa un gran avance y proporciona grandes beneficios a la salud, ayuda a disminuir la presión arterial, el colesterol y el riesgo de sufrir ataques cardiacos.

El Índice de Masa Corporal (IMC) es la relación del peso con la estatura e indica en qué medida la salud está comprometida por el exceso de peso.

La fórmula para conocer el IMC es: el peso, dividido por la altura al cuadrado. Por ejemplo: 64 kilos dividido por 1,60 x 1,60.

El IMC normal es de 19 a 24,9, pero aún se puede estar saludable con un IMC algo superior a 25.

Menos de 25 indica delgadez y más de 25, el grado de gordura. Ambos extremos peligrosos para la salud.

El exceso de peso puede ser de distinto grado:

De 10 a 15 kilos de sobrepeso es poco notorio,
De 15 a 50 kilos, se nota más,
De 50 a 80 kilos, resulta altamente llamativo
De 80 a 110, es demasiado notable,
De 110 en adelante, indica un estado de abandono.

Para controlar el hábito ansioso de comer, hay que aprender a:

Programar las comidas,
Comer comida variada,
Saborear y masticar bien los alimentos porque esta condición aumenta la saciedad,
Comer despacio llevándose a la boca bocados chicos,
Elegir alimentos bien fríos o muy calientes,
Comer cada dos horas,
Tomar mucho líquido gasificado,
Reducir la ingesta de alcohol y grasas,
Incrementar el consumo de vegetales y proteínas,
Comer caramelos,
No esperar a sentir plenitud para dejar de comer,
Registrar la curva de descenso de peso en un gráfico,
Pesarse frecuentemente,
Tener vida de relación e intereses,
Hacer actividad física regular,
Tener recreación,
Tomar café con canela, café con leche, gaseosas dietéticas, y té de jengibre,
Vincularse con personas que están realizando un plan para bajar de peso.

Fuente: Pasaporte al bienestar, Dieta Club, Fundación Dr. Cormillot.


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