Existen decenas de técnicas y estrategias para ser más creativos, algunas más complejas que otras. Sin embargo, ahora un nuevo estudio realizado en la Universidad de Massachusetts nos brinda una idea muy sencilla y fácil de aplicar: nos bastaría descomponer mentalmente en piezas los objetos comunes y corrientes que nos rodean e imaginar nuevos usos para las mismas.


De hecho, cuando pensamos en un objeto, a nuestra mente acude su nombre, imagen y función. Estas ideas preconcebidas determinan nuestras expectativas. Es decir, pensemos en una vela. Inmediatamente nos veremos asaltado por su imagen más tradicional. ¿Qué esperamos de una vela? Simplemente que nos brinde luz o incluso que nos sirva como objeto decorativo. Es lo que en Psicología se conoce como “fijación funcional”. Estamos tan acostumbrados a usar la vela de una forma determinada que no nos viene a la mente otro uso que no este relacionado con la luz o la decoración. Obviamente, esto limita nuestra creatividad ya que pensamos en términos de funciones preestablecidas.

Ahora Tony McCaffrey ha desarrollado una técnica muy interesante con la cual entrena a las personas para que estas superen la fijación funcional. En primer lugar, desarma los diferentes objetos hasta llegar a las piezas básicas y le pide a las personas que nombre cada objeto por sí solo.


Aplicando esta técnica, encontremos la mecha de la vela. Y si continuamos haciendo asociaciones al más puro estilo freudiano, la mecha se convierte en una cadena y después en un collar así sucesivamente. De esta manera, no solo encontramos diferentes nombres para la mecha sino también diferentes usos que incluso se pueden aplicar a la vela misma. Se abre ante nuestros ojos un mundo de nuevas posibilidades.


Un experimento con resultados increíbles

La técnica en sí no reporta nada nuevo bajo el sol de la Psicología pero lo interesante es que McCaffrey ha comprobado experimentalmente su eficacia. Después de haber entrenado a las personas con su técnica, apreció que eran capaces de resolver el 67% más de problemas que requerían creatividad que el resto de los participantes.

Por ejemplo, uno de los problemas consistía en conectar dos anillos de metal usando solo una vela. Las personas que fueron entrenadas para descomponer los objetos en piezas y buscar nuevas funcionalidades, resolvieron inmediatamente este acertijo al percatarse que la mecha podía servir para atar los anillos.

En otro problema, se le pidió que construyesen una placa de un circuito eléctrico. En práctica, debían conectar dos puntos para que pasase la corriente pero los cables que tenían eran demasiado cortos. La solución no se hizo esperar: utilizaron el destornillador para cerrar el circuito y transmitir la electricidad.

Como podrás presuponer, esta técnica tiene un campo de aplicación inmenso: allí donde sea necesaria la creatividad; no importa si se trata de una empresa, una fábrica o en la casa.