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Trastornos Psicóticos

Conocimiento y tratamiento de personas con trastornos psicóticos

Síndrome de Korsakoff

El síndrome de Korsakoff, cuya causa principal es el alcoholismo crónico, es un conjunto de síntomas que se caracteriza por un estado psicológico de confusión en el que predomina la amnesia de fijación, la fabulación y falsos reconocimientos asociados con una polineuritis, que es una inflamación que afecta varios nervios de las extremidades inferiores.

El estadote confusión comienza con dolores de cabeza, trastornos del sueño y del humor, problemas en la marcha, dolores y sensación de hormigueo y adormecimiento en las piernas.

La primera manifestación es un déficit de atención, la persona se distrae fácilmente y se hace necesario repetirle las cosas.

Al advertir sus dificultades, estos pacientes cambian su humor y se vuelven más impacientes.



El síntoma principal de esta enfermedad es la imposibilidad de fijar un recuerdo, no reconocen al médico que los ve todos los días ni a los enfermeros.

En cambio, la memoria de hechos afectivos del pasado permanece a veces intacta, o bien contaminada por fabulaciones y falsedades que no respetan una secuencia cronológica.

En algunos casos el deterioro de la memoria es muy grande, y es bastante común la desorientación espacial que les impide recordar un recorrido o proyectar un trayecto.

El agravamiento de la confusión y de la desorientación los lleva a un modo de pensamiento similar al delirio onírico, denominado fabulación.

La fabulación es un discurso compuesto por fragmentos de hechos sin orden ni coherencia, procedentes de distintas fuentes del pasado, y parece ser un mecanismo compensador de la amnesia.

Estas fabulaciones pueden surgir frente a cualquier pregunta que le hacen al paciente, que funciona como un disparador.

El estado afectivo puede manifestar cierta euforia infantil y algún distanciamiento y en cuanto al estado general puede haber adelgazamiento, astenia, e insuficiencia hepática.

La característica más importante de esta enfermedad, aparte de la pérdida importante de la memoria, es la polineuritis o inflamación que afecta varios nervios de los miembros inferiores.

La evolución de esta enfermedad puede ser rápida, con una duración de dos a tres semanas, con un cuadro de desnutrición, atrofia muscular, fatiga, debilidad y anorexia, síntomas que producen la pérdida de la respuesta inmunológica y hasta la muerte.

Pero con frecuencia la evolución es crónica deteniéndose la polineuritis pero persistiendo el deterioro mental.

Esta suele ser una enfermedad crónica que no se cura, pero se puede mejorar el estado general del paciente si las lesiones del sistema nervioso no son demasiado graves y responden bien al tratamiento precoz intensivo.

Como ya lo he dicho, la causa principal del síndrome de Korsakoff es el alcoholismo crónico, aunque también pueden provocarlo accidentes traumáticos, o enfermedades como tumores cerebrales, intoxicaciones o infecciones.

Las zonas del sistema nervioso afectadas se encuentran a nivel de meninges, vasos, neuroglia (tejido de sostén neuronal), células ganglionares y mielina; y todos los sectores del neuroeje, cortex, contorno de los ventrículos, tronco cerebral y cerebelo, produciendo lesiones del hipotálamo en especial de los cuerpos mamilares responsables de los graves trastornos de la memoria.

Estos pacientes no pueden hacer ningún proyecto de futuro ni continuar con su historia personal, permaneciendo en un eterno y nuevo presente, puero pueden percibir el presente que se borra ni bien se convierte en pasado.

Sin embargo, aunque parecen olvidar todo, algunas cosas no las olvidan, como por ejemplo, su propio nombre, el de sus padres, el de su perro, cómo usar los cubiertos, cómo manejar en auto, andar en bicicleta, esquiar o tocar un instrumento.

Comprenden el significado de las palabras, reconocen el entorno, y hasta pueden aprender, por ejemplo, a jugar al tenis. Por supuesto se olvidan que aprendieron pero no la destreza que adquirieron pudiendo mejorar con cada clase.

También pueden aprender a orientarse pero no acordarse como lo logran.

Fuente: “Tratado de Psiquiatría”, Henry Ey.
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Abuso y violación

Son muchas las personas que me escriben relatando haber sido víctimas de abusos y violaciones durante su infancia.

Estas personas aún no han podido desterrar de sus vidas ese penoso capítulo de su pasado, experiencias que todavía influyen negativamente en su personalidad y en su comportamiento.

El solo hecho de haber escrito sobre este tema resulta terapéutico y es un modo de aliviar dolor, la vergüenza y la culpa que sufren los que han pasado por esa traumática situación, que a veces se repite durante años.

En una entrevista realizada en un programa de televisión, el actor Mickey Rourke, (1941), conocido actor norteamericano, protagonista de destacadas películas de éxito, confesó haber sido violado durante años por su padrastro, sin que su madre hiciera nada para impedirlo.



Rourke había nacido en New York, y pertenecía a una familia irlandesa católica que luego se radicó en Miami.

Sus padres se divorciaron cuando todavía él era un niño, y posteriormente su madre se volvió a casar, esta vez con un policía.

Dicen que entre un policía y un delincuente sólo hay una barrera muy delgada que muchos de ellos se atreven a franquear protegidos por su placa y por su uniforme, y en este caso en particular fue cierto, porque no solo lo violaba a él sino también a todos los varones de la familia.

Su infancia no fue feliz, porque además de los abusos tuvo que trabajar desde muy pequeño.

Desarrolló una tendencia a la rebeldía, a no asumir responsabilidades ni compromisos y a rechazar el trabajo cotidiano como forma de vida.

En su juventud se dedicó a ser jugador de béisbol y boxeador profesional y también trabajó como obrero haciendo pozos en la calle.

Finalmente se decidió por la actuación y logró ingresar en el Actor´s Studio, donde estudió interpretación.

Su carrera como actor comenzó en la década de los setenta y en los ochenta fue consolidándose con papeles cada vez más importantes.

La película “Nueve semanas y media”, que protagonizó con Kim Bassinger, de considerable contenido erótico, lo hizo famoso, a pesar de no haber tenido buena crítica y de no ser muy taquillera en ese país.
Sin embargo, le sirvió para convertirse en un símbolo sexual.

Tuvo dos parejas que duraron varios años. También trabajó en televisión y además escribió su primer guión con el título “Homeboy” cuyo argumento se relaciona con su vida y que tuvo la oportunidad de protagonizar en el cine.

Su falta de capacidad para aceptar reglas y cumplir con los compromisos, lo llevaron a rechazar algunas propuestas y de esa manera su carrera inició un sostenido descenso.

En los años noventa comenzó a boxear nuevamente, sin mucho éxito, pero a los pocos años tuvo que retirarse por recomendación de los médicos debido a sus lesiones.

Su retorno al cine fue difícil porque no confiaban en él, sin embargo lo logró y comenzó a filmar una serie de películas.

A pesar de su carácter fuerte y su rechazo a las exigencias laborales, Rourke hizo películas muy taquilleras y recibió muchos premios que le permitieron volver a ocupar una posición de privilegio entre las principales estrellas de Hollywood.

En 2008, con su película “The Wrestler”, ganó el Globo de Oro como mejor actor de una película dramática derrotando a grandes figuras de larga trayectoria.

Recibió los premios BAFTA y Spirit y fue nominado al premio Oscar de la Academia por su interpretación en ese mismo papel.

Pese a las experiencias devastadoras de su infancia, Rourke demostró que pudo trascender ese triste condicionamiento del pasado, recuperar su carrera y seguir viviendo, reinventándose continuamente a si mismo.


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Los Psicópatas, trastorno antisocial de la personalidad

Este desorden se caracteriza principalmente por la falta de adaptación social, por la imposibilidad de aceptar normas sociales y legales y por la indiferencia hacia las emociones de los demás.

Los que sufren de este trastorno, también llamados psicópatas, son personas insensibles, que no han incorporado valores, que no tienen miedo ni compasión.



Sin embargo, parecen personas encantadoras, porque tienen carisma pero son hábiles manipuladores que pueden ser criminales perfectos desde su juventud.

Las investigaciones confirman que se trata de individuos con graves fallas cerebrales, que son propias de los sujetos que tienen conductas antisociales.

Kent Kiehl, de la cátedra de Neurociencia de la Universidad de Nuevo México; y director del Mind Research Networdk de Alburquerque, se especializa en psicópatas.

Aplica técnicas de formación de imágenes a presos de las cárceles estatales con la intención de obtener el escaneo de mil cerebros por año.

No todos los psicópatas son asesinos e incluso algunos ni siquiera son violentos, además no todos los asesinatos los provocan las personalidades antisociales.

Sin embargo, pueden ser asesinos en potencia, porque son insensibles y no tienen empatía ni moral y porque también presentan anomalías cerebrales.

Las zonas del cerebro afectadas son la corteza prefontal y el lóbulo temporal, principalmente la amígdala, el hipocampo y el giro temporal superior, regiones que participan en las reacciones de temor, relacionadas con el sentido moral y con la compasión.

Existe también una predisposición genética común en las conductas antisociales, que solamente influyen en el comportamiento cuando además los individuos tienen como antecedentes experiencias infantiles traumáticas.

Los investigadores registran que el uno por ciento de la población masculina, en Norteamérica, presenta los rasgos característicos de psicopatía y que un tres por ciento sufre de desorden antisocial de personalidad; y en el caso de las mujeres este porcentaje desciende a menos de la mitad.

Los rasgos de psicopatía son las manifestaciones más atenuadas del trastorno antisocial de la personalidad propiamente dicho.

El psicópata no se distingue del resto de la gente porque se muestran atractivos y elocuentes, tienen alta autoestima y fuerte magnetismo personal, pero también son egocéntricos y autoritarios.

Tienen la habilidad de transformarse para adaptarse, son mentirosos y no tienen ningún escrúpulo, logrando engañar con gran habilidad al más avezado.

Los psicópatas suelen ser excarcelados antes que otros presos por su propio encanto y poder de persuasión y algunos de ellos logran alcanzar cargos importantes por su gran capacidad de manipulación.

Son fríos, se saben imponer y son inteligentes y competentes, pero con una cosmovisión que parte de premisas falsas. Sin embargo, tienen grandes posibilidades de ascender en sus profesiones y ocupar altos puestos de poder.

Carecen de los impulsos naturales que permiten respetar a otro, no sienten culpa ni remordimiento, pero aunque pueden detectar las emociones de los demás son insensibles e incapaces de identificarse con sus sentimientos.

La habilidad de poder darse cuenta de los estados emocionales de otras personas les permite elegir a sus víctimas, que son aquellas que tienen expresiones tristes y de fracaso y que se muestran indefensas y vulnerables.

La psicopatía no se encuentra definida en el ámbito científico ya que figura como una forma especial de trastorno de la personalidad, al que se le puede asignar indistintamente los términos antisocial, disocial o psicopatía.

Los criterios generales para detectar este trastorno son:

- La falta de adaptación a las normas sociales y legales
- Habilidad para mentir y estafar para beneficiarse personalmente o por simple gusto.
- Falta de control de impulsos y de capacidad para planificar el futuro
- Carácter irritable, violento y agresivo
- Actitud imprudente, audacia extrema, no perciben el peligro y no tienen consideración hacia los demás.
- Son irresponsables en el trabajo
- Son indiferentes, no tienen remordimiento ni necesidad de justificación.

El psicópata desprecia y viola los derechos de los demás y ese patrón de comportamiento antisocial comienza a manifestarse a partir de los quince años, incluso antes.

Fuente: “Investigación y Ciencia-Mente y Cerebro”; Simona Einzmann; número 43/2010.
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Harry Stack Sullivan sobre los Sueños

El sueño es una fase del vivir de mucha importancia, en la que nos encontramos casi sin la necesidad de mantenernos seguros, porque es un estado que se vive como libre de peligros.

La ansiedad, cuando es grave, impide conciliar el sueño, aunque si se está muy cansado es inútil resistirse a él. En esos casos se duerme durante períodos cortos de sueño profundo y largos momentos de sueño liviano, que es muy semejante al estado de vigilia y esta particularidad hace que el paciente crea que no ha dormido nada, a pesar de estar exhausto.

Sullivan cuenta su propia experiencia, de dormir la mayor parte de la noche de modo superficial; y puede comprender a las personas que le manifiestan tener la impresión de no haber dormido, porque eso es lo que realmente se siente.

La importancia del sueño desde el punto de vista psiquiátrico, es la relajación que se logra y el descanso reparador de todas las acciones tendientes a mantener la seguridad que necesita el sistema del yo en el estado de vigilia.



Las necesidades insatisfechas que no se pueden satisfacer estando despiertos, debido a la ansiedad y a las conductas asociadas a ella, durante el sueño son satisfechas en forma simbólica y mediante operaciones encubiertas.

Sin embargo, el sistema del yo no descansa y la prueba de que se mantiene activo son los ataques de esquizofrenia que se producen durante el sueño.

Las personas sometidas a extrema tensión durante la vigilia, suelen sufrir horribles pesadillas de las que no pueden despertar, o sea que las disociaciones del sistema del yo se mantienen en estado de alerta a pesar de los períodos recurrentes de sueño.

De manera que se puede inferir que cuanto menos integrada y más disociada esté la personalidad menos reposado y cómodo será el sueño.

Lo mismo ocurre si se disocian poderosos sistemas de motivación.

Generalmente, lo que no recordamos de un sueño es lo que nos parece inadecuado, ya que existe una poderosa barrera cuando estamos dormidos. Sin embargo, los sueños, aunque encubiertos, se pueden recordar; y ese contenido es lo que trata de investigar la psiquiatría.

El terror nocturno difiere de la pesadilla porque su contenido se borra completamente, en tanto que la pesadilla señala que la personalidad está en emergencia y que está en condiciones de hacerle frente.

Algunos sueños satisfacen las necesidades de muchos; o sea que no sólo parecen responder al propósito personal del soñante sino que también se pueden aproximar a los problemas generales y llegar a incorporarse a la cultura, como mitos.

Uno de los mitos más antiguos es el de Balaam y su burra.

Balaam era un destacado y digno comerciante reconocido en su ciudad, por proteger a sus habitantes de las salvajes embestidas de los pobladores que vivían del otro lado de las montañas.

Como la ofensiva no cesaba Balaam fue enviado como emisario a esa ciudad.

Montado en su burra emprendió desafiante la marcha hasta que en un momento dado el animal se empacó.

El hombre, primero intentó que se moviera hablándole con afecto, pero la burra se mantuvo firme sin cambiar de actitud.

Balaam, acostumbrado a la obediencia ciega y a los halagos, perdió la paciencia y le dio un golpe con un palo.

El mito dice que la burra le preguntó por qué la castigaba si siempre le había servido fielmente.

Balaam se sintió avergonzado y recién en ese momento se dio cuenta que en el camino, frente a ellos, había un ángel armado con una espada interrumpiendo el paso, lo que explicaba la conducta de la burra.

El mito muestra que la parte de la personalidad arrogante, afectada por la vida mundana es la que no alcanza a ver la realidad porque al estar disociada no puede ver todo.

Muchas personas se aferran a ciertas ilusiones de la vida que les provocan no pocos trastornos, sin embargo no las abandonan porque no se dan cuenta que son falsas.

Los sueños nos muestran la realidad como es, nos pueden parecer pesadillas si se consideran desde una perspectiva mundana pero nos están señalando la verdad de lo que nos está pasando y es desde allí que podemos verlo todo.

Fuente: “La teoría interpersonal de la psiquiatría”, Harry Stack Sullivan, Editorial Psique, 1974


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Trastorno paranoide de la personalidad

Este trastorno se caracteriza por la actitud desconfiada y suspicaz de quien la padece, sospechas que generalmente son infundadas.

La familia es el factor más importante para la prevención de los trastornos de la personalidad y de los problemas psicopatológicos aunque exista una predisposición orgánica.

Un trastorno de personalidad se conoce comúnmente como la dificultad para relacionarse y para socializar. Sin embargo, estos problemas pueden presentarse durante un período del desarrollo y no significa que se trate de este trastorno.

El trastorno de la personalidad es una forma de comportamiento inadaptado, generalizado, que persiste en el tiempo y queda muy arraigado.

Esta alteración se manifiesta en los rasgos de carácter que pueden ser psicodinámicos, cognoscitivos y emocionales.



El trastorno paranoide de la personalidad presenta algunas singularidades. Los que lo padecen tienen la tendencia generalizada sin fundamento de interpretar el comportamiento de otras personas como mal intencionado y deliberado, pero no presentan otros síntomas psicóticos como delirios o alucinaciones, como ocurre con otras patologías como la esquizofrenia paranoide y otras enfermedades mentales con síntomas semejantes.

El criterio mundial para el diagnóstico de este trastorno es la actitud de desconfianza y suspicacia general al comenzar la etapa adulta y la interpretación deformada de que los otros tienen malas intenciones, son desleales, infieles, los engañan y los llenan de dudas que no se justifican.

Es evidente en personas que tienen continuas sospechas injustificadas sobre la infidelidad de su cónyuge o pareja.

Aunque sea verdad que los seres humanos nacemos con ciertas estructuras biológicas que pueden condicionar el desarrollo de una patología, no es esta la única causa de una enfermedad mental; ya que es el entorno social el que hace que una persona con cierta tendencia orgánica desarrolle o no una patología, porque un contexto desfavorable puede ser un elemento perturbador en el desarrollo psicológico, social, biológico y espiritual de una persona.

La familia puede ser la clave en la prevención, como factor primario de salud, si favorece las relaciones afectivas estables y positivas y ejerce la influencia necesaria para la formación del carácter que evite el riesgo de desencadenar una enfermedad mental, aunque existan condicionamientos biológicos que la predispongan.

Las funciones psíquicas superiores se desarrollan a través de lo histórico y lo cultural, afirmaba Lev Vigotsky (1896-1934), que fue uno de los primeros en dedicarse a la psicología del desarrollo.

La sociedad tiene un papel preponderante en la prevención de los trastornos de la personalidad y es el desarrollo social el que debe permitir que un individuo pueda crecer sano y normal, favorecer su bienestar personal y una buena calidad de vida.

Existen distintos criterios con respecto a la definición de la personalidad. Arthur Vladimirovich Petrovsky afirma que es la forma superior de regulación de lo psíquico; en tanto que el psicólogo Fernando Gonzáles Rey, sostiene que la personalidad se estructura mediante formaciones psicológicas primarias y formaciones motivacionales complejas.

Ambos coinciden en que un trastorno de personalidad es la anomalía que se produce en el carácter además de las conductas inadaptadas del sujeto que afectan su vida y la de su familia.

Fuente: “Mente y Cerebro”, No.47, 2011, “Trastorno paranoide de la personalidad”, Danny Echerri Garcés, Universidad Central de Las Villas, Cuba.


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Padres violadores

Todos los días las noticias informan sobre estos aberrantes hechos, que en su mayoría se producen en el seno de una misma familia, en la cual se descubre, a veces después de muchos años, que padres, hermanos o tíos violan reiteradamente a las mujeres o chicos de la casa.

Los delitos a la intimidad son más comunes de lo que uno se puede imaginar, porque en general no se denuncian, quedando expuesta la víctima a una situación difícil de revertir sin provocar un escándalo.

Los sentimientos que sienten hacia el violador suelen ser contradictorios, porque se trata de un miembro de la familia ligado por el afecto que a la vez inspira un sentimiento de rechazo debido al abuso.



Cuando el violador es el padrastro, la madre suele optar por la negación y no creer la versión de sus hijos sobre los actos de abuso y hasta es capaz de atribuirles la responsabilidad a ellos de haberlos provocado para lograr la disolución de la pareja con calumnias infundadas, incrementando los usuales sentimientos de culpa que genera esta situación en los hijos.

Cuando se trata del padre biológico, que afortunadamente son los casos menos frecuentes, la violación es una conducta sexual patológica que tiene su raíz en experiencias infantiles traumáticas similares; porque esencialmente todo violador es alguien que ha sido a su vez violado en forma reiterada.

Un niño que es violado sistemáticamente, quedará fijado a esa experiencia y en la adultez sólo podrá obtener placer sexual ligado a la violencia.

Se trata de personas que pertenecen a familias disfuncionales en las cuales, además de las carencias habituales, los roles son ambiguos.

El niño violado siente culpa y muchas veces debe tolerar muchos años de vejaciones sin poder defenderse.

En la mayoría de los casos esta situación es favorecida por el hacinamiento en que viven algunas familias de escasos recursos, que obliga a los padres a compartir su intimidad y a exponer a los hijos a presenciar sus encuentros sexuales, que los deja sin saber cómo manejar sus propios impulsos.

Pero también en las familias de clases altas se cometen abusos sexuales, sólo que puede haber un manejo más sofisticado que hace más difícil que salgan a la luz.

Muchos chicos que viven en la calle son niños abusados que han huido de sus hogares, porque es la única forma que encuentran de resolver ese conflicto. Pero en la calle estos chicos se exponen a otros peligros como el alcohol, las drogas y la prostitución, dejan de concurrir a la escuela y aprenden a mendigar y a robar para mantener sus vicios.

Los padres violadores que suelen ser también alcohólicos, cometen sus atropellos estando ebrios, y en esa condición pueden llegar a violar aún a sus hijos más pequeños.

La violencia sexual es una conducta que no tiene cura, porque es la única forma en que los violadores han aprendido a disfrutar del sexo; y los menores que sufren estos ultrajes, están condenados en el futuro a hacer lo mismo.

Estos delitos tienen que ser denunciados a las autoridades para que sus autores reciban la pena que les corresponde y ser obligado a vivir separado de su familia y permanecer alejado de ella.

Existen dependencias estatales con personal especializado que facilita el manejo de esta situación y puede ayudar a estas familias a terminar con el abuso.


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El Yo Neurótico

El yo neurótico es el que ha fracasado en el proceso de identificación y permanece en el conflicto interno.

Ser el que uno realmente Es, es un problema que no todos logran resolver y que se mantiene latente en la vida perturbando el propio desarrollo y las relaciones familiares, laborales y sociales.

Esta ambivalencia entre el Ser y el parecer es una fuente de angustia profunda y la razón de una existencia gris e infeliz.

Vivimos en una sociedad donde todos en alguna medida somos neuróticos, porque las pautas sociales nos obligan a reprimir nuestros impulsos naturales y a relacionarnos a través de una máscara.



Los síntomas neuróticos, como la angustia, la ansiedad, los miedos, las fobias, las adicciones, la depresión,las obsesiones o la histeria, son distintas manifestaciones del carácter neurótico, que según la escuela psicoanalítica son producidos por las defensas del yo.

El yo es fuerte para ejercer su función represiva y a la vez es demasiado débil por ceder a las presiones sociales y no atreverse a ser él mismo.

El neurótico generalmente tiene un carácter patológico, una manera de ser anormal compulsiva y repetitiva, una disposición básica a la introversión, a la manía, a los escrúpulos y también a la exaltación exagerada imaginativa.

Hoy en día, los avances de la neurociencia han demostrado que estas conductas desequilibradas modifican los circuitos cerebrales y se transforman también en condicionamientos orgánicos, como sucede con las adicciones.

Este estado de malestar permanente, de disconformidad consigo mismo y con los otros, se experimenta como un sentimiento de angustia, vergüenza, culpa, deseo de auto castigo, complejos de inferioridad, alta sensibilidad a la frustración y baja autoestima; modos de comportamientos característicos del carácter neurótico.

La angustia del neurótico no se desencadena debido a situaciones tensas sino que proviene de su interior, lo que hace que se renueve en forma constante.

Los síntomas del neurótico son las reacciones ante la angustia, o sea, mecanismos de defensa que le sirven para tolerarla.

En el caso de la fobia, la angustia se organiza y se desplaza, transformándose en pánico hacia un objeto determinado o a una acción o una situación simbólica.

En la obsesión, las defensas coartan la libertad personal, porque representan obstáculos impuestos, como por ejemplo, rituales mágicos, prohibiciones, tabúes que impiden la realización de los actos vitales normales.

En otros casos, la angustia es desplazada al área somática a través de distintos trastornos funcionales que reemplazan en forma perversa la solución real del conflicto, como malestares digestivos, colon irritable, taquicardia, jaquecas recurrentes, y otros.

El neurótico vive su vida disfrazando su angustia en síntomas que se traducen como comportamientos o sentimientos excesivos, como la obsesión por la higiene, la obsesión estética, la ética desmedida, los dogmatismos, la esclavitud con ciertos tabús, comportamientos mentirosos, simulaciones y en la forma general de orientar la existencia.

El problema es el perpetuo debate consigo mismo en una situación permanente de conflicto interior, porque no puede asumir el rol de su personaje e identificarse consigo mismo y ser auténtico; manteniendo un juego artificial y falso para vivir su angustia.

De allí provienen las características de la existencia neurótica, que son la exageración, la teatralidad, la ficción como modo de vida y la falsedad de los sentimientos y de las acciones.
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Lo traumático: Histeria y Obsesión

Es una manera clásica ya la de hablar de la obsesión a partir de la histeria, en una suerte de diagnóstico diferencial, y tal vez es necesario que sea así, fundamentalmente por la conexión causal primera que Freud les atribuyó en general a ambos tipos clínicos dentro de la neurosis: un acontecimiento sexual como CAUSA. De allí se abren las aguas.

Como siempre, si empezamos por el principio, tenemos que ir a Freud. En este caso, a su texto “La herencia y la etiología de las neurosis”, de 1896; un texto tempranísimo, del primer Freud, digamos.

Es un texto interesante porque ahí Freud hace un par de objeciones a la teoría de la herencia nerviosa de las neurosis, tal como Charcot les había transmitido a fines del siglo XIX. Y para ello, dice Freud, esperó los datos de su clínica.



Es decir que su opinión sobre la causa hereditaria tendría que verificarse clínicamente.

Básicamente plantea que es demostrable que en una misma familia exista una misma carga hereditaria, pero algunos enferman y otros no. Es así que él propone que para una afección nerviosa particular, existe una etiología específica, una causalidad específica.

Y hace una división nosográfica, poniendo de un lado: Histeria y Obsesión. Y por otro, la Neurastenia y las Neurosis de Angustia.

El hace aquí una división también respecto de las causas, es así que al primer grupo nosológico le da una causa hereditaria, teniendo en cuenta el grado de disposición. Y eleva las influencias sexuales al lugar de la causa específica, siendo así que hay una relación causal particular entre la naturaleza de esa influencia sexual y la especial patológica de la neurosis.

En cuanto al tema que nos ocupa, dentro de las Neurosis Actuales, Freud dice que la causa específica de la histeria es una experiencia de pasividad sexual anterior a la pubertad.

Y dice que si bien la neurosis obsesiva proviene de una causa específica análoga, es decir, sexual, la diferencia entre ambas patologías está en que ese acontecimiento sexual precoz ha causado placer: ya sea por una agresión sexual inspirada por el deseo (sujeto infantil masculino) o de una gozosa participación en las relaciones sexuales (sujeto infantil femenino).

Digamos que Freud de alguna manera justifica clínicamente esa conexión de la histeria con el sexo femenino y la obsesión con el masculino, teniendo en cuenta lo activo o lo pasivo de la respuesta del sujeto frente al suceso. Es una primerísima teorización de las diferencias sexuales, que más tarde reconfigurará.

Pero bien, aquí tenemos esa importante diferencia respecto de la respuesta del sujeto ante un determinado acontecimiento en el cuerpo. En la Neurosis Obsesiva aparece luego el reproche en forma de ideas obsesivas.

Si bien parece que le cuesta dejar a su maestro, cada vez más se va aproximando a la idea de que al menos en la histeria y la obsesión, la causa no estará dada por la herencia sino por lo específico de ese suceso sexual precoz.

Tenemos entonces el primer enfoque freudiano del trauma primitivo del obsesivo, que se opone al de la histeria en términos del “papel” que asumen respecto del goce que implica ese acontecimiento.

Porque para la histeria esa irrupción de goce se presenta de modo intrusivo; se puede decir entonces que el histérico es pasivo, y el obsesivo activo en la reconstrucción de ese trauma.

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El Padre y el Complejo de Edipov

En el Seminario 5 “Las formaciones del inconsciente” (1957-1958) Lacan nos dice que respecto del Padre, y por lo tanto del Edipo -ya que aquel es un elemento central en éste- el padre tiene una función normatizadora.

Si tenemos en cuenta el devenir de las discusiones y teorías en torno al tema del Edipo, uno de los polos indiscutibles es el que tiene que ver con la asunción del sexo: que el hombre asuma la “virilidad”, y la mujer asuma cierta “feminidad” en lo que respecta a sus funciones.

Dentro de este polo del Edipo, el que se vincula a la asunción del propio sexo, como ya les dije, concierne a la cuestión de la Castración, a la cuestión de la falta.



Aquí, para introducir la cuestión del padre, teórica y clínicamente tenemos que preguntarnos de qué hablamos cuando oímos aseverar muy frecuentemente -en ámbitos populares, hasta en ámbitos pedagógicos y terapéuticos- que “aquí lo que pasa es que falta el padre”.

¿Qué decimos cuando hablamos de “carencia paterna”? ¿De qué va esto de que “falta el padre?”

Porque hay que reconocer que es difícil respecto de este tema no caer en “ambientalismos” en relación a la falta o presencia de padre en la configuración familiar; o si el padre es bueno o el padre es malo…

Por ejemplo, digamos que hay muchos datos biográficos que clínicamente han demostrado que un Edipo puede constituirse muy bien aún cuando el padre no está presente en una determinada familia…

Pasa que hubo una época en el psicoanálisis donde esa figura del “padre terrorífico” parecía ser el causante de lesiones irreparables -hasta que en las neurosis se apreciaba que más grave era cuando ese padre era demasiado amable… Algo que vemos mucho actualmente.

Dice Lacan (y lo verificamos en los decires de los pacientes) que están los padres sumisos, los débiles, los padres sometidos, los castigados por su mujer, los padres lisiados, los padres ciegos… en fin, distintas figuras del “padre caído”.

Lo que nos advierte con esto Lacan es que en relación a su presencia o ausencia, no tenemos que perdernos ubicando la cuestión en términos de los datos de la realidad fáctica. Es decir, que si hay o no padre, el personaje real digamos, en la familia.

Lacan retoma la importancia de la “carencia paterna” advirtiéndonos de que el padre puede ser muy “normativo” sin ser “normal”, y viceversa, pero esto ya nos llevaría al campo de la patología específica de ese padre en particular (puede ser neurótico, psicótico, perverso)

Y luego nos dice que la posición del padre en la familia no debe confundirse con lo “normativizante” de su función; es decir que hablar de su carencia en la familia no es hablar de carencia en el Complejo de Edipo.

Primero tenemos siempre en la temática del Edipo el “cuento” que nos sabemos del Edipo, con lo que implica del papel del padre terrible, prohibiendo al niño de la madre.

Pero es una imagen que dice algo más complejo, y es que el padre interviene en diversos planos, como ya hemos mencionado en su momento: en principio y fundamental en el Complejo de Edipo, el Padre es el que prohíbe a la madre.

De entrada, y esto es lo fundamental, su función es algo que vincula al padre directamente con la ley primordial de la interdicción del incesto.

Y esta aplicación de la Ley la lleva a cabo más allá de las efectivas “amenazas” que se hagan a nivel de la realidad. Porque esas amenazas que se imaginariza que proviene del padre y de su ley, las puede tranquilamente hacer la madre y eso lo sabemos muy bien. No se necesita al padre para hacer tales amenazas… Esa amenaza no nos dice nada de la función que sí es fundamental: la de la prohibición del incesto. Esa ley lo que vehiculiza es algo así como que “con todas menos con tu madre”.

No tiene que ver entonces esa prohibición con tal o cual “amenaza” que se haya o no hecho, sino que más bien su importancia reside en los efectos de tal ley en el inconsciente. En cómo esa ley se inscribe en el inconsciente del sujeto niño.

Sí, dice Lacan, se puede decir que esto es “bajo la amenaza de castración”, pero lo esencial aquí es el vínculo de la castración con esa ley.

Planteando las cosas clínicamente, lo que sabemos es que esa relación entre el niño y el padre está básicamente teñida por el “temor a la castración”. Es decir, esa relación de “odio” al padre es por lo que éste le ha prohibido: su objeto de amor privilegiado, la madre.

Ahora bien, la castración, que leemos como una interdicción simbólica, también en el neurótico se juega a nivel imaginario, que es de donde parte, ya que la ley no se enuncia como una frase del tipo “quien se acueste con su madre será castigado con el corte de los genitales”; esto no llega así al oído del sujeto, digamos.

Lo que llega es algo así como una represalia, por la que el niño “odia” al padre…Algo que en el transcurso lógico del Edipo tomará su curso normal -como lo vimos ya previamente
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Lo psíquico

Hoy voy a tomar un texto muy tardío de la obra freudiana, incluso escrito poco antes de la muerte de Freud, y publicado luego, en 1940, “Algunas lecciones elementales del psicoanálisis”.

Aquí Freud comienza advirtiendo que cuando un autor quiere transmitir algo de lo que viene investigando a un público lego en el tema, debe elegir algún método para hacerlo.



Uno es el método “genético”, es decir, aquel a partir del cual, empezar por lo que ese público cree saber o sabe, entonces ir introduciendo algunos hechos para los que el público no se siente preparado; de esta manera se incluye al lector en la construcción de ese saber nuevo. Esta técnica genética de transmisión de contenidos teóricos implica el mismo camino que ha realizado el investigador, que a veces suele fracasar, ya que a veces el lector prefiere resultados cerrados.

Otra técnica es la llamada “dogmática”, a partir de la cual se comienzan planteando ya las conclusiones de la investigación. Esto, claro, implica que el lector asuma como verdaderas algunas premisas, por lo que la desventaja es que el público dude de la verdad de las premisas.

Bien, Freud dice que intentar transmitir algunas hipótesis que tenemos en psicoanálisis no usando ningún método en particular, sino que algunas veces usará uno, y otras veces echará mano del otro.

Así, empieza a hablar de la naturaleza de “lo psíquico”, algo que siempre se ha equiparado con “lo consciente”. Freud dice que no es para nada así, que lo consciente solo es una “cualidad” de lo psíquico, y que lo específicamente psíquico tiene que ver con proceso inconscientes.

Lo psíquico, asevera Freud, es en sí mismo inconsciente. Y justifica tal afirmación trayendo algunos ejemplos –como suele hacer cada vez que trae una hipótesis o postulado de su teoría.

El primer ejemplo se refiere a esas ocurrencias, a esas ideas y pensamientos de los pacientes que surgen de repente en la consciencia, “sin saber cómo”. Bueno, todo el proceso que implica tal movimiento de elección, repudio y decisión -nos dice Freud- está vinculado a lo inconsciente.

Como segundo ejemplo nos trae esos actos psíquicos que conocemos ya como “actos fallidos”. Deslices verbales, supuestos errores en la oratoria o en la escritura. Es claro que cyuando alguien comete este tipo de actos, los puede rechazar, tomándolos simplemente como una equivocación, o bien pueden avergonzar al sujeto. En este último caso la persona, decimos, evidentemente se siente implicada…porque si no ¿por qué se ruboriza o avergüenza de su “equivocación”?

El tercer ejemplo comprobatoria de su hipótesis sobre lo inconsciente lo trae de la mano de la hipnosis, aunque él ya había hace mucho tiempo eliminado esta técnica por carecer de autenticidad. Pero en su momento, la teoría que a fines del siglo XIX existía, con Bernheim y su técnica de hipnosis, era que el sujeto sugestionado en estado de hipnosis, no recordaba al principio nada de lo que en ese estado sucedía.

Bien, concluye Freud, que más allá de los intentos de seguir unificando lo consciente con lo psíquico, hay algo que se verifica en la experiencia, y es que en la vida psíquica –lejos de una unificación consciente- hay una división de “la vida mental” que hace necesario plantear procesos que escapan a la conciencia, brechas, huecos en esa cadena que es ineludiblemente incompleta…
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